domingo, 31 de enero de 2021

Las Candelas

 


Las Candelas de mi infancia allá por los años 50 / 60 del siglo XX. 

Conmemoración de La Presentación de la Virgen Mª al Niño Jesús en el Templo de Jerusalén.

"Este día lo que más nos ilusionaba a los niños era ir a  misa a ver las palomas. Dos palomas blancas con cintas en las patas. Durante la celebración religiosa soltaban las palomas dentro de la iglesia. Las palomas las llevaba un niño o una niña perteneciente a la familia que hacía la función, que llevaba la vara ese año. Las portaba en una cesta con tapa adornada con cintas y lazos de colores. La ofrenda de las palomas simbolizaban purificación y tradición, pues la Virgen María, en su humildad, ofreció dos tórtolas.

Recuerdo aquel momento mágico, en que el señor cura recogía la cesta de manos de los niños, quitaba la tapa, y las palomas salían volando juntas hacia las alturas. Aquel primer vuelo y el revuelo en los bancos infantiles era lo mejor de la misa, aunque a más de uno aquel alborozo nos costara algún sin-recreo.

A los niños se nos iba del pensamiento la atención a la Santa Misa, se nos iba volando con las palomas, siguiendo todos los movimientos de sus alas sin perderlas de vista, ahora en dirección a las ventanas. Una vez tenían claro que por allí no podían salir, nos deleitaban con vuelos cruzados por los altos de la iglesia, buscando sin duda algún resquicio por donde pasar revoloteando entre las columnas, las bóvedas, las cornisas y los altares, metiéndose en cualquier hueco que pillaban. Sabías que estaban dentro del recoveco porque las cintas que llevaban atadas a las patas quedaban a la vista.

Terminada la misa, las palomas y la cesta de las palomas, se quedaban en la iglesia. La cesta abierta en el suelo del Altar Mayor. Y nosotros nos quedábamos con la intriga de cómo podían coger las palomas y devolverlas a la cesta, fue algo que nunca conseguimos saber, pero que, al día siguiente, las palomas ya no estaban en la iglesia".

-fragmentos de Crónicas a la Luz del Candil

https://www.google.com/search?q=cronicas+a+la+luz+del+candil&rlz=1C1EJFA_enES797ES797&oq=cron&aqs=chrome.2.69i57j0i433j69i59j46j46i433j0j0i131i433j46.7011j1j7&sourceid=chrome&ie=UTF-8          



D�a dos de febrero (años 40 del siglo XX)

 


D�a dos de Febrero, para mi la fiesta predilecta, pues era el santoral de mi madre, Las Candelas (como el d�a 1 de marzo lo era el de mi padre, pero no era fiesta de guardar, a�n siendo el d�a del Santo �ngel). Esta fiesta tanta ilusi�n nos hac�a a todos, ni�os y mayores, al acudir a la iglesia a presenciar la misa.

Dentro de este acto lit�rgico se daba suelta a unas palomas, que las llevaban metidas en una especie de cesta y tal vez todos vi�ramos ese s�mbolo de la paz que las personas de buena fe tanto han deseado siempre; a�n aunque las palomas volaran sin el ramo de olivo en su pico. Se recuerda una desafortunada intervenci�n del sacerdote de turno, con toda la iglesia abarrotada de fieles seguidores del acto, en su serm�n se expres� diciendo: �...este d�a acude toda la morralla del pueblo a la iglesia�, pero ni el murmullo se sinti� por temor a la represalia. Se sigui� la misa escuch�ndose el carnatuser, cantado por Francisco Cuesta �el bicho� (como casi siempre) desde la tribuna y durante la procesi�n se sigui� con el canto a la patrona de la fiesta, recuerdo que entre otras cosas se dec�a as�:

Hoy d�a de las Candelas
el segundo de febrero,
ha salido el mayordomo
con la Virgen, de paseo.


A ra�z de la fiesta de Las Candelas, deb�a haber otra de gran prestigio social el d�a 5 de febrero, Santa �gueda, por ser festividad donde se hac�an exhibiciones de trajes regionales. Esto se debi� de celebrar en a�os anteriores a mi infancia y adolescencia, ya que yo no lo recuerdo y parece ser que actualmente vuelve a resurgir dicha celebraci�n.


.............................Ricardo Hernández Muñoz...........................


http://villabuena.manron.es/libro/libro.php?capitulo=27

-hablemos de fiestas-

miércoles, 27 de enero de 2021

"Toro, esa nave nodriza"

 

Disponible en formato papel y e-book

Disponible en Toro, c/ Corredera, 33. Librería "Book"
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miércoles, 13 de enero de 2021

Fiesta de San Ant�n, 17 de enero

 


Al fondo de la imagen podemos ver parte de la fuente pública,
 adosada a la pared del antiguo Ayuntamiento (ya reformado). Año 69 / 70 siglo XX).

El d�a 17 de enero era la fiesta de San Ant�n, patr�n de los animales, al ser lugar aut�nticamente agr�cola y ganadero (que como hemos indicado, hasta los asnos eran usados como medio de locomoci�n) se sent�a una gran devoci�n a esta fiesta, sacando los animales engalanados a dar unas vueltas a la iglesia donde se encontraba su patr�n. Aparte de esto, despertaban mucha curiosidad las relaciones po�ticas compuestas por hombres que ten�an sus dotes trovadoras o po�ticas, como eran Juan Feo Garc�a �el t�o Nines�, Ambrosio Santos �pata palo�, Campano �el caminero de la casilla del cuco�, Jaime G�mez... y que sol�an poner los puntos sobre las ies por los hechos acaecidos en el pueblo durante el per�odo del a�o transcurrido que en este d�a los mozos del lugar recitaban al santo patr�n. A�n se recuerda una composici�n del �t�o Nines� coreografiada por una pandilla de amigos formada por Gervasio �el az�lete�, Domiciano �el raposo�, Ed�nio �el grajo�, Atanasio Garc�a �el piyayo� (y tal vez alguno m�s que no recordamos), enlazando unos con otros en contestaciones rimadas en versos.

_fragmentos_

http://villabuena.manron.es/libro/libro.php?capitulo=27

lunes, 11 de enero de 2021

VESTIGIOS DE LA GUERRA CIVIL ESPA�OLA (VILLABUENA DEL PUENTE)




  •  Todo esto vino a desatar aquella maldita guerra civil en el a�o 1.936 que a
  •  nadie benefici�, donde despu�s del atraso progresivo, murieron hombres y
  •  mujeres inocentes como gorriones dormidos y muchos de ellos por falta de
  •  malicia. Las noticias se recog�an a trav�s de alg�n aparato de radio que 
  • exist�a en alg�n establecimiento y que se dejaba o�r a cuatro personas
  •  privilegiadas, en el Caf� Espa�ol o Casa el malague�o y en alg�n 
  • peri�dico aislado que llegaba a trav�s del correo, que seg�n versiones 
  • escritas llegaba de Toro, otras dec�an llegaba de Fuentesa�co, otras
  •  aseguraban que venia de Fuentelape�a por conducto de un peat�n. Pero lo
  •  que m�s se recuerda, es que llegaba desde Castronu�o a trav�s de del 
  • se�or Antonio (el cartero) y cuando este se�or dej� de ejercer la 
  • profesi�n, lo hizo un hijo suyo llamado Luis y ambos hac�an el transporte 
  • en un caballo peque�o rojo, haciendo servicios extras a la poblaci�n, 
  • recogiendo encargos, avisos, paquetes, etc., en casa del se�or Macario Polo;
  •  por ello su hijo Delf�n Polo era una de las personas mejor informadas a 
  • trav�s del peri�dico El Heraldo de Zamora, que llegaba todos los d�as para
  •  el ayuntamiento; �ste lleg� a ser alcalde del puebloHasta que el coche de
  •  l�nea de Francisco S�nchez (Paco, el de Palomar) se hizo cargo de el 
  • transporte de la correspondencia que recog�a en Toro, y lleg�, a trav�s de
  •  oposiciones, a ser primer cartero Isaias Moralejo.

Como la industrializaci�n brillaba por su ausencia, el analfabetismo florec�a end�micamente; tanto es as�, que se instalo un buz�n en la pared del ayuntamiento para que all� recogiera el cartero la correspondencia que deb�a transportar a los ausentes del lugar, y hab�a personas que voceando en mencionado buz�n hac�an constar para donde iba dirigido el escrito, para m�s seguridad de que no se perdiera la carta; estas en su mayor�a iban dirigidas a los trabajadores emigrantes en Asturias, Palencia o Le�n.

  

Una de las personas m�s respetables del lugar en esta �poca de guerra y posguerra, fue aquel medico que cubri� la plaza al fallecimiento de don Marcelino �el gallego�, llamado don Eloy Rubio Mateo, el cual estuvo en el pueblo hasta su fallecimiento, casado con Amalia Samaniego; este hombre era tan familiar para los vecinos, que �l mismo buscaba los hogares de los enfermos, en vez de los enfermos buscar la casa de ese m�dico legendario. Se recuerda el celo de este se�or en su profesi�n, que si ten�a que marchar fuera del pueblo, a Toro, Zamora, Salamanca...., antes de partir hac�a la visita a sus enfermos aunque fuera de noche todav�a. Se recuerda que Eugenio V�zquez, por estas fechas, se encontraba refugiado en su casa huyendo de la justicia, al haberse escapado de la c�rcel (como preso pol�tico) por el delito de no pensar igual que los amantes de la dictadura franquista, a pesar de haber tenido casi finalizada la carrera de cura. Su esposa Justa Gonz�lez, se encontraba enferma, y don Eloy ese d�a deb�a viajar a Zamora y antes de que fuera de d�a, comenz� la ronda de visita a sus enfermos; al llegar a casa de Justa empuj� la puerta de dos hojas y penetr� en la habitaci�n que ocupaba la enferma, pero se dice que con ella se encontraba su esposo (ya que el d�a, para no dejarse ver, lo pasaba en una bodega que la vivienda ten�a en el corral), �ste al sentir la puerta tuvo que tirarse debajo de la cama y en lo que el m�dico reconoci� a la enferma all� se qued�. El secreto de si lo vio el medico o no, se lo debi� de llevar don Eloy al otro mundo, pues nunca se supo si fue visto o no, ni se supo nada para que pudiera peligrar la vida de Eugenio V�zquez.


