domingo, 5 de junio de 2016

La Iglesia y sus alrededores


-Callar a ver por quién doblan las campanas...

La torre del campanario coronada con una cruz y con el nido de las cigüeñas se divisa desde, casi, cualquier punto del pueblo y desde las afueras. Al toque de campanas se movilizaban los pueblos, las vidas de todos sus habitantes pasan por delante de la Iglesia ante la atenta mirada de los ojos del campanario. 

La Iglesia y sus alrededores era el centro neurálgico de los pueblos tanto los días de diario como los domingos, festivos, días de bautizos, comuniones, bodas y entierros. La Iglesia significaba mucho más que ir a Misa o al Rosario.

Las campanas tocaban a Gloria cuando morían niños, tocaban a fuego, tocaban al atardecer llamando al Rosario, repicaban a boda y a bautizo, repicaban en la misa Mayor de los domingos y festivos, repicaban al vuelo cuando las fiestas grandes, tocaban a misa rezada en la primera misa de los domingos y en la misa de diario, tocaban a misa de cabo de año, tocaban a muerto por el fallecimiento de una persona adulta, finalizando este toque con las señales de dos campanadas si el fallecido era hombre y tres si era mujer.

La gente distinguía perfectamente los tañidos, los toques o el doblar de las campanas, era el medio de comunicación más rápido y más fiable. Solo tenían un inconveniente para oírlas con nitidez y era el aire, siempre enredando con la rosa de los vientos, siempre soplando y cambiando de dirección, y así del lado que viniera se oían o no mejor o peor sus tañidos, los toques, el repique o el doblar de las campanas. En ocasiones se oían mejor en los campos que en el mismo pueblo y esto era algo que, a veces, venía bien, sobre todo cuando tocaban a fuego; las gentes  del campo dejaban de hacer lo que estuvieran haciendo y se iban corriendo a auxiliar a ayudar en lo que se pudiera, se iba primero al Ayuntamiento o a la Hermandad a recoger las herradas o cubos y las mujeres que estaban por casa salían con su propia herrada a saber dónde era el fuego y allí, entre todos, formaban una cadena de agua desde las fuentes públicas, pozos caseros, pozos de huerta, pozas, manantiales o hasta en la Guareña, lo que cayera más cerca de donde se había producido el incendio. Entonces hacían una cadena de agua de dos filas, por una iban las herradas llenas de agua y por la otra fila volvían las vacías a cargar hasta que el fuego quedaba extinguido.

A primeros de febrero, allá por San Blas, volvían las cigüeñas que ocupaban el nido del campanario. La llegada de las cigüeñas anunciaba el año meteorológico según los dichos y refranes que circulaban en torno a su aparición. 

"Por San Blas la cigüeña verás y si no la vieres año de nieves" y "Año de nieves año de bienes"

A los niños nos alegraba la llegada de las cigüeñas, nos gustaba saberlas ahí, contemplar sus vuelos casi hasta las nubes, verlas posarse en los campos o revoloteando alrededor del nido mientras daban de comer a sus polluelos. Con ellas como que nos sentíamos más felices, un poco más acompañados y observados desde las alturas y al revés, cuando el nido quedaba vacío nos daba cierta sensación, algo así como si estuviéramos un poco más solos, un poco más tristes pero conformes, porque, decían los mayores y también nos lo explicaban en la escuela, que las cigüeñas eran aves migratorias y tenían que  emigrar a las zonas cálidas de la Tierra a pasar lo más crudo del invierno porque, si se quedaban aquí, podrían morirse de frío.

A la puerta de la Iglesia entraban los coches de línea a recoger y a dejar viajeros. A la puerta de la Iglesia se juntaban las mujeres que andaban por casa, las abuelas, las madres, las tías y las mozas que no iban nunca al campo y las que iban pero coincidía que ese día no tenían que ir, allí se reunían todas; compraban, hablaban, hacían vida social. Era como una mañana de fiesta, pues aparte de ir a diario al comercio y a comprar el pan, en el pueblo no había mucho más donde ir. A la puerta de la Iglesia venían los baratillos de cacharros de barro y de porcelana, útiles de cocina y aseo, peines, tubos del pelo, diademas, ropa de cama, de ajuar, ropa de vestir, alpargatas de esparto, playeras, botas, zapatillas, sandalias y zapatos.

La llegada de los baratillos ponía las mañanas de los pueblos bocabajo o patas arriba. Ya tenemos la mañana hecha, iban diciendo las mujeres camino de la puerta de la Iglesia.

Dos días en semana llegaban también las primeras camionetas vendiendo pescado fresco, pesca, como le decían y también, fresco.

-Hoy hay fresco.

-He ido al fresco esta mañana y he traído un sable, o una palometa, chicharros, sardinas, bocartes, fanecas, verdeles, tomases..., esta noche cenamos fresco.
Y las calles olían a guisos de pesca y en las casas del pueblo esos dos días se comía o se cenaba fresco.

También la gente menuda teníamos parte de nuestra vida social en la Iglesia.
Al anochecer, los niños de la escuela y los jóvenes acudíamos al Rosario, después del Rosario un día o dos en semana había Círculo para la gente joven. Círculo se llamaba a unas conferencias que daba el señor cura en la Sacristía después del Rosario. Se avisaba en casa, padre, madre, que esta noche volvemos más tarde del Rosario porque hay Círculo. También había noches de ensayo alrededor del órgano que tocaba el señor cura o una moza de Acción Católica, se aprendían las canciones de las Misas grandes, del mes de las flores, del Corpus, de Las Candelas..., y en diciembre se ensayaban los villancicos.

jueves, 19 de mayo de 2016

Lago de Sanabria o Valverde de Lucerna


"Antiguamente, en el lugar que hoy ocupa el lago de Sanabria -que no existía-, tenía emplazamiento en Valverde de Lucerna. Cierto día se presentó en la villa un pobre pidiendo limosna -era Nuestro Señor Jesucristo- y en todas las casas le cerraron las puertas. Tan solo se compadecieron de él y lo atendieron unas mujeres que se hallaban cociendo pan en un horno. Pidió allí el pobre, y las mujeres le echaron un trocito de masa al horno que tanto creció que a duras penas pudieron sacarlo por la boca del mismo. Al ver aquello, le echaron un segundo trozo de masa, aún más chico, que aumentó más de tamaño, por lo que se hizo preciso sacarlo en pedazos. Entonces diéronle el primero que salió. Cuando el pobre fue socorrido, y para castigar la falta de caridad de aquella villa, díjoles a las mujeres que abandonaran el horno y se subieran para un alto, porque iba a anegar el lugar. Cuando lo hubieron hecho y abandonaron Valverde, el pobre pronunció unas palabras mágicas y el prodigio se produjo.

Tan pronto como fueron dichas -sigue la leyenda zamorana- brotó un impetuoso surtidor de la tierra, que en pocos momentos anegó totalmente a Valverde de Lucerna, quedando el lago como hoy se ve. Tan solo quedó al descubierto una islita, que jamás se cubre cuando en las crecidas, y situada exactamente en el lugar que ocupó el horno en que fue socorrido el pobre. Por lo demás, el lago conservó la virtud de todo aquel que se acercare a él en la madrugada de San Juan y se hallare en gracia de Dios oirá tocar las campanas de la sumergida Valverde".

(Miguel de Unamuno).

Así recoge la leyenda Luis Cortés en su artículo "La leyenda del lago de Sanabria", Revista de Dialectología y Tradiciones Populares.


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El lago de Sanabria el mayor lago de origen glaciar de la península ibérica.

Fragmento Wikipedia
El origen de este espacio natural se sitúa en las fases más frías del Cuaternario, cuando en Sanabria se establecieron las condiciones glaciares que afectaron notablemente al modelado de sus montañas. Durante este período, el límite de las nieves perpetuas se estableció en torno a los 1.600 m de altitud, lo que permitió que durante la glaciación del Würm en la altiplanicie de la sierra, se establecieran grandes acumulaciones de hielo y nieve, originando un glaciar de meseta o casquete. De él divergían largas y potentes lenguas de hielo encajadas en los anteriores valles fluviales. Hace 10.000 años la glaciación terminó y la lengua glaciar se retiró dejando al descubierto amplios y profundos valles, circos glaciares, rocas aborregadas, estrías glaciares, morrenas, el lago y más de 20 lagunas diseminadas por la sierra.
El lago de Sanabria es el elemento más característico de este territorio, el mayor lago de origen glaciar de la península ibérica, con 318,7 ha y una profundidad máxima de 53 m. Además, y dispersas por la sierra, se pueden encontrar más de una veintena de lagunas, diversos cañones demostrativos de la misma acción glaciar cuaternaria e innumerables cascadas y regatos que han dado origen a una zona con increíbles valores estéticos y paisajísticos.

miércoles, 4 de mayo de 2016

San Isidro



-Buenos días, saluda la señora  maestra.
-Buenos días tenga usted. Cómo se nota que ya va apuntando mayo. Ahora iré pa`llá a pedir agua, que ya anda la pobre gente regando. Dice el viejo a modo de saludo que, sentado en el poyo de su puerta, toma el sol con las manos cruzadas encima de la cayada.