Era nuestra infancia, y aunque no recordamos nada de lo que sucedi� durante la maldita guerra civil, aquella que estall� el 18 de julio de 1.936, solamente tengo un vag� recuerdo de un hermano al que mataron en la batalla del Ebro y que figura en la lista que forman los ca�dos en dicha guerra, en el monolito realizado en honor a los ca�dos en la guerra civil espa�ola, que el pueblo les ha tributado como s�mbolo de valent�a y orgullo en tiempos pasados; hoy sin saber porqu�, ese punto que se ten�a por sagrado se ha convertido en un tema conflictivo con hasta pintadas en honor al desprestigio. Pero lo mucho que he le�do de ello, lo que me han transmitido de boca a boca y los testimonios que he visto, me presentan la fat�dica noche del 29 de octubre de 1.936 como una fecha desoladora y angustiosa para este humilde lugar de Villabuena del Puente. Donde se sol�a vivir pacifica y honradamente, se desat� el enredo de los conflictos interpersonales, odios, envidias, rencores, obsesiones y miedo. Y donde esa tr�gica noche fueron asesinadas diez personas inocentes; solamente por cometer el delito de seguir las normas democr�ticas, que nuestro pueblo y todo el pueblo espa�ol hab�a elegido en libre votaci�n.


Creemos inadmisible que a este amargo suceso (hoy todav�a) se le quiera atribuir el que �tiene el color a trav�s del cristal con que se mire�. Nosotros entendemos, ahora y siempre, que se mire como se mire, segar diez vidas, dejando viudas, familias rotas (hasta con hijos p�stumos), siempre ser� un asesinato; y como cig�e�a voladora de la historia e igualmente calificamos otra vida segada en el pueblo o del pueblo por las mismas causas de revancha y seguiremos pensando que el mismo valor debe tener para todo el ser humano la vida. Puesto que los seres humanos nacemos libres e iguales en dignidad y derechos.


Estamos convencidos que la historia hay que escribirla tal y como ha sucedido, despu�s el lector es quien debe juzgar los hechos, porque aunque se pongan cristales, cuando es de noche es para todos igual, con cristales y sin cristales, sean de un color o de otro. Es m�s, atra�dos por los valores hist�ricos, sabemos que despu�s de esta maldita guerra, finalizada el d�a 1 de abril de 1.939, se sigui� una revancha atroz, que en personas civilizadas, con cristales o sin cristales, nunca debiera haber existido. Y nosotros como cristianos de buena fe nunca nos hemos cre�do lo que se intent� hacer creer, de que se hac�a en nombre de Cristo. Para nosotros no pasar�n al olvido estos hechos acaecidos en nuestro pueblo, aunque perdimos un hermano en los campos de batalla lo damos como m�s honroso al olvido, pues consideramos que no dej� de ser en un campo de batalla, justa o injusta, pero batalla.


Seg�n alguna rese�a escrita, nos hemos enterado de que en la guerra con los franceses desaparecieron cierto numero de personas del lugar de Villabuena, atribuyendo su desaparici�n a que fueron asesinados por los guerrilleros de Napole�n y a�os m�s tarde aparecieron los cad�veres enterrados en una finca cercana al pueblo, denomin�ndose dicha finca (desde entonces) la tierra de los muertos. Esto es una hip�tesis y desconocemos si fue o no verdad, pero lo hacemos constar, siendo esto cierto, no deja de ser un asesinato. Aunque el asesinato fue realizado por unos extranjeros b�rbaros en lucha por el poder y la riqueza de conseguir territorios de otra naci�n; pero no fueron asesinados por su propio pueblo, como le sucedi� a Jes�s de Nazar� y a los muertos en Villabuena del Puente, el d�a 29 de octubre de 1.936.


La situaci�n dejada por la guerra civil, hizo nublar la vista por el odio; pues Villabuena, por estas fechas, fue un pueblo pac�fico, agrario, dedicado fundamentalmente a una agricultura de escasos rendimientos, que le estrangulaba la falta, casi absoluta, de comunicaciones. Pues no se recuerdan casos llevados a magistratura del trabajo y el personal obrero, con su sueldo, se conformaba con el subsidio familiar que se percib�a en raz�n al numero de hijos que compon�an una familia numerosa. A�n reconociendo que se viv�an a�os de silencio, esta guerra volvi� a generar m�s brotes de emigraci�n, reforzado a�n m�s, por la decisi�n de los jueces zamoranos, que en el a�o 1.936 despu�s de interminables pleitos, se concede al marquesado de los Portocarrero las tercias de Toro y Zamora, siendo repartido con los Silva, lo cual repercuti� en decremento del peque�o labrador arrendatario. No sabemos si esto afect� a nuestro pueblo mucho o poco, pero lo que s� sabemos es que muchas familias emigraron a zonas cercanas, ya citadas, de minas, o Corrales del Vino, donde exist�a una f�brica de objetos y medios de construcci�n donde se fueron a instalar familias enteras para buscar su supervivencia, entre ellas se recuerdan las de Anselmo, Javaresto, los hijos de la t�a Obdulia, Demetrio y Mat�as, los hijos de Ambrosio Gonz�lez, Teodosio y Vicente...

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domingo, 10 de enero de 2021

De Mondongo

 



... uno o dos días antes de la matanza se pasa por casa de los familiares para avisar que vayan al "mondongo", o se manda recado por los niños "que mañana matamos..."
... todavía era de noche aquella mañana y ya estaba la casa iluminada. todas las bombillas luciendo. la lumbrada caldea, con creces, la cocina y parte de la casa. una lumbre grande, que casi no se aguanta el calor, a pesar de que esta noche ha helado bien fuerte.




el desayuno a base de pastas, galletas de coco, chocolate, bollitos de hojaldre, anís y coñac, ya está esperando en la mesa. los niños también hemos madrugado sin ningún esfuerzo. nos hemos vestido rápido, sin que hoy nos haya tentado la pereza. llevábamos no sé cuánto tiempo despiertos, oyendo a mi madre cacharrear por la cocina, y a mi padre, que entra y sale del corral, trajinando con cuévanos de paja, cepos y montones de leña:
-que no os levantéis todavía que es muy temprano, esperar por lo menos a que esté la casa caliente -nos dicen. pero hoy no sentimos el frío. hoy vienen los abuelos y los tíos con todos los primos ...
¡¡¡ estamos de mondongo !!! 😊

viernes, 8 de enero de 2021

Antes de la tele, de Internet, de los móviles ...

  la vuelta a los pupitres, a las fiestas locales, a la Navidad, a las tareas agrícolas, a las calles de barro, a la llegada de la tele, a la crudeza de los inviernos castellanos...

https://www.amazon.es/Cr%C3%B3nicas-luz-Candil-Isabel-Hern%C3%A1ndez/dp/849949675X

https://wwzon.es/Cr%C3%B3nicas-luz-Candil-Isabel-Hern%C3%A1ndez/dp/8

... el contraste entre el ayer y el hoy. A los jóvenes y niños que preguntan cómo era todo, que sepan que había vida, una vida laboriosa, bonita y entrañable antes de la tele, de Internet, de los móviles ...


... por imposible que pueda parecernos, nosotros, tuvimos algún día veinte años, y seis, y once ...

... sentados al fresco, a la solana, al hastial, a la luz del candil o al humor de la lumbre; se cuentan, se dicen y desdicen historias y leyendas, cuentos y vivencias, casos y cosas ...


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.. la vuelta a los pupitres, a las fiestas locales, a la Navidad, a las tareas agrícolas, a las calles de barro, a la llegada de la tele, a la crudeza de los inviernos castellanos...

... el contraste entre el ayer y el hoy. A los jóvenes y niños que preguntan cómo era todo, que sepan que había vida, una vida laboriosa, bonita y entrañable antes de la tele, de Internet, de los móviles ...




... por imposible que pueda parecernos, nosotros, tuvimos algún día veinte años, y seis, y once ...

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09DIC18 – MADRID.- El pequeño relato viene de lejos con su gran encanto en los pliegues de la sugerencia. Cuentos del Sobrau es el libro de Isabel Hernández Gil, que ha publicado la editorial Liber Factory, con diversas imágenes, una veintena de fotos en color y blanco y negro.
“Cuentos del Sobrau”, libro de Isabel Hernández Gil, publicado por Liber Factory

Relatos que evocan la imaginación y fantasía que sugiere una estancia en lo alto de una casa que se llama “el alto” en la Rioja, el sobrado, la buhardilla, el trastero alto y que guarda cosas que nunca se tiraron , porque se estimaron de algún valor, pero se arrumbaron, muchas veces en una estancia de olvidos, descubrimientos y recuerdos para pequeños y mayores.

Autodidacta, atenta a las letras de la lectura y la escritura, Isabel Hernández Gil (Villabuena del Puente, Zamora, 1954), ha agrupado sus recuerdos, vivencias, emociones y sensaciones en las historia cortas que acoge el libro como ramillete de narraciones, que invitan, tanto a disfrutar su lectura como a evocar y crear las propias en una analogía paralela.

Cuentos, relatos… la vieja dicotomía entre unos y otros, que no es más que una equivalencia semántica a gusto del consumidor. Casi medio centenar de narraciones breves que la autor ha querido escribir para sujetar la memoria, como una Sherezade de bolsillo. “A esas pequeñas cosas que colorean la vida”, dice su dedicatoria inicial.

Una vuelta a la infancia, esa patria inicial, firme y segura contra o frente al presente y el futuro. Cuentos para “cuando el calor, el viento, el frío y la lluvia nos meten en casa. Tiempo de cuentos para los que todavía no hemos perdido ese lado infantil de cuando éramos niños y que a todos nos gusta recordar ahora, ahora que realmente ya no volveremos a serlo”, escribe la autora en la introducción al libro.

Cuentos con sabor al pasado, a otro tiempo que cimentó el presente, a recuerdos rurales que quedaron flotando en el aire, cuando la escritora viajó a Madrid, para continuar su vida en un también ciudadano, lejos de la existencia rural, pero con la llamada telúrica al origen. Cuentos con vocabulario rústico, obsoleto o antiguo, que invitan a saborear esas palabras que enriquecen la lengua castellana. Escenas de madres y abuelas con sus labores culinarias o textiles…

Vale la pena leer Cuentos del Sobrau.


https://www.amazon.es/Cuentos-del-Sobrau-Villabuena-Memoria/dp/8417117326




martes, 5 de enero de 2021

A 6 de enero, años 40 del s., XX

 


La fiesta de los reyes magos el da 6 de enero, noche por lo general de fro, nervios,

 anhelos,  llantos y desengaos. Donde las discriminaciones entre los seres humanos, llamados

 ricos y pobres, eran patentes. Los nios so��bamos con el amanecer para encontrar en

 nuestras  alpargatas algn regalo de los reyes magos, Melchor, Gaspar y Baltasar; los excluidos

 de la llamada riqueza, podamos tener en nuestro calzado una naranja o manzana, y gritos de

 felicidad dbamos cuando encontrbamos la cajita con una anguilita de mazapn dulce con

 sus ojos de bolitas de cristal, o un aro de chapa o hierro con su gua para jugar.

 

Lo peor era cuando se buscaban excusas para fingir la economa, te ponan una peseta de

 papel y despus te la cogan, porque le haca falta a los padres y para hacerte ver que te 

habas portado mal durante el ao, te ponan cagajones baados con un poco de harina o bien carbn vegetal.

 

Para los padres tambin deba ser una noche de intranquilidad y dura al tener que adoptar 

estas decisiones, por no poderle dar a sus hijos esa satisfaccin de inocencia -en la mayora de

 los casos- procurando que sus hijos (los nios) nos durmi�ramos para no despertarnos con el

 ruido al abrir la puerta de la habitaci�n donde dorm�amos (si es que hab�a puerta) si algo

 pod�an dejar, y si la econom�a no daba para ello, nos ca�a esa m�s alta discriminaci�n con

 la amarga expresi�n por parte de los cabeza de familia -que le partir�a el coraz�n al decirlo- 

de que hab�amos sido malos y por ello los reyes no nos hab�an echado nada asequible, 

comprobando al d�a siguiente que todos los ni�os ricos hab�an sido buenos.

............................

de Ricardo Hernández Muñoz (mi tío paterno)

http://villabuena.manron.es/libro/libro.php?capitulo=27   


domingo, 3 de enero de 2021

Siguiendo el Valle del Guareña. "Orígenes de un pueblo" de Ricardo Hernández Muñoz

VISITA ENCAMINADA A REALIZAR UN INFORME VISUAL SOBRE EL VALLE DEL GUARE�A




He llegado a este punto comprometido con la identidad de esta tierra y de este valle por donde deben haber pasado importantes civilizaciones y que buen testimonio de ello son las huellas que hemos venido siguiendo sobre la inhumaci�n descubierta de esa tribu, con sus hombres que buscaban la pradera perdida entre las colinas de aquel mundo oscuro y silencioso siguiendo un r�o en la direcci�n de la corriente con sus orillas cubiertas de arbustos.

Hasta aqu� nuestra meta del estudio superficial y ligero donde se dirig�an mis deseos de ver el desarrollo del mundo a la fecha marcada de los posibles primeros pobladores de nuestro pueblo. Aqu� empezamos a tomar contacto con personas del pueblo, a interrogarles para que nos pudiesen aportar sus diversas memorias, aunque s�lo fuera de o�do o del boca a boca de las generaciones anteriores. Para ello consegu� entrevistarme, tal vez con el mejor informador que exist�a en el pueblo. Primero por ser la persona de m�s edad y segundo, por ser una persona sincera, ecu�nime y honesta. Me refiero a don Mariano Hern�ndez Benito, y que a pesar de poseer mi mismo apellido, parece ser que nada nos vincula gen�ticamente, pero que viendo como se han desarrollado las cruzadas hereditarias, no deber�amos sorprendernos si descubrimos que nuestros or�genes son los mismos. Pero ya sabemos que Hernando - origen del apellido Hern�ndez - desciende de la villa de Espronceda partido Estella, Navarra.

Este hombre de 99 a�os de edad, me aport� datos valios�simos siempre avalados por su pensamiento sencillo, inteligente y sincero. En sus testimonios excluy� toda la clase de concepci�n pol�tica y creencias fantasiosas, bas�ndose siempre en datos personales de su siglo de antig�edad, con una lucidez y memoria incre�bles. Sus estudios e informaciones orales, recogidas de esas generaciones pasadas, parec�a revelarlas en clave de homenaje y agradecimiento, por haberlas recibido de sus antecesores, conociendo lo que fue su vida y su labor.

Para centrarme m�s en el estudio del pueblo y el valle, le ped� colaboraci�n a mi hermano Flori�n, que con su honestidad y sus dign�simas dotes en el valor del trabajo y sin g�nero a duda, por su demostraci�n de aprecio, estima y amor a mi persona. Me acompa�� a las visitas que he realizado a diferentes centros de estudio hist�ricos, para recoger datos del tema. Mi hermano siempre con su demostraci�n de aprecio a su profesi�n, la agricultura (cultivar la tierra) entreg�ndose a ello todos los d�as -desde bien ni�o- sin desmayo, enganchado en todo lo que concierne a esta actividad, incluido la mancera del arado y la siega de las mieses, a�o tras a�o, con el fuego del verano y el intenso fr�o del invierno. Su fe como un buen profesional, estaba en su satisfacci�n del deber cumplido en defensa de su familia, sus hijos y su hogar, materializando la labor con honra.

La colaboraci�n de mi hermano estaba basada en que me acompa�ara a recorrer el valle del r�o Guare�a, donde est� asentado nuestro pueblo. Desde su nacimiento hasta donde muere, desembocando en el r�o Duero; visitando todos los pueblos, aldeas, caser�as, alquer�as y dehesas de ganado bravo de lidia y casta, que a mi hermano y a m� nos encanta, siendo ambos aficionados a la fiesta nacional. Flori�n es seguidor de Paco Camino y yo de Santiago Mart�n �el viti�, en aquella �poca gloriosa del toreo. 

En fechas muy recientes, pude comprobar con este hermano, que hay un tiempo para cada cosa. Hicimos una visita a la dehesa de palomar compartiendo el espacio de una tarde, de un d�a cualquiera de nuestra existencia en el mundo. Mi hermano con su vista en el entorno, me describ�a su infancia en aquel caser�o. Por ello yo considero en todo este proceso de dos hermanos �qui�n ayud� a qui�n?. Porque la edad favorece el abandono de las luchas y esfuerzos, por una imagen, un sueldo, un prestigio... y es una buena oportunidad para la entrega de lo que la persona es y ha construido a lo largo de su vida con esa soltura del desahogo.

El recorrido por el Guare�a comenz� saliendo desde nuestro pueblo, una ma�ana del mes de julio, con direcci�n al sur para comenzar viendo donde nac�a el r�o. La primera parada la hicimos en el vecino pueblo de B�veda de Toro, a especie de consulta r�pida y continuamos viaje para conseguir que nuestro deseo se hiciera realidad. Con nostalgia de la infancia, al pasar y recordar pueblos como Zorita, Palacios Rubios y Villaflores, poblaciones muy similares en habitantes con t�rminos de caser�os y terrenos llanos, del partido judicial de Pe�aranda de Bracamonte, y el �ltimo de ellos m�s cerca de Cantalapiedra con el terreno m�s arenisco, como en semihondonada, pero que su producci�n era semejante a la de los otros en la agricultura-, mi hermano me recordaba la sed, la fatiga, el sol y el aire que abrasaba en los veranos en que �l fue a estos lugares a ganar el pan (aqu� s� que hay que decir que con el sudor de su frente), a la corta edad de nueve a�os -un ni�o-, haciendo de rapaz en las cuadrillas de segadores, en estos pueblos citados e incluso se acordaba de quienes hab�an sido sus compa�eros de trabajo.

Aunque llev�bamos mapas y planos del itinerario a seguir, no acab�bamos de centrarnos en el punto exacto del nacimiento del r�o, paramos a preguntar a un pe�n caminero en la entrada del pueblo de Ca�izal. Este se�or nos dice que deb�amos seguir la carretera nacional 620 con direcci�n a Salamanca y que pregunt�ramos en el pueblo de La Orbada, por Villaverde de la Guare�a ya que este era el lugar exacto donde nac�a el r�o. Continuamos la direcci�n indicada, pero antes de llegar a La Orbada, nos desviamos a la izquierda por una carretera secundaria que indicaba a Espino de La Orbada, ya que seg�n nuestro mapa, nos daba la impresi�n de que pasaba por este pueblo el r�o Guare�a, y que desde aqu� pod�amos seguir por la ribera del r�o hasta llegar a su nacimiento en Villaverde.

En Espino preguntamos a unos se�ores que se encontraban en un front�n de pelota, y nos dijeron que el Guare�a no pasaba por ese pueblo, que por all� el r�o que pasaba era el Serra, que es un afluente del Guare�a y nos indicaron que muy cerca de all� se juntaban los dos r�os. Seguimos sus indicaciones yendo por un camino a�n peor que si fuera para cabras, y a unos dos kil�metros de distancia por entre carrizales, juncos y rastrojares, llegamos hasta donde se un�an ambos r�os, entre una arboleda y un puente, con escas�simo caudal de agua, que ni siquiera corr�a entre las espada�as.

Despu�s de ver esto, dimos la vuelta como pudimos con el coche y cuando llegamos de nuevo a Espino vimos un puente sobre el r�o Serra, a la misma entrada del pueblo, construido de piedra y bastante antiguo pero con una buena conservaci�n. Los mismos se�ores, que jugaban a la raqueta en el front�n, nos dicen que tal vez, continuando hasta el pueblo de Pedroso de la Almu�a, sin falta de retroceder a la carretera general, se pudiera llegar hasta Villaverde. Nosotros con la ilusi�n de seguir el cauce del r�o nos dirigimos a Pedroso, al tiempo que �bamos disfrutando del paisaje, seco en esta �poca del a�o, aunque con alguna huella de verdor y aspecto de un remoto pasado de zonas que pudieron ser pantanosas.

Antes de entrar en Pedroso preguntamos a un se�or mayor, curtido del t�rrido sol de Castilla y con los efectos del campo, ya que tales personas no suelen enga�ar a nadie. Dicho se�or nos dijo que desde Pedroso no pod�amos llegar hasta Villaverde, al menos por carretera. Algo m�s charlamos con el abuelo, nos despedimos d�ndole las gracias, y ya decidimos seguir hasta el pueblo debido a lo cerca que nos encontr�bamos. Paramos en la plaza del ayuntamiento y preguntamos a unas personas que sal�an de ese lugar, indic�ndonos que no pod�amos llagar a Villaverde y que deb�amos salir de nuevo a la carretera nacional 620, en direcci�n a Salamanca. �Pasen el pueblo de La Orbada -nos dijeron- y a escasa distancia sale una carretera que indica Villaverde de la Guare�a, la cual les llevar� hasta el mismo pueblo�.