A primeros de mayo y hasta la víspera del día del santo, los niños de la escuela, a eso de las doce, salen en procesión acompañados de sus maestros, en filas de a dos, niños en un lado y niñas en otro. Caminan en silencio obligado camino de la Iglesia. En voz muy baja y a escondidas del maestro, se van contando unos a otros la primera vez que vieron al santo, cuando un día sus padres los llevaron a misa y le enseñaron la Iglesia y el altar de San Isidro y allí, delante de los bueyes, los auparon para que los vieran mejor.

De todos los santos expuestos en la Iglesia es San Isidro el que más le llama la atención desde chiquitines porque este santo tiene dos bueyes enganchados a un arado y guiados por un Ángel. Y ellos, en su corta vida, conocen lo que sus mayores les han ido contando; que en sus tiempos mozos trabajaron el campo con bueyes, pero que de pocos años aquí; las mulas, los burros y algún que otro caballo y yeguas habían ido reemplazando a los bueyes y en todo el pueblo ya no quedaba de muestra ni una yunta. Decían que, con el cambio, hubo como una pequeña revolución porque unos estaban a favor y otros en contra, porque los bueyes eran lentos de movimiento y marcha, en comparación con las mulas, pero que también eran unos buenazos. El murmullo infantil va subiendo de tono y los maestros, de nuevo, a poner orden en las filas.

Hoy es el primer día de rogativas y, por la mañana temprano, antes de salir al campo, las madres, entre otras tareas, han dejado preparado el velo de las niñas, junto al cabás, para que no se les olvide llevarlo a la escuela.

Los padres también se han ido al campo todavía más temprano,  las madres salen un poco más tarde, cuando dejen aviada la casa, y alguna que otra tarea doméstica. Padres y madres se van al campo, tranquilos, porque los niños están recogidos en la escuela y, algo aprenderán. Las madres vuelven a casa a tiempo de preparar la comida antes de que los niños lleguen de la escuela, pero no faltan esos niños que tienen que comer solos o en casa de los abuelos porque, sus padres, tienen las  fincas muy lejos del pueblo y no les compensa ir a casa al medio día, y dejan la comida hecha y le dicen a la vecina, que le eche un ojo a los chiquillos. 
Los padres les han dicho que pidan agua a San Isidro, que este año hace mucha falta que llueva en mayo para que haya buenas cosechas, que es lo que se pide al santo, este santo que es el patrón de los labradores y que, conocido es el milagro de haber hecho que sus bueyes araran solos mientras él rezaba aunque hay quien cuenta que el que guiaba el arado era un Ángel, pero que sabido es por todos, que San Isidro con su vara de labranza tocó un peñasco y empezó a brotar agua.

Y con estas creencias los niños acuden a las rogativas de San Isidro, entusiasmados, porque van a hacer algo por sus padres, por sus campos, algo que los padres no pueden hacer por tener que ir a trabajar. Los niños de la escuela son casi el único publico, junto con el señor cura, y las personas muy mayores que van a las rogativas, ya que la gente en edad de trabajar, como dice la señora maestra, están todos en los campos.

Y la chiquillería va más que feliz repitiendo en letanía el Ora Pro Nobis  en latín de las peticiones que hace, en voz alta, el señor cura, luego coge el hisopo del Agua Bendita y la esparce por los campos mojando aquí y allí todos los caminos del pueblo que salen a los campos, un día por el norte, otra mañana al este, otra al sur, otra al oeste y en dos semanas quedan todos los campos bendecidos en presencia del santo, de los bueyes, del arado, del ángel, de la vara. Con la esperanza puesta en esa imagen, en esa figura que los niños han visto a la izquierda del altar mayor  y que, en las rogativas, es llevada en andas por cuatro hombres de la cofradía de San Isidro labrador.

Por cualquiera de los caminos el campo está ralo hasta de flores. La sequía ha ido haciendo mella, aunque no ha podido con el olor a tomillo, a rosas, a lilas y saúco, ni tampoco con que el vuelo de las mariposas se expanda por el aire, solo que no luce tan esplendoroso como en otras primaveras. Pero lloverá seguro, para eso están yendo a las rogativas.

viernes, 22 de abril de 2016

La calle El Oro

- Foto de Ernestina de la Iglesia. Gracias Tinita -

La infancia es lo que más dentro queda. Eso creo y eso dicen. Y, dicen también, que hay más de una infancia; la primera de los dos a los cinco años y la segunda de los cinco  a los once. Será así si así lo afirman los profesionales. 

Nací en la calle "El Oro" ahora  calle Oro y allí viví hasta los diez años. Allí quedó mi infancia. Allí transcurrieron mis dos infancias, la segunda como dicen, a falta de un año.
Para mí, mi infancia sin clasificar ni ordenar transcurrió en la calle "El Oro" y no hay vez que vaya al pueblo que no pase por esta calle y que no me detenga delante de la casa que fue mi casa. Agradezco, a quien sea, que todavía sigue en pie.

He tenido ocasiones de poder entrar a verla, de asomarme a aquel sobrau de techo alto que tenía una habitación en la parte de la ventana, cuando mirabas por aquella ventana alargada y estrecha, se veían más de cerca las nubes, los tejados, los paseos y las siestas de los gatos, los nidos de golondrina pegados al alero, la palomilla de la luz sujeta a la fachada de enfrente y aquel alambre eléctrico donde se subían a cantar las pajaritas de nieve, las golondrinas y todos los pájaros que vivían en mi calle. Allí, a la luz de la ventana, mi hermana y yo subíamos a jugar con el buen tiempo. Subíamos la caja de los cromos, el plumier, las tabas, el parchís, las muñecas, los libritos de colorear, los cuentos y todos los juguetes. Recuerdo el sol que entraba por aquella ventana sin cristales que se cerraba con el cuarterón, y recuerdo que, entrar en aquella habitación era como sumergirse en el mundo mágico de los cuentos bonitos. 

La calle El Oro estaba perfectamente empedrada con cantos grandes, cantos de río, posiblemente la única calle del pueblo que, por mucho que lloviera no se hacían barros.  

En la calle El Oro teníamos todo cerca empezando por nuestra vecina la maestra de párvulos; el señor secretario, el ayuntamiento o consistorio, el cementerio, la fuente pública, las Peñicas, la escuela de parvulitos en una panera (poco después en la escuela nueva de las escuelas de abajo), el comercio, el médico, el camino Toro, el estanco, la Iglesia, el baile, la confitería, la era, el trinquete, "las rebecas" las dos esquinas de los pregoneros y unos vecinos entrañables, vecinos de siempre y para siempre, vecinos de la infancia, vecinos de Oro.
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Fragmento de Cuentos del sobrau - Villabuena en la Memoria

miércoles, 13 de abril de 2016

Fuentes públicas


Entrañable reliquia de cuando no había agua en las casas.  Gracias a Eme por esta foto.

Todavía recuerdo cuando íbamos con nuestras madres a buscar agua a la fuente más cercana a nuestra casa. La memoria que guardo de ellas se remonta a 1957-58. No hacía mucho que habían inaugurado estas fuentes diseminadas por las calles del pueblo. La gente estaba muy contenta con estos adelantos de tener el agua tan a mano, casi a la puerta de casa, era más que un lujo. 

Las fuentes públicas no solo echaban agua eran, también, un punto de encuentro donde a diario se hacía vida de relación social. Allí te encontrabas con más gente y se hablaba mientras se llenaban los cántaros y algún rato más. A veces se entraba en largas conversaciones, sobre todo las jóvenes que simulaban en casa la necesidad de agua y con esa excusa cogían los cántaros o las herradas y botijos y se iban a la fuente a ver a las amigas o amigos.  Y, pasabas camino del comercio, volvías, ibas a echar una carta al correo, volvías, hacías otros recados, volvías y, ahí seguían las mismas jóvenes habla que te habla. Alguna que otra vez tuvieron que ir las madres a buscarlas porque la tardanza era desesperante y, se las encontraban, tan a gusto, hablando y todavía sin haber llenado.