Antes de abandonar Pedroso de La Almu�a nos informamos, sobre sus habitantes y otros temas que nos interesaban. Nos dijeron que hab�a muy poca juventud y que ten�a unos 300 habitantes, y que lo m�s significativo del pueblo era la estaci�n de ferrocarril y la iglesia con su torre. Ojeamos el arroyo de Valmor�n, que tambi�n es afluente del Guare�a.

Retrocedimos a la carretera general para hacer lo que ya nos hab�an indicado en Ca�izal. Paramos en La Orbada para preguntarle a un se�or bastante mayor que sal�a de un establecimiento de hosteler�a, y como el mundo siempre ofrece sorpresas cuando lo caminas, nos sorprendimos cuando dicho se�or nos dice que no conoce tal r�o, que estamos equivocados y que Villaverde nada tiene que ver con el r�o Guare�a. Quedamos algo desmoralizados, pero dimos m�s credibilidad a las otras dos informaciones que a la de este se�or, que adem�s no era hombre de campo. En La Orbada, pueblo tal vez m�s peque�o que Pedroso, pero con m�s aspecto tur�stico y se�orial por estar en la carretera general, echamos un vistazo y lo �nico rese�able fue su iglesia parroquial.

Seguimos con direcci�n a Salamanca a unos 5 kil�metros, nos encontramos un cruce donde se indicaba: 10 kil�metros a Villaverde de la Guare�a y 5 kil�metros a Pajares de la Guare�a, entre otros pueblos. Despu�s comprobar�amos que este top�nimo del Guare�a es tan frecuente en la zona como el viento que se respira, ya que figuran con �l, entre otros: Tarazona del Guare�a, San Pelayo del Guare�a, Vallesa de la Guare�a, Olmo de la Guare�a, Vadillo de la Guare�a, Castrillo de la Guare�a, etc..., por lo tanto, el se�or de La Orbada era el equivocado o el equivocador (ya hemos dicho que no era hombre de campo).

Antes de llegar a Villaverde dejamos a la derecha una finca o granja que unos nos dijeron que pertenec�a a Ca�adilla de Abajo, para otros se llamaba Aldea Yust. En alg�n tiempo debi� de ser aldea o villa, pero el aspecto que hoy ofrec�a era de ser un caser�o ruinoso o abandonado.

Entramos en Villaverde sin rumbo fijo, pero alguien en nuestro pueblo nos hab�a comentado que el r�o Guare�a nac�a en los ca�os de agua de una fuente que hab�a en la plaza de un pueblo de la provincia de Salamanca, al lado de Pe�eranda de Bracamente. Con esta orientaci�n nos dirigimos a la plaza del pueblo, que casi siempre est� marcada por la torre de la iglesia. Tres hombres charlaban en la esquina de una de las calles que daba acceso a esta plaza, ancha y soleada. Casi al lado de ellos paramos el coche y comprobamos que hab�amos llamado su atenci�n. No obstante, nos dirigimos a ellos saludando y pregunt�ndoles si nos pod�an indicar donde se encontraban los ca�os de agua de los cuales nac�a el r�o Guare�a. Pero antes de aclararnos nada, uno de ellos se fij� en la matr�cula del coche y nos pregunt� que si �ramos de Gij�n. Le contestamos que s�, que yo resid�a en Gij�n desde hac�a ya muchos a�os, pero que ambos �ramos nativos de Villabuena del Puente (Zamora), y enseguida sali� a relucir el escudo her�ldico y emblem�tico de este lugar en el cu�l hemos nacido.

 Nos comentaron los buenos trabajadores que hab�a en nuestro pueblo y que muchos de ellos hab�an prestado sus servicios para dos de los tres se�ores con los que est�bamos hablando, los cuales continuaron hablando del tema con mi hermano (se deduce que estos se�ores desconoc�an el �San Benito� que en sus tiempos se nos hab�a atribu�do desde la ciudad de Toro), mientras tanto, el tercer hombre se interesaba en charlar conmigo, pregunt�ndome si viv�a en Pumar�n, que es un barrio de Gij�n, y me qued� un tanto sorprendido, ya que en este tiempo yo ya no viv�a en Pumar�n, pero si hab�a vivido all� cerca de 20 a�os, lo que me hizo pensar que este se�or me pudiera conocer. Pero no fue as�, lo que pasaba, era que este hombre ten�a dos hijos residentes en Pumar�n, los cuales deb�an de trabajar en la empresa Ensidesa de Gij�n (Asturias).

Despu�s de escuchar todos estos comentarios con la m�xima atenci�n, o a lo menos dando a entenderlo, puesto que a nosotros lo que nos interesaba era saber la procedencia del Guare�a, insistimos en saber donde estaban los ca�os de agua. Nos dijeron los tres al mismo tiempo, que no era cierto lo de los ca�os de la plaza y que la Guare�a nac�a a unos dos kil�metros de la poblaci�n donde nos encontr�bamos. Los dos se�ores que hablaban con mi hermano, no parec�an muy dispuestos a desplazarse con nosotros hasta el lugar del nacimiento del r�o, incitando al otro a que lo hiciera �l, que conoc�a mejor el terreno. Ante esta actitud, se interes� en acompa�arnos el hombre que hab�a charlado conmigo, haci�ndome constar, que �l no era nativo del lugar, �yo nac� en la Alberca (nos dijo) al otro extremo de la provincia de Salamanca, rayando con Extremadura, cerqu�sima de las famosas Urdes, aunque hace ya muchos a�os que resido aqu� y conozco bien la historia del pueblo�.

Esto me hizo recordar que en una ocasi�n los gobiernos argentino y espa�ol, organizaron uno de los primeros viajes de emigrantes espa�oles que desde su juventud hab�an marchado a Am�rica y no tuvieron la suerte de poder volver a sus tierras natales -en este caso Asturias- viviendo bajo otro cielo. Un t�o carnal de un cu�ado m�o regres� en ese viaje, cuando hab�a marchado deb�a de ser muy joven, por lo que no conoc�a nada de Asturias, excepto el recuerdo de una m�sera y remota aldea situada en las faldas del monte Aramo, que en aquellos tiempos (seg�n �l) para llegar hasta all� ten�a que ser en verano y haciendo uso de alg�n animal que transportara a las personas mayores y las mercanc�as, pues en invierno y el resto del a�o, las caleyas, prados y montes rocosos no lo permit�an debido al agua, el hielo y la nieve. Su sobrino -mi cu�ado- era nativo de Asturias, concretamente del concejo de Quir�s, del mismo pueblo que el emigrante, y se llamaba Tene. Mi cu�ado recurri� a m�, para que le ense�ara Asturias a su t�o, a pesar de yo ser de Zamora y �l asturiano. La similitud de la situaci�n, me hizo recordar este hecho.

El se�or de la Alberca nos acompa�� en el coche hasta donde pudimos llegar, por un camino de servidumbre de labranza, que se encontraba en p�simas condiciones, lleno de agua, baches del riego de motores y roderas de tractores. Tanto es as�, que llegamos a un punto donde ya no pudimos pasar. El de la Alberca nos dijo: �Bueno, desde aqu� ya llegamos caminando�, y continuamos el camino por entre rastrojeras de cebadas, huertas y trigales, hasta que llegamos a la v�a f�rrea de Salamanca-Medina del Campo, que era donde dec�a el se�or que estaba el manantial. Pero el de la Alberca dud�, �yo s� que est� por aqu�, debajo de un puente de la v�a, pero hace tanto tiempo que no vengo por este lugar, que ahora lo dudo�, nos dec�a. No era de extra�ar entre tanta maleza de matorrales de hierba y cardos, nos hizo caminar por la v�a adelante, con direcci�n a Medina y finalmente encontramos el puente. Entonces �l nos dijo �aqu� est�, pero nosotros mir�bamos y no ve�amos agua. S� not�bamos hierbas verdosas, berros y juncos al lado mismo de la v�a, pero no precisamente debajo mismo del puente. Ve�amos el puente seco, con un cauce que parec�a al de un arroyo, pero sin gota de agua, que daba la impresi�n de venir desde un pueblecito cercano como a unos 700 metros de ese lugar, llamado Cabeza Bellosa.

Desde el mismo and�n de la v�a hasta el asiento del puente hab�a unos tres metros de desnivel, cuya bajada estaba escalonada con vigas de hierro del ra�l del tren, clavadas y reforzadas con hormig�n y piedras, pudi�ndonos imaginar que cuando hicieron la v�a ya tomaron estas precauciones para no tapar el manantial de la fuente vieja, donde nac�a el r�o. Y ya citamos que esta zona estaba llena de matorrales con hierbas algo verdes abajo y secas en el resto del entorno. Yo pens� que en tales fechas en estos lugares sol�a verse la presencia de alg�n reptil, seres a los que yo repugno. Pero mi hermano, hombre de campo, no temi� nada. Mir� el muro y se lanz� por su descenso a buscar entre la maleza el agua de nuestro r�o. Meti� sus brazos entre los juncos, berros y alguna espada�a, llen�ndose las manos con el liquido cristalino y grit�ndome: ��Mira, aqu� est� el agua del Guare�a que pasa por nuestro pueblo!� Me ped�a una vasija para llenarla y ense�arla en el pueblo, para que vieran el agua del manantial de donde nac�a la Guare�a. Mi hermano miraba la fuente como sagrada urna, cog�a una y otra vez el agua suave en sus manos y derramaba a especie de riego el florido y poco verdor de al lado. No pude saber su oculto pensamiento, pero me hizo recordar aquellas tribus primitivas que con toda su nobleza adoraban la naturaleza, manantiales, valles, cuevas, monta�as, etc. Con todo su entusiasmo me hizo bajar a tocar el agua, del que dec�amos nuestro r�o.