De cuando en cuando, chicos y chicas, en la mientras siesta, se hacían los encontradizos en la fuente. A cualquier hora que fueras a por agua siempre había alguién en las fuentes, pero cuando más gente se juntaba era al anochecer, cuando las yuntas de mulas volvían del campo y las veías ahí, guardando la fila "a dar agua" en el pilón. Las fuentes echando agua con sus caños dorados bien abiertos porque el pilón, a esas horas, no daba abasto.

Las madres nos llevaban a buscar agua. Íbamos tan felices a la fuente, los niños llevábamos la jarrona, que era un cántaro pequeñito como de juguete. Había otras jarronas grandes que hacían la mitad de un cántaro. Las madres cargaban dos cántaros, la botija, el botijo o la jarrona grande. Cuánto nos gustaba que nos auparan a la fuente para hacer que empujábamos aquel caño reluciente y duro con la mano de nuestra madre.  Nos encantaba ver cómo caía el agua en las bocas de las vasijas. Éramos tan pequeños...

Parece que estoy viendo aquella fuente del color del cemento, que nos correspondía por zona, por cercanía, entonces vivía en la calle Oro. Tenía una bola grande en la parte alta, hecha del mismo material y colocada en el centro de un arco invertido. Esta fuente estaba adosada a la pared del ayuntamiento viejo, este ayuntamiento que, años después, se convertiría, además, en escuela y más tarde en Centro de Salud o Consultorio Médico.

lunes, 11 de abril de 2016

El caso de la viga-culebra (6ª parte


Gervasio y Laly, Gabriel y "la niña de agua" van camino de la casa del alcalde, los cuatro a la luz de los faroles entre la niebla, que se ha puesto de espesa como no puede ponerse más, caminan despacio porque la visión no permite ir más rápido y van en silencio porque así lo ha ordenado el señor alcalde.
Laly y Ascen "la niña de agua" ya son dos mujeres mayores y viudas las dos, que viven solas cada una en su casa.  Su reencuentro con la vida, ocurrió hace mucho tiempo, Laly iba al campo a coger hierba para dar de comer a los conejos y resbaló por una ladera tan pendiente que de haber llegado al fondo no hubiera amanecido ni un día más para ella.   Ascen, se bañaba feliz en la balsa del riachuelo que todos creían sin mucha hondura, sin profundidad hasta que, de repente el agua se tragó a la niña a la vista de los padres que no podían hacer nada por sacarla de allí...

Y en estos pensamientos andaban los cuatro viandantes, cuando al volver la esquina, como salida de la nada, apareció la señá Celia, de repente, casi no los sorprendió, y digo casi, porque ella que tiene costumbre y facilidad de presenciar  y presentarse en tolos fregaus como cuentan y dicen los vecinos del pueblo,  aunque no esté el tiempo de salir de casa, ni sean horas de andar por la calle. Y es que a Celia, le encanta  husmear tras el visillo y pegar el oído en todas las rendijas de puertas y ventanas, y esta noche aunque Gervasio, Laly, Gabriel y "la niña de agua"iban en silencio Celia oyó pisadas..., cogió rápidamente la toquilla y salió a hacerse la encontradiza:

-¿Ande vais tola recua con esta noche de libro que hace?

-La que faltaba pal duro- dice Laly.

-Un respeto Celia que vamos a buscar culebras de esas de tamaño viga- dice Gervasio.

- ¡Pos luego! ¡Manda madre! Nunca me había pegau una contestación así.  Estáis tos tapándome la boca...

-Pues ya va siendo hora de que alguien te la tape- responde "la niña de agua"

-Ya te gustaría a ti saberlo Celia, lo que darías por ello, te vas a quedar con las ganas- dice Gabriel- anda pa dentro que ganarás más, si no quieres vértelas con el señor alcalde.

Y Celia se mete en su casa refunfuñando -lo que decía, vaya noche de libro...  

Gervasio, Laly, Gabriel y "la niña de agua" oyen el comentario de Celia al tiempo que chirría   un ruido metálico en el silencio de la noche. Es Celia que tranca la puerta por dentro, y los cuatro, no pueden por menos de echar unas risas.

Cuando llegan a casa del señor alcalde, la mesa está dispuesta para todos.  El chocolate humea ya en las tazas.  El comedor está calentito, bien iluminado, huele a cacao y a bollos, y da gusto estar.

-Primero tomamos el chocolate y luego ya entramos en materia- dice el señor alcalde- así que, vosotros cuatro, ir pensando en las explicaciones y María y Vito en cómo fue exactamente su aterrizaje a las puertas de vuestra casa.

Y obedientes todos, el comedor se queda en silencio a no ser por el sonido de las cucharillas, de los sorbos, del crujiente de los hojaldres  y del tintineo de la porcelana.

sábado, 9 de abril de 2016

El caso de la viga-culebra (5ª parte




La criada aparece con un mantel lo extiende sobre la mesa y se lleva los faroles a la cocina y vuelve con un servicio de tazas, servilletas, cucharillas, tenedores, cuchillos y platos de postre. Después sale cerrando la puerta del comedor, como es costumbre, y se marcha a la cocina a preparar el chocolate.
Los demás deambulan nerviosos por el comedor, en el momento que se cierra la puerta, cada cual opina dando rienda suelta al caso, dudan entre contarlo al pueblo o no, porque, ¿y si salen esos bárbaros a darle caza? Al fin y al cabo la culebra ha sido buena, el animal no ha hecho daño a nadie sino todo lo contrario.  Nos conviene saberla ahí fuera por si ocurriera alguna otra desgracia, como ha evitado la de Rufo y Santos que de buena os habéis librado, y acordaros de aquellos otros casos que se dieron, como el de Laly cuando se cayó cargada con el haz por la ladera y el de "la niña de agua..."  La viga-culebra actúa como si recobrara vida para salvaguardar a las personas del peligro y entretanto aparece amontonada, desapercibida camuflada que no hay quien la distinga, entre las vigas peladas y blancas, como una viga mas o entre los troncos de los árboles como un tronco mas. Solo que esta vez el caso de Rufo y Santos ha sido lo más claro que se puede explicar y entender dentro de su magia, de lo sobrenatural.

María la sabionda y Vito la salpimienta, con los oídos bien espabilados, no dan crédito a lo que se está diciendo, a lo que están oyendo decir a personas que ellas consideran personas tan serias, tan excelentes en su clase y tan cabales. Las dos permanecen mudas y con los ojos espetellados mirando a uno y a otro. Hasta la señora alcaldesa ha ido deprisa a su cuarto a recoger el frasquito de sales, porque tiene el convencimiento de que esta noche le va a dar algo. ¡Si lo sabrá ella...!

El señor alcalde ha escuchado con atención todo las opiniones,dimes y diretes, toma asiento invitando a los demás a que se sienten a la mesa, todos, menos los vecinos Gervasio y Gabriel, el señor alcalde dice que, en esta tertulia falta gente, y manda a Gervasio y a Gabriel a que cojan los faroles y vayan, por separado, uno, a buscar a Laly y el otro a "la niña de agua" y que hagan el favor de ir con los cinco sentidos puestos en el camino y con la mayor discreción posible de la que sean capaces. y que no se entretengan y que ya están aquí, o sea, que vuelvan rápidamente que la noche parece que va a ser larga, pues tiene toda la pinta de que el caso, entre los unos y las otras, se divulgue,  porque parece ser que "esto" se le puede ir de las manos y no lo puede consentir, qué dirían de su pueblo los de los otros pueblos..., qué dirían si llegara a saberse...
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Fin de la 5ª parte

El caso de la viga-culebra (7ª parte

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-Habla, Gervasio -dice el señor alcalde

-Pues Gabriel  y yo decíamos que si puede esta serpiente de la que hablan Santos y Rufo puede ser la culebra que hoy en día está disecada en la ermita de Zamora, esa del pastor, pero esa ya está bien muerta, pues si será una cría, vaya usté a saber..
. tener en cuenta a Asun y Laly

-O su espíritu -dice Gabriel- también podría ser un espíritu de la de la ermita, tengan en cuenta que lleva años dentro de la ermita. Puede estar santificada.

-Por Dios Señor- dice la señora alcaldesa- con todos mis respetos, menudo disparate Gabriel.

-De todas maneras -continua Gervasio- es una culebra de buenos sentimientos, a ver si va a ser el espíritu de la culebra esa del pastor, que comprendió su muerte, digo yo, porque una culebra descansando pa siempre en una ermita choca bastante ya tenía que ser buena y comería pa alimentar su cuerpo gigante, luego se arrepentía de haber tenido que comer a los animales con los que los vecinos del pueblo trabajaban y se alimentaban, ella, según dicen, se crió con leche, se alimentaba de la leche que le proporcionaba el pastorcillo, pero claro, al tener que irse el pastor y quedarse ella sola, se alimentaba de lo que pillaba, de lo que era más propio y natural en su tamaño, pero creo que en ningún caso esa culebra no es  una culebra asesina, y Gabriel y yo ya lo hemos hablau.

-Así debe ser -habla Gabriel- digo que el hambre, grande como ella misma, seis metros de culebra, ella y su espíritu bueno se quedaron por estas tierras para guardar y salvar a los vecinos, vaya usté a saber si eso no ha sido, es, y, vaya a ser así y toos tranquilos.

-Sepan ustedes, dice la alcaldesa, que hay un término que lo llaman la Sierra de la Culebra.

-Sí señora, efectivamente- responde Gabriel-pero se llama así porque dicen que deriva de la forma ondulada de ese terreno, de las formas curvas y enroscadas que se asemejan a una culebra gigante, qué digo gigante, de tamaño descomunal sería, no es na más que eso, ese es todo el misterio del nombre de la Sierra de la Culebra allá por Sanabria. Aunque hay quien dice que en tiempos, esos terrenos fueron "nidos" de víboras, culebras  y bastardas o séase, culebras americanas que llaman; como ahora mismo la pueblan los lobos, los ciervos y los jabalíes, pues, vaya usté a saber...

Y la explicación de Gabriel que ya se daba por terminada es interrumpida por unos sonoros golpes a la puerta, al llamador de la puerta, tan, tan, tan, tan-tan-tan.
El señor alcalde, contrariado, sale a abrir ante la insistencia del aporreo del llamador.  La sorpresa al abrir no fue mayúscula. No podía ser otra, quién si no, ni más y ni más ni menos que la propia y la mismísima Celia, que,  impacientada tocaba y tocaba sin parar aporreando el portón con el grueso llamador de hierro en forma y tamaño de puño.

El caso de la viga-culebra (8ª parte.

El señor alcalde abre el portón, y Celia, envuelta en la toquilla, en un visto y no visto se cuela por la puerta entreabierta, que ni tiempo le dio a abrir la puerta en condiciones, y en un tris, se plantificó en el mismo comedor.  

-Pues nada, antes que nada buenas noches tengan ustedes ¡hay que ver lo calenticos que están aquí! Y yo..., era eso lo que le oí contar a mi difunto muchas noches, porque el joio me lo contaba en esas noches de airón que no se pue ni dormir, por los bramidos del aire, y yo, entre el miedo de la culebra y los silbos del airón me apretaba a él, ¡buah! Unos achuchones que no vean, pero a él le gustaba.., y cómo le gustaba..., bueno como recordarán ustedes él se crió en ese pueblo de Roales,  y lo oyó contar mil y una vez, y de lo poco que se acordaba, porque era pequeño cuando salió de su pueblo pa irse de ..jornalero..pa la siembra, la cava la siega y lo que hiciera falta y saliera por tola ancha Castilla y ya no volvió más por su pueblo, pues luego me lo plantificaba a mí, en la cama, en esas noches que ya les digo no se podía ni dormir, que buen miedo me hizo pasar, qué joio y qué majico que era, es que cuando me acuerdo de él.., señor alcalde, es que cuando me lo mientan, y cuando lo tengo que mentar..., y no darme ni un hijo, hay que ver, Señor, Señor...  Es que miren ustedes yo, es que yo lo quería mucho, y él a mí, hay que ver lo que me quería, sépanlo ustedes no vayan a creer que no, que es que es que sí, cierto y verídico,como ya les digo a ustedes, cierto y verídico...

-¡Jesús, Señor! Replica la señora alcaldesa que no puede por menos.

-Señoras, interrumpe el alcalde, vayan a ver si no se ha acostado la criada, y si se ha acostado, preparen ustedes mismas otra chocolatera, traigan otra bandeja de hojaldres y un servicio más para Celia, que esta que está aquí no se va, de momento, para casa, se irá cuando nos vayamos todos y cuando demos por terminada la noche, y mucho me temo que va a ser larga, conque ¡hala!

-Pues que venga Celia también -dice la señora alcaldesa- no vamos a perdernos todo eso que está contando.

-Eso, eso -dicen a la par María y Vito- que se venga a la cocina.

-Que nos siga contando esas cosas -dicen Asun y Laly un tanto abrumadas por la inesperada y sorpresiva parrafada de Celia.

-¡Chitón! -replica el señor alcalde- lo que está contando tendrá que callarlo y no respirar hasta que estemos todos, otra vez, sentados alrededor de la camilla empezando por cómo es que sabía de lo que se estaba hablando aquí, aunque ya nos lo imaginemos todos.

Gervasio, Gabriel, Santos, Rufo y hasta el alcalde, los cinco, están que no paran en la silla, con esa risa incontrolable que les ha contagiado a todos...que no pueden ni aciertan a hablar. El alcalde se esfuerza y pasados unos minutos largos, consigue ese empaque  que él cree tan suyo.

-Vamos, vamos a ver si nos ponemos serios de una vez y luego, cuando terminemos la conversación nos reímos si es que hay algo o va a quedar algo de lo que reírse cuando terminemos la tertulia y que haga gracia y que además tenga gracia, pero dudo mucho que supere la entrada y la explicación de Celia que nos la ha echado en el comedor como si fuera una vomitona en escopetazo. Y por más que quiero, no puedo enfadarme con ella, y menos esta noche, con esa información que dice que tiene... ya me enfadaré mañana, si hace falta, y si sigue siendo necesario, pero esta noche no puedo, me es imposible. Como os lo digo.

Apenas si el alcalde podía hablar, y los otros tampoco podían parar de reírse.

-Gervasio, Gabriel, habrá que ir a avisar al señor cura. Y preparar un servicio más de chocolate.

-¿Hasta va a tener que venir la Iglesia?

-Sí, hasta eso, ya estáis andando, llevaros el farol aunque a Celia no le ha hecho falta ninguna que se diga...

El caso de la viga-culebra (9ª parte


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En la cocina cuchichean la señora alcaldesa, Celia, Asun, Laly, María y Vito. Y, en el comedor, el señor alcalde mira a Rufo y a Santos y mira al techo, y vuelve a mirar a uno y a otro y mira el suelo, sin saber qué decir, piensa en el papelón que le tocado y en cómo se aclarará el asunto y en qué deparará esta noche. Rufo y Santos que, extrañamente, quién lo diría, se han quedado en silencio, en un mudo silencio impresionados por lo sucedido, y ahora que están solos no pueden ni quieren ocultar esa angustia, se emocionan y a Rufo y a Santos, los ojos se le  embargan por la emoción y la suerte que tienen de estar vivos, se le vuelven más cristalinos, y fingen toses para ocultar ese desasosiego que quiere salir y aflorar por encima de ellos.

-La niebla llorona nos ha resfriado a los dos -dice Santos entrecortado.

-Ya lo creo, más de un catarro nos traerá, esta niebla de agua se mete hasta los huesos- susurra Rufo.

-¡Bah! quejicas, con una cataplasma de esas, vais que chutáis, bien lo sabéis, no es la  gripe que hayáis podido pillar, es el caso que habéis vivido, que lo se yo, y vosotros también..., eso, eso es el constipado que hacéis ver que tenéis que a mí no me la dais, que somos hombres sí, pero esta noche todos tenemos miedo, estamos cagaus de miedo y yo el primero, y que no salga de entre nosotros. Tenemos que hacernos los valientes es lo que nos toca aparentar pa que la gente no se ponga más nerviosa de lo que ya está. Así que a callar, a dejar de rejimplar se ha dicho, no quiero toses ni lágrimas ni balbuceos. Que yo os entiendo, pero hacer lo que digo. 

En esto aparecen Gervasio y Gabriel con el señor cura, que poco o nada le han explicado, ni le han dicho en todo el camino, tal y como ordenó el señor alcalde.

Y ya todo está dispuesto y en orden, hasta las sales de la señora alcaldesa, que parece ser que no le van haciendo falta, hasta ahora..., y una vez  todo dispuesto y en orden se reanuda la tertulia.

-Y ahora con calma Celia, no te aceleres y cuenta, cuenta lo que sepas de Roales...

-¿Cómo que han ido a buscar a el señor cura? Pues, no sé yo si podré contar estas cosas delante del sacerdote, como que me da un poco de pudor, ya ven ustedes.....