Despu�s de este acto emocionante del sentido natural, le suger� al se�or de la Alberca, que esta fuente llamada �la vieja� (seg�n el diccionario de Madoz), estaba en una fondosa y hermosa alameda propiedad del duque de Fr�as, descendiente de un pueblo llamado Arroyuelo de la provincia de Burgos, y que hoy estaba desierto. El se�or de la Alberca contest� que pod�a ser cierto, pero que debi� de ser hac�a muchos a�os, porque �l siempre la hab�a conocido como finca de la ca�adilla, y su propietario era don Diego Veloz -que por cierto, ten�a una gran popularidad al ser persona que carec�a de sentimientos humanos-, y que har�a unos 20 � 25 a�os la vendi� en una subasta a trav�s de un corredor de fincas en Salamanca y los due�os que la tienen hoy, compraron finca, manantial y parte de la alameda que queda, que era una que estaba al lado de un caser�o, en solamente 11.000.000 millones de pesetas -un regalo-.

Como el albercano, nos pareci� una persona inteligente, le seguimos comentando que seg�n Pascual Madoz en su diccionario estad�stico, geogr�fico e hist�rico, dice que el valle del Guare�a, dentro de la provincia de Salamanca, coge muchos pueblos y aldeas, al tiempo que le cit� algunos de los que nosotros ten�amos en nuestros apuntes, como Aldeaseca -con su arroyo llamado Mazores-, Aldea Yust, Zorita, Palacios Rubios, Villaflores, La Carolina, Villoria, Hornillos, Cantaelpino, Riolobos, Poveda, Revilla, Cotorrillo, Morquera, Pedroso, Villafuente y La Torre. El se�or nos contest� que s�, que pod�a ser que unos 150 � 200 a�os atr�s quiz� hubiese existido todo ello como alquer�as, aldeas o pueblos, pero que hoy los dos �ltimos lugares que hab�amos citado, eran montes sin caser�a alguna y que de los otros casi ni exist�an huellas, como es el caso de la Carolina, que s�lo existe como estaci�n de ferrocarril, y casi abandonada. Lo que s� pod�a ser cierto, dijo, es que pertenecieran al valle, puesto que en aquellos tiempos los arroyos que pasaban por los puntos que hab�amos se�alado, deb�an tener bastante agua e iban a parar al Guare�a, aunque hoy, aquello que debi� ser pantano o zona pantanosa, �ya ven ustedes como est�, y me figuro que en su pueblo pasar� igual� (coment�). El cambio clim�tico, los pozos y el avance tecnol�gico en el regad�o, ha contribuido a la desecaci�n de estas zonas.

Echamos un vistazo a aquellos campos de soledad mustios y callados, que en otros tiempos debieron ser f�rtiles y hasta alegres zonas pantanosas -como todo el valle- donde las ranas cantaban al ritmo de las aves acu�ticas y en el verdor de la ribera, los grillos les acompa�aran. Pero el inexorable paso del tiempo, con sus movimientos citados, hace que todo cambie, hoy el canto que se o�a en este hermoso valle y m�s que valle, vaguada, entre el bochornoso calor, porque apenas se mov�a el viento, era el sonido de los motores de riego para la remolacha, el ma�z etc., creando ese verdor artificial y desecando la verde ribera natural, solo marcada por el arbolado de alamedas de chopos y �lamos, con sus negrillos secos, en todo el recorrido de la ribera del Guare�a.

De retorno a Villaverde paramos en la ancha plaza, desierta a esas horas del medio d�a cuando los rayos del sol ca�an perpendiculares, provocando el t�rrido calor de Castilla en estas �pocas del a�o. Para despedir a nuestro acompa�ante sincero y noble castellano de La Alberca, le estrechamos nuestra mano con efusi�n y nuestro m�s profundo agradecimiento por la ayuda prestada; pues no dudamos que de no ser por su colaboraci�n, hubi�semos salido de este lugar con un mar de dudas, e incluso -como �l apunt�-, sin conocer donde nac�a nuestro r�o Guare�a.

Sin desmayo por la hora que era, salimos del pueblo dirigi�ndonos de nuevo hasta Ca�izal y continuar conociendo el valle del Guare�a, desde Vallesa para abajo, intentando seguir corriente abajo, tan cerca de la orilla como nos fuera posible por carretera, ya que era la �nica opci�n que ten�amos.

En el mismo lugar en que hab�amos dejado horas antes al pe�n caminero (tal vez eligiera esta zona de trabajo para protegerse del calor ardiente que amortiguaba el arbolado que hab�a en las inmediaciones del arroyo �los perales� -afluente del Guare�a-), se encontraba este mismo se�or limpiando el paso de un puente de la carretera comarcal 605. Paramos para demostrarle nuestro reconocimiento a la informaci�n que nos hab�a dado, al tiempo que aprovechamos de su generosidad para que nos informara de algo referente a esa poblaci�n, que tambi�n pertenece al valle del Guare�a. Situada en la falda de un cerro de poca elevaci�n, con dos arroyos cuyo curso no es constante, pero que contribuyen a la fertilidad de las principales actividades agr�colas. �Esta poblaci�n -nos dice- tiene poca historia, que yo sepa, tendr� en la actualidad unos 630 a 640 habitantes, posee una iglesia y una Ermita. Ca�izal a primeros del siglo XIX fue mucho m�s que lo que es hoy, cuando la cruzada de los franceses, ten�a cerca de los 2.000 habitantes y en esta guerra napole�nica aqu� tuvieron su asentamiento como cuartel general sus tropas.

 Posiblemente por estar muy cerca de la estaci�n de la Carolina, m�s adelante sigui� con un censo bastante elevado -con relaci�n a hoy- pero justamente es posible que, tal vez, fuera la �poca m�s resplandeciente de esta poblaci�n cuando la revoluci�n francesa. Sin duda en la localidad debieron residir personalidades de alta nobleza, ya que existen casonas blasonadas y mucha parte de los campos fueron legados a herederos de la misma poblaci�n�.

Poco m�s hablamos para la despedida de �ste pe�n caminero, pero su comportamiento fue de todo un caballero, puesto que entendemos que nos inform� de cuanto sab�a o recordaba en aquellos momentos.

Ya est�bamos en la provincia de Zamora, seguimos nuestro itinerario dirigi�ndonos a Vallesa de la Guare�a, primera poblaci�n que hoy en la actualidad es ba�ada por las aguas de este r�o, en esta provincia, y que yo vagamente recordaba por haber trabajado de rapaz en la siega de la cosecha de un se�or llamado Cesar Losa. Hac�a exactamente 49 a�os. Esta poblaci�n se cita en el censo del 1.920 con 756 habitantes, a dos kil�metros de la Carolina, en la v�a f�rrea de Medina del Campo a Salamanca. Su poblaci�n estaba situada en una falda del Guare�a y su cabecera del ayuntamiento estaba en la villa de Olmo de la Guare�a �en la actualidad esto est� a la inversa-.

 Paramos en el puente de la carretera comarcal que cruza el pueblo y el r�o para comprobar si entre la maleza de espada�as, carrizos y juncos se ve�a correr agua. Aqu� ya vimos que algo de este liquido corr�a mansamente por el cauce abajo entre la alameda de arbolado de chopos. Desde all�, observamos que a la entrada del pueblo estaba un se�or sentado a la sombra de una vivienda y hasta �l nos dirigimos.

Paramos el coche y saludamos a este hombre y para entablar conversaci�n con el, le preguntamos por una era empedrada de canto donde se trillaban las mieses de trigo, cebada, avena, centeno, garbanzos, avesas, etc. que se situaba totalmente de frente a donde nos encontr�bamos. Yo recordaba que esas mieses hab�an servido de cama y cobijo varias noches, a mi descanso y al de mis compa�eros, entre los que se encontraba ese hist�rico Emiliano Feo Seco. Yo me dirig� a �l y le pregunt�: ��Esta era no pertenec�a a Cesar Losa?�. Y �l me contest�: �pertenec�a y pertenece, lo que pasa que este se�or hoy vive en la ciudad de Toro, con una hija. �Qu� es que conocen ustedes a don Cesar Losa?�.

 Yo le cont� la historia del verano que segu� para �l. Entonces me aclar� que deb�amos haber sido compa�eros de trabajo, porque seg�n �l, toda la vida hasta que se jubil�, hab�a estado de criado para ese se�or. En este tema nos enrollamos y se nos pas� el tiempo con esa historia, que no viene al caso rese�ar aqu�. Cambiamos el sentido de la conversaci�n al tema que nos ocupaba y nos indic� que pod�amos seguir hasta Olmo por carretera y desde all� seguir por un camino de aparcelamiento hasta Castrillo de la Guare�a, justamente por la misma ribera del r�o. Nos despedimos, quedando enormemente agradecidos de ese encuentro con un compa�ero de trabajo, aunque fuera de un solo verano en el 1.947.

Continuamos a Olmo de la Guare�a por la ribera del r�o, parando para contemplar el escaso caudal de agua que dejaban marchar los motores de riego. Al entrar en el pueblo nos dirigimos a la situaci�n m�s c�ntrica, como ya hemos dicho, que suele ser la iglesia y m�xime en este caso que sab�amos que su construcci�n era del siglo XII, al lado de este monumento, preguntamos a unas se�oras un poco por la historia del pueblo y sus alrededores, pero coincidi� que �stas no eran nativas de Olmo, descend�an del Pa�s Vasco, siendo hijas y esposas de emigrante de este lugar. Llamaron a un se�or no muy mayor, llamado Pepe, para que �l nos explicara lo que les preguntemos, puesto que era nativo del pueblo y adem�s dec�an que sab�a bastante al respecto -y as� resulto-.

El se�or llamado Pepe nos explic� que en el t�rmino de este peque�o pueblo, el cual no tiene ayuntamiento propio y que pertenece a Vallesa (aqu� lo inverso comentado anteriormente) hay mucha historia, y desde una de las dos calles que tiene el pueblo, nos indica que echemos un vistazo a los campos que nos rodean. Indic�ndonos con la mano nos dice: �ah� se juntan dos r�os, el Guare�a y el Toriego (creo que dijo), �ste es afluente del anterior y son los que forman la colina donde estamos situados con la ribera de chopos, �lamos, negrillos semisecos y alg�n Olmo que a�n queda, para simbolizar el nombre del pueblo. Esta vaguada es la que bordea los l�mites interiores de lo que fueron los lagos terciarios que forman el actual valle del r�o Duero.