-¡Claro que podrás Celia! ¿Acaso no te has atrevido a meterte en mi casa, sin encomendarte a Dios ni a nadie? Además, necesitamos esta noche la presencia del señor cura y ya está dicho y sanseacabó, así que ya sabes, remilgos fuera Celia, que nos conocemos... He decidido que te quedas porque aquí todo el que aporte algún dato del tema que nos ocupa, se queda, vaya si se queda, faltaría más.
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Fin de la 9ª parte

El caso de la viga-culebra (10ª parte

-Buenas noches nos dé Dios -saluda el señor cura haciéndolo extensivo a todo el personal sentado alrededor de la mesa- aquí me tiene alcalde. Estaba a punto de irme a la cama, usted sabe que suelo acostarme temprano por eso de la misa de ocho, espero de usted, que lo que acontece, sea lo suficiente significativo como para alterar mis horas de sueño, y con esta niebla, que yo, a decir verdad, así lo creo, pues, por eso mismo, porque nos conocemos, y sé que no me haría venir a estas horas si la cosa fuera una simpleza, una futilidad.

-Buena noches tenga usted padre -responden todos a la vez.

El señor alcalde toma la palabra y pone al señor cura en antecedentes, solo un poco por encima, porque como dice él mismo, prefiere que oiga lo que allí se va a relatar 

-Adelante Celia. Habla.

-¿Aquí..., delante del señor cura...?

Celia, un poco abrumada, comienza a repetir, palabra por palabra, el relato anterior y a continuación   lo sucedido en el pueblo de Roales.

-Pues, pues yo me vine a escuchar por la ventana..., claro, cualquiera se quedaba en casa con la intriga no hubiera podido pegar ojo.  Porque si no se lo han dicho Gervasio y Gabriel o Asun y Laly me contestaron pero bien, me dijeron que me metiera pa dentro, a mí, pa dentro a mí, y me acababan de soltar que iban a culebras tamaño viga y, a mi se me vino en seguidita a la cabeza el caso de Roales que como me lo contaba mi difunto pues miren ustedes por donde, no había salido jamás de mi boca pa nada y fue verlos a los cuatro y a más con esa contestación y la cabeza no me dejaba en paz de tantas vueltas que me daba y...

-Vamos Celia no te me vayas a ir por las ramas -insiste el alcalde.

-Sí señor.

"Alfonso, dicen que se llamaba el chiquillo de Roales, un pueblo de Zamora. Alfonso tenía un tío en las Américas de esos que emigraron.  En uno de sus viajes a Roales, este señor, le trajo al chiquillo una culebra mu bonita metida en una caja de zapatos que, a Alfonso le encantó  -es la cría de una anaconda-  dicen que le dijo su tío- vamos a ver si se aclimata a esta tierra, quizá no te dure mucho. El chiquillo estaba que no cabía en sí de gozo con el regalo de su tío.

Pronto la caja en la que se la había traído se le quedó pequeña a la culebra, y eso que solo tomaba leche, que el chico le daba a raudales porque era pastor de ovejas y la llevaba con él a pastorear y le daba toda la leche que él creía que precisaba y más. Y aquello es que era un crecer y un aumentar a diario.  Ya más grandecita comía ratones, ardillas y tolos insectos  que pillaba aunque seguía gustándole, lo que más, la leche, y todo lo echaba en crecer y cada vez más tenía que comer más pa alimentar aquel cuerpo que empezaba a agrandarse de forma exagerada. 

Alfonso también se hacía mayor y fue llamado a filas, y sintió mucho tener que abandonar el pueblo, los amigo, la familia, la culebra..., porque nunca había salido de allí ni se había separado de su familia ni de la culebra, ni la culebra de él y la tuvo que dejar. En casa no querían tener ese bicho, y la dejó suelta por el campo. El animal tenía que comer, a ver, como todos, y por ella misma tenía que buscarse el sustento, así llegó el día, y como se estaba haciendo tan grande, pues, empezó a atacar corderos y las crías de las caballerías, o séase, del ganado de labranza... y en fin que echó un cuerpo a lo largo y a lo ancho que pa qué.  Los vecinos empezaron a llamarla la culebra asesina, y salieron a darle caza, pero no hubo manera, no se dejaba ver.
Y en un permiso de Alfonso le pidieron todos que había que matarla, porque eso era un peligro y que algún día iba a ocurrir una desgracia, pero él como que no tenía valor, tal era el cariño que le tenía, pero a ver, tuvo que hacerlo el muchacho, y fue en busca de ella, pero la culebra parece ser que ya no lo conocía, y huía.  El chico se acordó de que acudía a su silbidos, y silbó y salió, pero no debió reconocerlo, porque así como apareció desapareció, el chico vio su cabeza entre las copas de los árboles, en un visto y no visto... Menuda impresión. Afonso se asustó al ver aquella cabeza de dimensiones monstruosas ¿cómo había podido agrandarse tanto el animal?

Entonces, dicen que se fue a por un caldero de leche, una lanza y un espejo grande, puso el caldero delante del espejo, y él se escondió detrás. Silbó, silbó y el bicho fue atraído por el silbido y por el olor de la leche a la vez que se miraba en el espejo, el animal, creyéndose que había otra culebra se quedó plantificada delante del espejo retorciendo el cuerpo y moviendo la cabeza a un lado y a otro y de repente se cegó con los rayos del sol que chocaban en el espejo y en ese momento  salio Alfonso,  y con dolor de su corazón, le clavó la lanza y le dio muerte y, había sido tal el sentimiento del chiquillo que con tanto cariño la había cuidado y criado que le invadió una pena mu grande por haberla tenido que matar y dicen que buscó refugio en la Iglesia que le pedía a la Virgen piedad para él y para el animal y le contaba a la Virgen del Camino el agradecimiento del pueblo y la poca culpa que había tenido la boa, que se quedó sola y de comer lo que comía, porque la serpiente qué iba a saber si hacía bien o mal, si daba miedo o no a las personas si se había criado con una persona...

Y, eso, que se había hecho pero que mu grande y tenía que comer..., y por la rareza del bicho y tamaño que hasta resultaba bonita y todo, pero que llegó a ser temible, jamás en la vida habían visto un ofidio de semejante tamaño ni cosa parecida que se  conociera..., y se acordó que se disecara y se colgara allá en la Ermita como donación en agradecimiento por, no haber causado víctimas humanas, por los siglos de los siglos.

Aunque había quien contaba que la culebra había matado a varias personas. Esto era lo que mas miedo me daba, porque ¿y si era verdad? Pues eso, que el pueblo estaba atemorizadico, mire usté y yo también, sin haber vivido en ese pueblo, cuando me lo contaba mi difunto... ¡válgame Dios qué de miedo pasaba!  No quiero ni acordarme ya. Y, hasta aquí puedo contar, ya no sé na mas.  

El caso de la viga-culebra (11ª parte

-¡Jesús Señor Celia! hay que ver lo que sabes, cualquiera lo diría y encima que lo hayas tenido guardado para ti sola sin contárselo a Dios ni a nadie -exclama la señora alcaldesa.

-Las cosas de mi difunto señora, las llevo yo mu dentro, todas, todas, vamos que si no hubiera sido lo de esta noche, esto hubiera muerto conmigo, ya lo creo. Pero miren ustedes, también me ha gustado mucho poder contarlo aquí porque, al parecer, es hasta necesario que cada quien diga lo que sepa.  Y para esto a ver quién no está dispuesto, yo desde luego sí, ya lo han visto, y ya lo han oído.  Y miren que saben cómo me las gastos yo, pero eso son tonterías, curiosidad y cosas sin importancia, una que se siente mu sola y ha echado esa fama, pero yo tengo mucho respeto a muchas cosas y nunca, hasta ahora  las he ido contando a nadie sépanlo todos ustedes.

-Pues si -dice Vito la salpimienta- ha sido una historia bonita Celia, como iba yo a figurarme que ibas a contar algo así. como con mucho cuerpo hija, aunque da miedo oírla, pero bueno como ha pasau hace tanto tiempo...
-Miedo hace un rato Vito, lo de ahora no es na -dice María la sabionda- quiero decir y no le quito mérito que es mu impresionante lo relatau aquí por Celia, pero eso que, en directo, el bicho es otra cosa. 
-Algo había oído de lo de la Ermita esa de Zamora- dice Asun- que tienen colgada en lo alto de una pared, lo de la culebra disecada mu grande, pero con tanto detalle  no había oído nada parecido en toda mi vida, parece una cosa del demonio, perdón señor cura, quise decir cosa de magia, de encantamiento ¿sabe usté?