 �Se nos vino a la memoria esos 60 a 65 millones de a�os donde las aguas posibles de una deglaciaci�n, debi� dejar aquel clima h�medo, tropical y c�lido en este valle del Guare�a a el Duero�. Todas las tierras -como pod�is comprobar- son extracto de arcilla lo cual ha contribuido a que los edificios sean construidos con ladrillo, tapial o adobe. La iglesia parroquial, como pod�is ver, est� construida de ladrillo tipo mud�jar y es de la �poca renacentista, all� por el siglo XII, dedicada a la virgen de la paz, aunque hoy la advocaci�n sea de San Andr�s ap�stol y la referencia m�s antigua que se conoce del pueblo es del a�o 1.116, cuando do�a Urraca, reina de Galicia, hizo donaci�n a la villa de B�veda de Toro de la orden Hospitalaria de San Juan de Jerusal�n. Pod�amos extendernos m�s pero es mala hora -nos dijo-�.

Nosotros ya s�lo nos interesamos por preguntarle por nuestro itinerario, indicado por el compa�ero de Vallesa, y datos del diccionario de Madoz, el cual no nos coincid�a con el mapa actual. Preguntamos: ��si seguimos por este camino parcelario encontraremos Algodre?�, el se�or Pepe nos contesta que no; �ah� lo que tienen ustedes bien es el mapa de carreteras. Algodre debi� de llamarse anteriormente lo que hoy es Torrecilla de la Orden, que hoy est� dentro de la provincia de Valladolid, la cual pertenece al valle del Guare�a, ya que este r�o, ah� adelante como marca el mapa, entra en dicha provincia y un peque�o arroyo viene desde esta poblaci�n al r�o Guare�a aunque no existe caudal de agua, m�s bien es tipo ca�ada que trae agua cuando llueve�. �Perdone tanta molestia, pero �desde aqu� podr�amos pasar por Torrecilla?�, le preguntamos. �Para ir hasta Torrecilla tienen que salir a la carretera nacional 620 Valladolid-Salamanca, y yo creo no les merece la pena, porque tal poblaci�n tiene poco que ver, tendr� alrededor de 350 habitantes, una ermita -que no es ni iglesia y por ello le viene el t�ponimo de Torrecilla- llamada de la virgen del Carmen. �Seg�n van lo primero que encontraran ser� Castrillo de la Guare�a, que ustedes hacen constar como Castrillo de la Vid, pero hoy es como est� marcado en el mapa. Antes, a unos 2 kil�metros encontraran un caser�o, que es una dehesa de ganado bravo, que es lo que dicen ustedes ser Algodre�. Intervino mi hermano: ��No ser� la finca de los chulas?� .El Sr. Pepe contest�: �Exactamente esa es�. Nos despedimos del se�or Pepe expres�ndole nuestro enorme agradecimiento y continuamos por el camino colorado del terreno arcilloso con la amplia vaguada en cuyo extenso terreno se ven buenos pastos.

Al llegar a la ganader�a de los chulas, mi hermano me confirm� que s� era la finca de ganado bravo y que en otros tiempos se le pudo atribuir o llamar con otro nombre, �pero hoy -me dijo- de esta finca llevan toros para la fiesta de nuestro pueblo y yo he venido en alguna ocasi�n a escoger el ganado�.

Seg�n el Diccionario de Madoz, despu�s de pasar Algodre hab�a otro pueblo o aldea llamado Ordo�o. Desde el coche vimos una caser�a en la otra parte del Guare�a pegado a su ribera, dentro de la provincia de Valladolid. Era muy tarde y no hab�amos comido, por lo que no intentamos ni entrar. Pero en aquel momento sal�a un cami�n de la finca cargado con alpacas de alfalfa, lo mandamos parar y le preguntamos que si aquella aldea se llamaba Ordo�o, el conductor nos contest� que no, que era un caser�o llamado �casa Cano� y que no sab�a m�s de aquel lugar.

Como en otras ocasiones pedimos disculpas, dimos las gracias y continuamos, cruzamos la carretera nacional 620 Valladolid-Salamanca, entrando en el pueblo de Castrillo de la Guare�a. Eran las tres de la tarde del mes de Julio, a estas horas en Castilla el sol no alumbra, sino que arde ya que la luz es una brasa que quema. La gente estaba en la siesta o resguardada del calor en sus viviendas, a nadie ve�amos en el pueblo -para que nos contara algo de esta localidad- estaba desierto. Ante esta circunstancia est�bamos decidiendo abandonar el lugar con direcci�n a Fuentelape�a, cuando de repente divisamos una mozuela, tipo raza gitana, que entraba en una casa de al lado de esta calle, que era la carretera que se dirig�a a la poblaci�n antes citada. Paramos el coche, hicimos o�do y sentimos que dentro de la vivienda se o�a hablar. Gritamos unas ��buenas tardes!� y apareci� una se�ora de una edad mediana. Preguntamos, con astucia, si �bamos bien para Fuentelape�a, y si pod�amos ir por la vera del Guare�a hasta Vadillo -siempre con el mapa en la mano-. Nos contestaron que s�, que �bamos bien a Fuentelape�a, y que desde all� deb�amos ir a Vadillo, puesto que el camino de la vera del r�o estaba muy malo a causa del agua de los riegos y las roderas de tractores. Preguntamos por algunos datos hist�ricos que pudiera tener el pueblo, pero o bien no sab�an, o no nos quisieron explicar nada.

 Algo nos comentaron sobre que el antiguo pueblo llamado Castrillo de la Vid hab�a estado ubicado al otro lado del r�o, en el t�rmino de hoy la provincia de Valladolid, y que desapareci� sin saber por qu�, si por crecidas del r�o, pestes o arrasado por las guerras, y se construy� el Castrillo actual, �puesto que aqu� -nos dijeron- hubo un castillo muy importante de la �poca medieval donde tuvieron su aposento los marqueses de Castrillo, que hoy ya no existe y que era de donde derivaba el nombre del pueblo�. Muy cerca de esa vivienda pasaba un arroyuelo, preguntamos y nos dijeron que daba sus aguas al Guare�a y se llamaba Villa Corta. El pueblo no ten�a iglesia, s�lo ten�a una peque�a ermita. Muy agradecidos por esta corta informaci�n, nos despedimos de estas personas con la m�xima cortes�a, disculp�ndonos por haberles molestado en hora tan desapropiada.

Continuamos a Fuentelape�a llegando a esta poblaci�n sedientos y con ganas de comer algo. Mi hermano, que padece diabetes hab�a comido algo, porque �l como prevenido llevaba su alimento. En el primer establecimiento de hosteler�a que vimos (Bar Javi) paramos y entramos, pedimos una consumici�n y algo de comer. Mi hermano no quiso comer nada, por lo del r�gimen. Hasta que me sirvieron la comida entablamos conversaci�n con dos se�ores que se encontraban tomando un caf� en el establecimiento y para seguir cumpliendo nuestro objetivo preguntamos algo del entorno hist�rico del pueblo. Uno de estos se�ores nos contesto: �Pues si vosotros conoc�is el pueblo, porque sois de Villabuena e hijos del se�or �Pilo� -apodo de nuestro padre ya fallecido-, yo os conozco porque trabajaba en la f�brica de harinas de Matallanas y ven�ais con vuestro padre a moler trigo�.

 All� un recuerdo lejano nos hizo recordar la cara de este hombre. Aclarado este tema seguimos con el que nos ocupaba, nos dicen que aunque el r�o Guare�a no pasaba por el t�rmino municipal, Fuentelape�a pertenece al valle, porque las aguas de los dos arroyos del t�rmino el Sarria y el Batan van a desembocar en el Guare�a y hasta las aguas sobrantes de las tres fuentes p�blicas, San Sebasti�n, San Pedro y La Tapia -que de esta �ltima parece deriva el nombre del pueblo- daban sus aguas al r�o. Sobre la poblaci�n nos coment� que hab�a descendientes de alta nobleza, como Ildefonso Gonz�lez de Paz, que fund� dos capellan�as, Antonio Samaniego y los Moyanos, que el ministro don Claudio Moyano -aunque descend�a de B�veda y muri� en Madrid, sus restos est�n en la iglesia de Santa Mar�a de los Caballeros- ya que de all� era su madre. Esta iglesia tiene su torre de ladrillo, sencilla pero de buen gusto. �Ya la conoc�is �no?�(nos comentaron), despu�s hay otra ermita del sant�simo Cristo de Extramuros, fundada en el a�o 1.756. �El terreno es bastante bueno, porque adem�s de los dos arroyos hay otro arroyuelo de menor caudal que tambi�n favorece la agricultura. Y de aqu� era el popular F�lix Rodr�guez, estoqueador de toros�. Cuando estos dos se�ores marcharon nos despedimos muy cort�smente.

Terminamos de comer y seguidamente nos dirigimos a Vadillo, paramos tal mente a la orilla del r�o Guare�a, para ver el puente de piedra, que seg�n Madoz es el mejor puente que tiene este r�o. Si parece cierto que su arquitectura como monumento p�blico y antig�edad as� lo defin�an, apreci�ndose dos clases de construcci�n, en el centro estaban los arcos u ojos de porci�n de circulo de media punta, mientras en los extremos los arcos eran de carpanel de construcci�n m�s moderna. Los primeros citados pueden ser de construcci�n �rabe-mud�jar. Este fue el punto del r�o m�s limpio y cuidado que vimos en todo su recorrido, escaso caudal de agua pero limpio y arreglado. El terreno que vimos del pueblo, parece de mediana calidad, �rido y sinuoso, excepto una parte de lo que hoy se llama granja de Vadillo, que en la �ltima divisi�n territorial pas� para esta localidad. Hasta estas fecha pertenec�a al pueblo de Guarrate, con el nombre de Terren y anteriormente siempre se llam� -como poblaci�n- La Guare�a, perteneciendo al monasterio de San Rom�n de la Hornija, hasta el a�o 1.454, despu�s pas� a ser propiedad de Rodrigo de Ulloa, vecino de Toro, m�s tarde ser�a propiedad de Francisco Nieto ya despoblado y convertido en granja y aqu� perdi� su primitivo nombre que hab�a tomado del r�o que riega sus tierras. Ten�a una ermita dedicada a la Concepci�n de Nuestra Se�ora y que el cura de Guarrate incumb�a la administraci�n de los santos sacramentos. Sobre el a�o 1.908 la compr� Victorino Angoso que la convirti� en granja y ganader�a de Toros. En el a�o 1.932 Ces�reo Angoso vendi� su parte a la viuda de Molero y al fallecimiento de �sta, en 1.952, pas� a los actuales propietarios, los hermanos Molero, siguiendo con la ganader�a de toros bravos.