-Más o menos -dice Laly- había oído lo mismo que Asun, pero na más. como lo que sabe la mayoría de la gente de aquí, que ahora me doy cuenta que no es na en comparación con lo que sabe Celia. ¡Vaya un repelús que da!

Chisca, la criada, o sea Francisca, se pregunta qué pasará para tanto misterio y ese trajín de puertas y ese aporreo al "llamador" así no hay quien duerma y se tira de la cama y mira por la ventana y contempla cómo algo parecido a un dirigible la saluda sonriendo medio borrado entre la niebla... y en un visto y no visto y de pijama, se planta en el rincón de la puerta de la cocina que da al comedor

-Endenantes se echaba agua bendita en las casas pa eso de los espíritus, susurra una vozcecita temblona

-¡Chisca! dice el señor alcalde, qué haces aquí, ¿es que no se te ha mandado a la cama?

-¡Chiquilla! Mira que lo dije, bueno, no lo dije, pero lo pensé en seguida, que pa los efectos es lo mismo, que esta va a ser incapaz de dormirse -dice la alcaldesa levantando la voz.  

-¿Desde cuándo estás escuchando Chisca? pregunta el señor cura

-Desde siempre, quiero decir, que desde que empezó a contar la señá Celia.

-Arrima una silla y siéntate aquí a la mesa, darle un poco de agua, y que se tome otro chocolate con hojaldres. Ya no se puede remediar, ya lo ha oído y no va a estar temblando de miedo ella sola en su cuarto imaginando vayan a saber ustedes qué. Estarás mejor aquí con todos ¿no es eso? 

-Sí señor cura, ¡por Dios les pido! No me manden a la cama hasta que no se vayan todos Pero, no señor, no quiero comer nada que es que no me pasa de aquí-dice señalándose el gaznate- solo un sorbo de agua y ya, y muchas gracias.

-Ea, pues si los demás están de acuerdo en que se quede así sea.


Parece ser que sí, que todos están de acuerdo en que la chiquilla se quede con ellos en el comedor.

-Gervasio, Gabriel, es que no decís nada -sugiere el señor alcalde, aquí podemos hablar todos, claro que vosotros no tenéis mucho que contar del caso.

-A mí- habla Gabriel- también me ha chocado mucho la historia de Roales, por eso, como a los demás, porque no la había oído contar nunca.

-Pues a mí me ha pasau lo mismo que dice Gabriel. Y por otro lau estaba yo pensando, señor alcalde, que si es que aquí no falta alguién mas, quiero decir que si tendrían que estar aquí presentes el médico y el maestro.

-No Gervasio, aquí ya estamos todos, no falta nadie mas, ya estamos completos con los que estamos. Seguro que el médico diría que estamos dementes y el maestro, un día sin darse cuenta, se lo contaría a los chiquillos en clase ¡ni hablar! Yo creo que con Celia, aquí presente, ya vamos bien servidos. Y disculpa Celia, pero es que con decirlo no basta, tendrás que demostrar ese silencio del que presumes y me estoy refiriendo al silencio de lo que esta noche se diga aquí.

-Ya le digo señor alcalde, bueno, ya le digo a todos que eso va a ser así, ni mu pienso decir de lo de esta noche, pues no le digo que llevo años, ya años eh, guardándolo, porque yo pa las cosas serias soy más seria que toos juntos ,y callada, que lo sepan de una vez.
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Fin de la 11ª parte

El caso de la viga-culebra (12ª parte "Entre la niebla"

Que, a resultas de esta historia no le es del todo desconocida al cura párroco, pues algo de eso ha leído y ha oído contar sin darle mayor importancia que la de una antigua leyenda sobrenatural de la boa de la Ermita de Nuestra Señora del Camino en Zamora. Y también que la culebra entró en la Iglesia y allí mismo la aniquilaron.  Pero que lo más probable es que fuera un exvoto de un indiano, o sea, una ofrenda que los fieles dedican a Dios, a la Virgen y a los santos en señal de recuerdo por un beneficio recibido y que cuelgan en los muros o en la techumbre de los templos. Posiblemente se trate del exvoto de un indiano sin más.

-Señor cura, todavía no ha oído usted todo- anuncia el alcalde.

Rufo y Santos están muy  callados, expectantes a lo que se dice, pero tan callados..., y esto es algo que sorprende mucho al señor cura que de cuando en cuando les echa una mirada de reojo. Los demás hablan todos a la vez subiendo el tono de las palabras cada vez más alto, dejándose llevar por las sensaciones de asombro y fascinación que la historia ha ido creando en torno a la mesa redonda. Sí, habían oído hablar de una culebra en la ermita pero sin tanto detalle. A la señora alcaldesa las explicaciones la están desbordando hasta el punto de sufrir la  amenaza de un vahído, a los primeros síntomas las mujeres saltan de sus sillas, le dan aire con una servilleta y la rodean con apapijos mientras reclaman  a Chisca el frasco de las sales, pero antes de que lleguen las sales la señora alcaldesa ya se ha repuesto

Hablan Asun y Laly- ha salvado a buenas personas dándole otra oportunidad en la vida como a los renacidos, laly, rufo, santos y yo misa.....la niña de agua...

Hablan  María la sabionda y Vito la salpimienta-  Como una aparición se presentaron, mismamente. Ya le digo yo, como cosa del otro mundo, digo del otro mundo porque yo lo que se dice en este, en este mundo no he visto en mi vida cosa igual....

Hablan Rufo y Santos- Pues nos volteó, en la mismísima puerta de casa, delante de María y de Vito, bien despacio y cuando estuvimos los dos bien asentados y pisando tierra firme desapareció como un rayo, qué digo como una exhalación ¿? Fue ponernos en el santo suelo y el bicho se hizo niebla, como si se hubiera convertido en niebla

Hablan Gervasio y Gabriel- Todos los malos malignos deben tener sus rasgos de bondad, pensábamos en la serpiente del Paraíso que tentó a Eva, si es consciente de todo el mal que sembró con aquellas tentaciones y quiere resarcirse haciendo el bien, aunque fuera el mismísimo demonio, alguna bondad cabría en el, puede que sea el espíritu de la serpiente del Paraíso

Habla Celia-  Yo creí desde el primer momento, y sigo creyendo y creeré pa siempre que en las historias de esta noche y las que se produzcan porque, por qué va a ser esta la última, pues digo yo, me atrevo a decir que  anda  la de Roales en espíritu.

Dicho esto todos vuelven sus miradas hacia el señor cura, unas miradas ansiosas, interrogantes como esperando oír algo, porque necesitan escuchar aquello que les devuelva la vida calma y tranquila que ellos sienten que acaban de perder hace unas horas  y quién mejor que todo un señor cura y ellos tienen la gran suerte de tenerlo allí delante sentado a la mesa.

El señor cura se muestra silencioso, como meditabundo, siente el peso de todas las miradas puestas en él, y siente la esperanza que esta gente ha depositado en su persona para poder conciliar el sueño, si no hoy que ya es mañana, el resto de las noches y recuperar la paz de sus días.  Por primera vez en su vida siente que le pesan los años, que es muy corto su mañana y que nunca se ha visto en un momento de tanta responsabilidad como el de esta noche y se alegra por la gente que tiene a su alrededor, se alegra porque ellos tienen a alguien a quien recurrir para que le deshaga su insomnio, pero y él, él no tiene a nadie que le pueda ayudar a resolver ni a entender como merece un caso tan extraordinario como el que acaban de relatar, como el que acaban de presenciar y se siente tan viejo y lo es, y es tan mayor que no le queda tiempo para desentrañar a fuerza de tiempo toda la perplejidad que le asola esta noche y que él sabe muy bien que no debe traspasársela a estos fieles,no, no puede dejarlos ni debe dejarlos sumidos en la incertidumbre que él siente. Y, en estas cavilaciones ya no puede ni calcular el tiempo que ha pasado en silencio aparente cuando comienza a hablar:

-Milagro..., esta historia quedaría si acaso como una leyenda sobrenatural SINÓNIMOS como lo es la de la Ermita pero sin pasar de ahí tengan  en cuenta la complejidad de los casos...  Lo que sí seremos todos nosotros  ... Rufo Santos Laly Ausun  la niña de agua, Celia etc los que formamos la leyenda los que asistimos a su nacimiento, los creadores de la leyenda y se hablará de ella en lo que quede de futuro como ocurre con la leyenda de la culebra de la Ermita, se recordará en el tiempo este caso, esta leyenda que llamarán en el tiempo "el caso de la viga-culebra" del paseo entre la niebla, de esta tarde, de esta noche de cómo nos fuimos reuniendo, de cómo empezó a crearse esta leyenda........yo la escribiré ustedes me irán relatando, todos, todo lo ocurrido hasta el más mínimo detalle, debe quedar terminada y cerrada esta noche, que todavía es hoy, todo reciente, todo palpitando en las emociones, lo siento por la niña de agua y por Laly que entonces no tuvieron ocasión de que alguien lo contara o lo escribiera, hasta esta noche que entrarán en la leyenda, ya que este tercer caso ha sido determinante para que esto sea sabido pero eso sí, lo harán ustedes público cuando yo haya fallecido y no antes, antes ni una palabra a nadie. así creo que debe ir esta leyenda y a la vista está, soy viejo, así que me iré pronto al otro mundo. Que esto quede escrito y que vaya a quedar en el tiempo como una leyenda, es el tratamiento más parecido al milagro que le podemos aportar y creo, porque  así lo creo que esto debe ser contado porque es digno de mención yo les creo a todos ustedes, tienen mi confianza y respeto, les creo porque los estoy viendo, porque los conozco desde muchos años  y es suficiente para que no dude de su palabra. Y por último, no tiene sentido que ustedes tengan miedo de lo ocurrido, porque a todos les ha salvado la vida, no hay intención de hacer daño a nadie, deberían pues estar tranquilos, más tranquilos que nunca, porque ahí fuera hay algo..,, hay alguien que vela por sus vidas.

-Bien, pues el señor cura lo ha dicho muy bien y muy completo  l e y e n d a   y sanseacabó.  Digo yo que si la culebra representa al mismísimo Lucifer, el ofidio en cuestión sería en este caso un diablo-bueno, no, esto no va a poder ser considerado un milagro jamás, sentencio yo, yo el alcalde que voy a misa todos los domingos y fiestas de guardar y, está dicho.  Celia, que se quede aquí el secreto, entre estas paredes, y que no trascienda más allá ¿oyes Celia? Que no trascienda digo, si llegara a saberse sabría que has sido tú la que te has ido de la lengua y no conviene, no te conviene. La leyenda la guardaremos entre todos porque yo me encargaré de dar una copia a cada uno de ustedes y la original conmigo en el archivo del ayuntamiento hasta que Dios quiera.

Y conformes y calmados todos los componentes de la mesa, incluida Chisca, al señor cura se le sirve papel, pluma, tintero y secante.

-Chisca hija -dice el señor alcalde- prepara café y atiza la estufa que esta va a ser una noche mu larga.


domingo, 3 de abril de 2016

Baile en la pradera






Jóvenes en el baile de la mañana del Martes de Aguas, entre los años 1938-1940
Pradera del puente de piedra.
 La sesión  de baile más esperada por ser la  más importante de todos los bailes de la época.
En esta mañana y en este evento se estrenaban los trajes y vestidos de la fiesta del Lunes de Aguas. Todo nuevo, ropa, zapatos, medias de cristal, calcetines, alfileres del pelo, gemelos para los puños de las camisas, insignias, broches, lazos, collares, pulseras..., todo de estreno para este baile de primavera, el baile más distinguido del año.

sábado, 19 de marzo de 2016

Día del padre

19 de marzo, san José
Tal día como hoy, nos poníamos la ropa de los domingos, si hacía bueno, que ya solía hacerlo, estrenábamos las sandalias nuevas, solo para ir a misa, ya que tendrían que durarnos, como poco, la primavera y el verano. Nos soltábamos las trenzas y con el pelo suelto nos íbamos a misa, a la misa mayor, que para eso era fiesta de primera, venía de colorau en el calendario un año tras otro.
No había amanecido y ya estábamos expectantes a ver si oíamos levantarse a los padres para ir corriendo a darle su regalo, a felicitarlo, a colgarnos de su cuello y darle el abrazo más largo y los besos más fuertes.
Semanas antes, habíamos ido ahorrando con el dinero de la paga de los domingos, lo habíamos juntado todos los hermanos y habíamos ido a comprar un chisquero de esos que vendían en el estanco, luego íbamos al comercio a comprar un pañuelo moquero de color blanco, que era un pañuelo muy elegante, de esos de doblar a pico en el bolsillo superior de la chaqueta, los de a diario eran de cuadros, y, compramos también un par de calcetines finos, que ya venía el calor.
Recuerdo que en las casas se hacía comida de fiesta, la comida del día del padre.
Dando un salto muy grande en el tiempo, mis felicitaciones a todos los padres que se precien, felicidades a todos los que no lo son y ejercen como tal, a los que pasaron la vida queriendo ser padres y no lo consiguieron. Y un-no-felicidades a esos padres, vivientes, que sembraron en la vida y de por vida, niños huérfanos.
A los que hacen los calendarios, que pongan todos los años el 19 de marzo en colorau.
¿Es que no se han dado cuenta, que el día de la madre siempre es fiesta de primera?

sábado, 12 de marzo de 2016

... Qué no daría yo





La tarde lleva amenazando tormenta desde el medio día, aunque no acaba de manifestarse  “hace amagos de ser una tormenta seca” presagian los más mayores.
Alrededor de la plaza se va agolpando la gente.  Esta tarde en el coso taurino tocan las bandas municipales; la local, las  de pueblos cercanos y una de Zamora capital, van a dar sus conciertos durante los meses de verano en la plaza de toros, este año celebran el ciento veinticinco aniversario de la fundación de la banda local.
Francisco ha ido en compañía de su nieto Quico, el abuelo no quería perderse la ocasión que se le ha presentado de volver a pisar la plaza después de tantos años,  y  contemplar, de nuevo,  aquella arena, aquellas gradas, aquel  redondel.  Rememorar todo aquello que le contara su padre  cuando, mucho tiempo atrás, acudiera  con él en las fiestas, a esta misma plaza a ver  las corridas de toros.
 A Francisco, estos momentos lo llenan de ilusión, pero también le embarga  cierta tristeza, echa de menos  a todos los que ya no están, cuánto le hubiese gustado  poder haber ido con ellos,  pero que no, que ya no puede ser,  por edad ya no forman parte de su vida; ni hermanos, ni cuñados, ni amigos, ni vecinos.  Se pregunta por qué al tiempo o al destino se le había antojado que él sobreviviera  a todos ellos, incluso al padre de Quico. Y mira hasta fatigarse la vista, buscando entre la gente alguien que pudiera ser de su quinta, pero no ve a nadie, calcula que, él, le saca casi veinte años  a los mayores que rodean la entrada de la plaza.
Los diecisiete años del chico revelan cierto rechazo a dedicar una tarde entera oyendo esa clase de música.  Si no fuera por el cariño que siente por el abuelo..., solo pensar que  no le queda  nadie más que pueda acompañarlo, solo pensar  lo que para el abuelo va a significar entrar de nuevo en la plaza de los toros, es motivo suficiente, para acompañarlo. Por unos instantes, a Quico le sacude la nostalgia, cree que siente la mano de su padre ayudándole a acomodarse en aquellas gradas hechas con vigas de palo. Cuánto tiempo había pasado, y sin embargo, allí, delante de sus ojos, continúan los mismos asientos hechos con vigas de palo, y el mismo tachonado de madera y las mismas columnas de madera, todo limpio, todo, conservando un colorido fresco, como recién pintado, como recién restaurado, como acabado de hacer.
-Date buena cuenta de esto que te digo Quico, ahí donde la ves, el mes que viene cumple 187 años. Según decían los más mayores, la primera corrida de toros que se celebró en esta plaza fue el  día de San Agustín, el 28 del 8, o sea de Agosto de 1828, siendo inaugurada el 18 del mismo mes y año, y, mira la prisa que debieron darse construyéndola, pues empezaron las obras en Enero de ese mismo año 1828. Por entonces, reinaba  Fernando VII.
-Fíjate bien Quico- decía Francisco perdiendo la mirada por el coso taurino- hay que ver lo que es la vida, las cosas pueden perdurar en el tiempo por los siglos de los siglos  y hasta  rejuvenecer, los seres vivos  no.  Pero está bonita, está como cuando me trajo mi padre, como la primera vez que la vi.
-Sí, está bonita abuelo, han hecho un buen trabajo, pero si sigues hablando van a llamarnos la atención, el público ha venido a oír el concierto.
-Ya. Ya me callo.
La banda de música, expande los sonidos por el aire; pasodobles, marchas, bandas sonoras de películas, homenaje  a un músico estadounidense, boleros, vals y pasacalles se enredan entre el brillo dorado de los instrumentos. Y Francisco está pero no está, está presenciando todo aquello, pero su pensamiento se halla muy lejos de lo que ocurre en la plaza esta tarde de sábado.
-Atiende Quico, esa es la puerta por donde salen los toros, esa otra por donde salen los toreros al despeje de plaza  parece que los estoy viendo hacer el paseíllo, y al torero aquel saltando la barrera, de buena se libró. Y luego, al minuto, el banderillero fue detrás.  De buena se libraron los dos aquella tarde…
-Eso era antes, abuelo, cuando había corridas, ahora ya no,  hace años que no. Ya sabes. Escucha, es un pasodoble, a ti te gusta el pasodoble. Si no dejas de hablar van a llamarnos la atención.
-Ya, ya me callo Quico. Solo que en esa especie de palco ¿lo ves? ahí se sentaban las autoridades, la presidencia, la presidencia sacaba un pañuelo para premiar la faena del torero, sacaban el pañuelo blanco; una vez, una oreja, dos veces, dos orejas.  En ese otro apartado se colocaba la banda de música,  hacían sonar los clarines anunciando que salía el toro, o que se cambiaba de tercio, y también agasajaban con música la faena del torero. Y la vuelta al ruedo acompañada con música de pasodoble, ese, ese mismo, el que están tocando ahora, y… 
-Abuelo, como sigas hablando vamos a tener que marcharnos, nos van a echar.
-Ya hijo, es que no puede uno por menos, pero ya me callo, ya te digo yo que me callo.
Una conocida pieza de Mozart restallaba entre los maderos recién restaurados, el público mueve las manos  y los pies  siguiendo los compases de aquellas  notas vívidas