Para intentar que nos explicaran e informaran m�s sobre la historia de Vadillo -el derivado de un fondo firme del r�o, por donde hab�a un vado de servidumbre que enlazaba por su parte derecha con una aldea llamada San Juan de Vadillo, hoy despoblada (a este lugar le llaman �el torrej�n) y con Alaejos, y por su parte izquierda con Fuentelape�a y Fuentesa�co- parece que el nombre del pueblo viene del derivado del vado. Entramos a tomar un caf� en el bar que estaba al lado del mismo puente. La se�orita, camarera, que nos atendi� no sab�a nada, esta se dirigi� a un mozalbete que estaba all� por si �l nos pod�a indicar algo. Nos dijo que �l no sab�a, pero que esper�ramos un poco por si se acercaba por all� un muchacho de Madrid, que se encontraba veraneando en este lugar y que sab�a mucho de la historia del puente, de la iglesia de San Miguel y de la ermita del Cristo de Veracruz. Esperamos un tiempo prudencial, al ver que el chico de Madrid no llegaba, decidimos seguir recorriendo el valle de nuestro r�o que nos ayudar�a a encontrar los or�genes de nuestro pueblo.

Nos dirigimos a Fuentesa�co, donde actualmente est� asentado el Centro de Salud �Valle del Guare�a�. Paramos en la entrada de la poblaci�n al lado de una gasolinera, vimos un se�or que sal�a de un bar pr�ximo y lo abordamos para preguntarle por algo de lo hist�rico de la ciudad. Nos contesto: �Me gustar�a contarles muchas cosas de las que s�, pero tengo mucha prisa�. A pesar de ello, antes de marchar algo nos cont�. Seg�n algunos escritos, este pueblo all� por cuando el Rey Alfonso VII encomienda a su t�o, el Papa Calixto II, la repoblaci�n de esta zona del valle del Duero, �ste a su vez delega en el Obispo de origen franc�s don Bernardo, para tal acci�n en la zona de esta villa, que se llamaba Ciudad de Nova Redonda, tal operaci�n se llev� a cabo entre los a�os 1.127 y 1.130. Pero m�s tarde los gallegos que ven�an a la siega con sus sombrillas y sus guada�as, ya que esta poblaci�n era un paso casi obligado para ir a la zona del campo charro, paraban en una fuente que hab�a en este lugar de muy buen agua, cercada por arbolado de sa�cos que hac�an a�n m�s fresca la bebida y el aposento. Estos gallegos comenzaron a llamarla Fuente del Sa�co, adaptando este nombre oficialmente en el a�o 1.745. Y tambi�n qued� patente por aquel refr�n que dec�a: �viene el gallego a la siega para cien reales ganar�.

El terreno es bastante bueno, en especial las vegas del lado del r�o Valdecadrones que es afluente del Guare�a, donde se cr�an los famosos garbanzos de adagio breve: �El buen garbanzo y el buen ladr�n de Fuentesa�co son�. Pero tambi�n hay terreno �rido, como el cerro de las cumbres que es el punto m�s alto del t�rmino municipal, siendo donde nace el r�o. Hay otro punto bastante hist�rico en el t�rmino, que se llama Carrelines, es rico en yacimientos caetanos de teolog�a romana -despu�s hemos comprobado que esto no es seguro-.

�No olvidaros de visitar la iglesia de San Juan y all� cerca hay en una fachada de una casa blasonada que tiene la figura esculpida de San Isidro el labrador con su yunta arando. Os gustara. Siento no poderos acompa�ar, pero si quer�is saber m�s, venir un viernes por la ma�ana y visitar el club de amigos de Fuentesa�co�.

Aunque estas zonas m�s pr�ximas a nuestro pueblo ya las conoc�amos bastante bien, hicimos una visita r�pida por la parte de la ciudad que el se�or nos hab�a indicado, contemplamos la arquitectura de la iglesia de San Juan, con su torre inclinada, y buscamos la fachada de la figura de San Isidro el labrador. Mi hermano buscaba con el m�ximo af�n, tal vez, el arado deudor de su camino (y tambi�n del m�o), como si se viera obligado a encontrar la imagen de la simple y honrada vida del labrador, demostrando su fondo humano sintiendo el vac�o como si al no encontrarlo hubi�semos sido enga�ados por nuestra propia estirpe. Pero �l, tratando de borrar tal vez su sentimiento de culpa al no hallarlo, que pudiera da�ar a sus fatigas, lo descubri� cuando ya intent�bamos marchar; me dijo: ��mira donde est�!�. Exactamente, estaba en la fachada de una casa antigua, construida en parte con ladrillo y en parte con piedra de siller�a, y all� estaba esculpida la figura del labrador, la cual contemplamos con la devoci�n propia de ambos hacia el s�mbolo.

Pens�bamos haber acabado nuestro proyecto de direcci�n al sur, pero echando una ojeada al mapa, apuntes y planos, recordamos que Villaescusa figuraba dentro del itinerario del valle del Guare�a, y nos encaminamos hacia este pueblo que casi hace l�mite con tres provincias (como ocurre con Ca�izal), Valladolid, Salamanca y Zamora, pero pertenece a esta �ltima.

Iba cayendo el t�rrido sol al ir marchando el d�a, aunque era media tarde, cuando entramos en el pueblo cruzando el puente sobre el arroyo el churro, despu�s nos dir�an que exist�a otro arroyuelo que se llamaba el bat�n, el que tambi�n pasaba por Fuentelape�a. Como en los otros pueblos visitados, nos dirigimos hacia la torre de la iglesia parroquial para situarnos en el centro de la poblaci�n, pero a nadie ve�amos para preguntar sobre las viejas y nuevas historias del lugar. Vimos venir por una calle bastante larga a un se�or con una gorra visera, paramos el coche y mi hermano me dijo que a ese se�or le preguntaba �l, que seg�n afirm� Flori�n �se parec�a a los suyos�. Le saludamos y mi hermano empez� pregunt�ndole que s� el pueblo se llamaba Villaescusa -para entrar en conversaci�n-, como es l�gico le contest� que s�, pero mira por donde, este buen se�or se meti� de lleno en nuestro tema. Diciendo: �Hoy se llama as�, pero cuando la reconquista de Castilla por Fernando I de Antequera, en el a�o 1.410 esta poblaci�n se llamaba, Bello Campo del Comendador, pero a�os m�s tarde, tal vez siglos, aqu� se asentaron muchos extranjeros protestantes de Zuinglio (Suiza), ya que era el primer centro europeo de esta doctrina y sembraron c�tedra en esta localidad. Viendo �sto la Iglesia cat�lica dominante en Espa�a all� por el a�o 1.798, cambio el nombre al pueblo como excusa y pretexto a favor de su religi�n. Hoy existen y se conservan en el pueblo una iglesia y un cementerio de protestantes que son propiedad de los suizos, que lo compraron en el a�o 1.874, y hasta hace pocos a�os se nos miraba bastante mal a los habitantes de Villaescusa -segu�a diciendo-. Cuando yo hice la mili en Valladolid, muchos no quer�an roces conmigo, porque era protestante. Hoy nadie se preocupa de tal cosa�.

Mi hermano sigui� comentando con este se�or sobre un club de jubilados que exist�a frente donde est�bamos parados y parece que este hombre se dirig�a a pasar el rato en tal centro. Le cont� toda la historia de la fundaci�n del centro ya que �l hab�a sido miembro de la directiva. Dijo que la entidad bancaria que m�s hab�a colaborado era Caja Espa�a. Mi hermano le insin�o que habr�a muchos habitantes en el pueblo, por la afluencia de p�blico que se ve�a en el club de jubilados; �l contest� que el pueblo fue mucho m�s que lo que era. �Ahora tiene el pueblo alrededor de los 400 habitantes y les dir� que en el censo de primeros de este siglo, ten�a cerca del doble�. Todo esto le interesaba a Flori�n porque pr�ximamente iba a realizarse la apertura del hogar del jubilado en nuestro pueblo.

Nos despedimos del se�or de la visera apreci�ndole su gran ayuda, puesto que de esta poblaci�n sab�amos muy poco, al contrario de �l, que parec�a conocer nuestro pueblo y a varios de sus habitantes. Echamos un vistazo a la iglesia y al cementerio de los protestantes, que la primera estaba en la calle larga, y a la salida del pueblo el centro de cad�veres.

Con direcci�n de retorno a nuestro pueblo, llegamos a la poblaci�n de Guarrate, asentada en un alto rodeado por un arroyo y el r�o Valdecadrones, aqu� tuvo sus latifundios el marqu�s de Alca�ices, con su palacio. Existiendo en aquellas �pocas muchos montes encinales que por la vaguada del r�o se un�an con el t�rmino de la granja la Guare�a, con pastos para ganado vacuno y que hoy, convertido en prado comunal -parte del valle- todav�a conserva estos animales.

El pueblo posee una iglesia parroquial, Nuestra Se�ora de la Asunci�n, matriz de la granja la Guare�a, que como hemos hecho referencia pas� al t�rmino de Vadillo. A esta localidad la cruza la carretera comarcal 519, antes calzada de Toro a Salamanca. Su terreno produce trigo, cebada y legumbres de calidad como son los garbanzos de la zona del r�o Valdecadrones, con denominaci�n de origen, donde se conserva el edificio de un molino harinero de la propiedad del marqu�s de Alca�ices. (Este punto que citamos, no lo hemos hecho constar, pero en todos los pueblos del valle del Guare�a, ha existido alg�n molino harinero en la ribera del r�o). Antes de ser propiedad del marqu�s de Alca�ices, esta alquer�a debi� pertenecer a un apellido famoso -Guarrate-, hoy traducido a Guti�rrez, y antes alg�n cronista dijo que se denominaba Castillo de Pelayo Guimarat, de aqu� debe derivar el nombre actual del pueblo.

Mi hermano, me sugiere que le gustar�a visitar a un �ntimo amigo de su infancia, que al contraer matrimonio con una nativa del lugar, reside en esta poblaci�n de hoy 391 habitantes. Hicimos la visita a Antonio Amigo -apellido c�lebre en Villabuena-, y escuch� cuidadosamente cosas de sustancia que nos han sido v�lidas para el objeto de nuestro estudio hacia nuestro pueblo, detallando referencias nost�lgicas de su tierra nativa. Recuerdo perfectamente las palabras de despedida entre ambos: �hemos vivido poco y nos hemos cansado mucho�.

La luz del sol se iba agachando con ese reflejo que d�a a d�a se va y nos deja, as� dejamos nosotros este pueblo para dirigirnos hacia el nuestro. Al llegar a La B�veda de Toro recordamos la visita que en la ma�ana hab�amos hecho en el ayuntamiento, solicitando un libro de la historia de esta localidad, escrito por Jos� M. de Vicente y publicado por el excelent�simo ayuntamiento de esta poblaci�n, el cual me hab�a recomendado, el gran escritor de historia Don Jos� Navarro Taleg�n, residente en la ciudad de Toro, por si nos era factible encontrar lo que busc�bamos sin noticias escritas -seg�n �l-, sobre el actual fundamento del pueblo de Villabuena del puente. Buscamos este libro en diversas librer�as de las ciudades de Toro y Zamora sin resultado positivo, en la casa de cultura y departamento de archivos hist�ricos de la capital, nos hab�an aconsejado que lo solicit�ramos en el ayuntamiento de B�veda. Este fue el motivo de la visita que hab�amos realizado en la ma�ana en el ayuntamiento, en el cual nos comentaron que se hab�an agotado todos los ejemplares, y que tal vez el ex-alcalde (Tint�n) pod�a tener alguno, el cu�l nos lo pod�a ceder o vender. Asegur�ndonos que a tales horas este se�or estar�a en el campo desempe�ando sus tareas de labranza, por lo que mi hermano y yo acordamos parar al retorno de este viaje.

Y, aqu� estamos, en la poblaci�n del Valle del Guare�a de m�s historia escrita dentro de los poblamientos, aldeas, villas, alquer�as, etc., que fueron surgiendo en el valle despu�s de la prehistoria en la edad media. De entre todos estos poblamientos, do�a Urraca, hija de Alfonso VI, esposa de Raimudo de Borgo�a y reina de Galicia en el a�o 1.116 (como nos dijo Pepe en Olmo), don� a B�veda el t�tulo -estilo legado- en la orden militar hospitalaria de San Juan de Jerusal�n ubicada en esta poblaci�n como cabeza de las nueve villas de Val de Garuenna, lo que no quiere decir que esta zona del sur del Duero -valle del Guare�a- perteneciera en esas fechas al reino de Galicia. Lo que pas�, es que a la muerte de su padre Alfonso VI, en el a�o 1.109, esta hija hered� los reinos de Castilla y Le�n, y esta zona en concreto, pertenec�a al reino de Le�n, la cual fue cedida por su t�a do�a Elvira a su muerte. Lo que nada pod�a extra�ar, es que este territorio en tales fechas llegara a ser portugu�s, debido al tenso mandato del matrimonio de do�a Urraca con su segundo esposo Alfonso I el batallador, los cuales llegaron a ceder terrenos de estos lugares a su hermana bastarda, Teresa, en el condado Portugalense, aunque a su muerte a los 49 a�os de edad (hab�a naci� en 1.077 y muri� el d�a 8 de Marzo de 1.126, siendo enterrada en el pante�n familiar de Le�n), ya hab�a recuperado los terrenos cedidos y las nueve villas fueron las siguientes: Vallesa, El Olmo (como nos recordara Pepe), Ordeno, Castiello, Vadiello, Cannical, Villa Excusa, Fuete de la Pe�a y la propia B�veda, que ejerci� esta fortaleza y templanza, hasta el que se dice nefasto mandato del Rey Fernando VII, que al aprobar la constituci�n de las cortes de Cadiz de 1.812. En el a�o 1.820 pierde dicha pertenec�a B�veda y su orden religiosa de San Juan de Jerusal�n.

Por ello no es de extra�ar que en la historia de B�veda haya or�genes de linajes ascendentes o descendentes de familias que han dejado casas solariegas y blasonadas con sus escudos de armas, por su caballerosidad, como las familias Samaniego y Moyano que se tiene noci�n que tomaron parte en la conquista de Baeza para el reino de Castilla en el a�o 1.224, a las ordenes del Rey Fernando III el santo, precisamente nacido por estos lares. Otros apellidos ilustres existieron en esta localidad: Bailo, Viana, C�rdenas, (que fue comendador de la ciudad de Bamba, all� por el a�o 1.640, villa important�sima que lleg� a ser residencia de reyes Godos, de lo cual le viene el nombre), Fride, Vilez, Mirabal, que �ste compr� el monte y caser�o de hoy el pueblo del Pego con dinero en ducados de vell�n en el a�o 1.780. Con lo cu�l este paraje pas� a ser propiedad del t�rmino de B�veda, hasta que se repobl� con cuatro familias de Benafarces (poblaci�n del norte del Duero, situada cerca de la ciudad de Toro). Y de resaltar es, que cuando do�a Urraca don� estas villas a la orden hospitalaria, cedi� el poder de gesti�n al conde Pu�orrostro, que frecuent� la localidad de B�veda.

B�veda de Toro, tiene terreno de buena calidad en su mayor�a, ba�ado en una parte por el arroyo el juncal y por otra por el r�o Guare�a, donde existi� un important�simo molino harinero de don Claudio Moyano.

Despu�s de hacer esta reflexi�n, alguien nos indic� donde habitaba el ex-alcalde, nos dirigimos a su domicilio. En el camino, mi hermano Flori�n record� que este se�or era muy amigo de nuestro hermano, tambi�n ex-alcalde de nuestro pueblo, pero hoy 19 de mayo de 1.997 yacen sus restos, un d�a sepultados, en el cementerio local de Villabuena del Puente. Al recordar esta p�rdida tan reciente y entra�able, mis manos me tiemblan y mis ojos se enturbian con l�grimas, pero debo seguir con la vida, para cumplir mi objetivo, ya que por entonces, cuando recog�amos estos datos, nuestro hermano viv�a y amaba su tierra. Yo tambi�n record� que una hermana nuestra hab�a vivido cerca de este se�or, ya que residi� en este pueblo al contraer matrimonio con un nativo de este lugar, llamado Emiliano Ramos, hoy ambos residen en Villabuena. Paramos y llamamos en la casa del ex-mandatario, nos recibi� un se�or mayor; nos dijo que su yerno no se encontraba en el domicilio en aquellos momentos, pero que estaba su hija que era la esposa de Tint�n. La llam� y nos la present� y le explicamos nuestro tema, nos dio la impresi�n de no prestar la m�nima importancia. Entonces le explicamos quienes �ramos y r�pidamente apareci� el libro de historia de B�veda y sin contar con la autorizaci�n de su esposo, nos lo dej� para que lo estudi�ramos con toda la tranquilidad y sin la m�nima prisa para devolverlo.

Le hemos quedado gratamente agradecidos por esta generosa aportaci�n, de la cual hemos obtenido datos tan valiosos, como que en las fechas en que las villas del valle del Guare�a pertenec�an como cabeza a la orden hospitalaria de B�veda (como ya hemos anticipado), nuestro pueblo no figuraba entre ellas, a pesar de la cercan�a de ambas localidades, ni se hace menci�n al lugar de Villabuena hasta el a�o 1.500 aproximadamente, lo cu�l nos ha forzado a�n m�s, a buscar datos de esa laguna de tantos siglos desde que se encontraron restos del asiento de seres humanos en la tumba campaniforme, de 2.400 a 2.200 a�os antes de Cristo, en las inmediaciones de el lugar donde se encuentra ubicada hoy Villabuena del Puente. Lo que nos ha hecho m�s dura nuestra peregrinaci�n hist�rica, buscando las ra�ces en estas familias ilustres que debieron influir en el desarrollo hist�rico del lugar, donde hemos encontrado grandes obst�culos para averiguar el verdadero nombre de Villabuena. Dando como posible varios cambios, por lo menos, en la era de la reconquista y que tal vez sea certero, que hasta despu�s del siglo XIV no se le diera el verdadero nombre a este lugar de Villabuena, aunque villa de origen romano y godo, ya lo fuera, como casi todas las zona agr�colas pobladas. Aunque �sta m�s parec�a majada de pastoreo, y se le denegara el t�tulo de Villa.

Antes de nada, debemos decir que los conocimientos y costumbres de la vida de nuestro pueblo con su desarrollo, nos lo conocemos a la perfecci�n desde nuestra existencia en el mundo, m�s los conocimientos que se nos han trasmitido de boca a boca por nuestros antepasados y ciertos datos de personas actuales con escritos desde algunas �pocas a esta parte. Pero tal vez, como hacemos constar al comienzo, por falta de tiempo y medios nunca hab�amos podido cotejar geogr�ficamente viviendas, aposentos, hidrograf�a, monta�as, la sinuosidad del terreno del valle, as� como conversar del mismo tema con otros habitantes de estas zonas, confrontando tradiciones de luchas contra las injusticias de los usos y costumbres de la humanidad dentro del imponente testimonio del poder de los se�ores feudales en este valle; compuesto en su mayor�a por campesinos y trabajadores sin tierras, gobernados, oprimidos y explotados por se�ores, ordenes hospitalarias y la Iglesia potente, en su mayor parte establecidos en la ciudad que siempre tuvo un papel preponderante de personas influyentes con sus masas cat�licas en Toro, sitio fuertemente de sabor feudal.

El d�a despu�s, hoy, era el d�a llamemos de reflexi�n, de realizar un an�lisis de lo visto, observado y constatado para poder sacar conclusiones de este fondo del valle de r�os guarnecidos por monta�as con sus salientes rocosos donde se dice que encontraron aposento las primeras tribus humanas y que desde aqu� partir�a nuestra hip�tesis para cubrir ese vac�o o laguna, que ya hemos citado, de cientos de siglos sin saber nada de la existencia de nuestro pueblo. No con el fin de elaborar una teor�a, sino para que nos sirviera de gu�a en nuestras investigaciones, pero no decidimos esto en esta fecha. Yo me dediqu� a estudiar el libro hist�rico de B�veda de Toro, y mi hermano a su tarea cotidiana de cultivar la tierra, en la huerta.


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