-Qué soberbia elegancia la de aquellos caballos blancos con los alguacilillos corriendo las llaves, Quico, y cuando salían las mulas y arrastraban al toro muerto…  Bueno, y ya no hablo más en toda la tarde. Los toros hacían su entrada en la plaza luciendo unas cintas en lo alto del lomo, esas cintas se llamaban divisas y era un distintivo que… 
-Abuelo, ese guardia, creo que viene hacia nosotros.
-Pisaron esta arena figuras muy importantes, como Lagartijo, el Espartero, Frascuelo,  Los Gallos,  Los Fuentes…  ¿Qué ha de ser, señor guardia, qué se le ofrece…?
-Buenas tardes tenga usted, estamos buscando, entre los espectadores, a la persona más vieja de esta tarde en la plaza, quieren agasajarla, y creo que bien podría  ser usted si se me permite, con el debido respeto, es decir, si usted lo permite, si ustedes  lo permiten.
Sí, era Francisco el espectador de más edad que había asistido hoy al concierto en la plaza, el mismo que condecoraron con una banda honorífica  y a él le dedicaron la última composición sinfónica de la tarde entre una gran ovación por parte del público.
“De modo que ahora en las plazas de toros lo único que se hace es tocar música, para eso han quedado, parece mentira, parece imposible. Si esto lo llega a ver el padre de Quico, y mi mismo padre, y unos cuántos más, Dios los tenga en su gloria…, lo verían y no lo creerían.  Y así y todo, bien bonita que está, está muy guapa la plaza y como nueva, hasta parece más nueva que nunca, todavía le queda mucha vida a esta plaza.”  Se va diciendo, con pesar y, para sus adentros, el viejo Francisco mientras se desprende de la banda honorífica, y la arrebuja, y se la guarda en un bolsillo del pantalón. Y abuelo y nieto, cogidos del brazo, se entremezclan con el gentío por el callejón que conduce a la calle.  Ya está anocheciendo y el cielo continúa oscuro.
-A mí me ha gustado el concierto abuelo, sobre todo esa pieza musical de la película  “La historia interminable”, pero lo que más me gustó de todas ha sido el  homenaje a Maikel Jackson, lo han hecho muy bien. 
-Pues yo me alegro mucho por ti Quico hijo, pero apenas si me he dado cuenta de lo que tocaban ¡jó sus!  El caso es, que me ha parecido oír algunos compases… Pero la plaza, la plaza estaba bonita,  me ha gustado mucho estar este rato en la plaza y también me ha emocionado mucho todo hay que decirlo.
Apenas llegan a casa, aquella tormenta que amenazara, durante buena mitad del día, estalla, y, como liberándose de su carga enciende, fulminante, la fugacidad de los relámpagos,  retumba  furiosa el ruido ensordecedor de los truenos y aquellas nubes negras, por fin, han comenzado a tirar agua, más que chaparrón se podría decir que parece el diluvio.
-“Santo Dios, Santo fuerte, Santo inmortal, líbranos Señor de todo mal.
Y a poder ser, devuelve la plaza a su ser, a poder ser…”

Se le oye decir al abuelo en un susurro.
……..
Lo despertó el golpazo en el aire de un trueno largo. Tardó en salir del sueño y le costó unos minutos despejarse, situarse y reafirmarse en adivinar dónde se encontraba que, estaba ahí en el salón de su casa, poco a poco fue recordando que, la corrida había sido suspendida por el vendaval y Francisco sonrió. Todo estaba en orden todo había vuelto a su ser. La corrida, si el tiempo no lo impide, se celebraría el próximo jueves a las cinco de la tarde…
-¡Quico, Quico hijo! Me ha escuchado el Señor cuando le pedí “a poder ser devuelve la plaza a su ser…” Dicho esto, Francisco se llevó la mano a la boca y se quedó callado.
Quico, sentado en el sillón de al lado, escuchaba música con los cascos puestos y mantenía los ojos cerrados. Francisco se llevó la mano a la boca y se quedó callado, en absoluto silencio, dejándolo estar, dejando tranquilo a Quico que estaría, poco más que en las nubes escuchando a ese Michael Jackson.
Francisco se acodó en el poyete de la ventana mirando la lluvia recia, mirando el viento que jugaba con los cables del alumbrado público, oteando un cielo de nubes negras que ya se alejaban dejando un rastro de culebrillas luminosas tras de sí.



viernes, 11 de marzo de 2016

El árbol de las selvas




- Selbo, el árbol de la selbas -

En busca del árbol de las selvas. con b

En principio agradecer a Clodomiro Seco estas fotos del otoño de 2015 que colgó en mi muro de Facebook y es que, hay que buscar mucho para poder ver un árbol de estos, probablemente se encuentren en peligro de extinción. Gracias por atender mi llamada "en busca del árbol de las selvas." Espero poder conseguir fotos de selvos cubiertos de hojas y también imágenes enfocando las hojas para apreciar bien la forma y la clase y saber identificarlos.
Había olvidado que eran de hoja caduca.
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La sorpresa fue grande cuando, en la fiesta de la vendimia de Toro del pasado octubre, en uno de los bares de la plaza del ayuntamiento tenían un barril decorativo en la calle. Encima de lo que podía ser la tapa tenían acerolas y selvas, supuestamente, para obsequiar al público. Nos dimos de frente con el barril o puede que el barril nos adivinara y se nos puso delante. Yo distinguí las acerolas y mi hermana las selvas  Este encuentro nos alegró el día aún más y, las dos nos emocionamos por encontrarnos con estas frutas de la infancia que no habíamos vuelto a ver. Y cómo no, las probamos y nos encantaron, sabían a otros tiempos, sabían, a niñez. En realidad no sé si su sabor era tan rico como recordábamos o podía más la nostalgia de antaño, ese retorno a la infancia ese sabor a campo, ese sabor a "la tierra de los selvos" como llamábamos de niñas al "Sendero de los Contrabandistas" que ya no era nuestro porque su campo nos fue arrebatado, como tantas otras fincas de otra gente. Lindes, caminos y senderos, borrados de su tiempo y de su espacio, engullidos por los mapas de la concentración parcelaria. 

Para quien desconozca las selvas; tienen forma de lágrima, su tamaño es pequeño como puede apreciarse en la ilustración de las selvas en la palma de la mano. Al principio son de un color verde-amarillento, después amarillas-rojas-amarillas y por último, alcanzando el punto de maduración, se tornan de color marrón en un tono achocolatado. Son de piel lisa, tersa y sin arrugas. La pulpa tiene la consistencia de una papilla. Cuando niños hacían las delicias de todos cuando las pinchábamos y salía un chorro cremoso color café con leche, de un sabor exquisito. Recuerdo que no había que comer demasiadas porque se ponía la tripa dura, al contrario de otras frutas.

Ya en aquella época quedaban muy pocos selvos en el pueblo, nosotros teníamos en el término llamado "El Sendero de los Contrabandistas" Después, cuando empezó a llegar la maquinaria agrícola se cortaron muchos árboles para que no entorpecieran el paso de las máquinas. Años más tarde empezaron los trámites para realizar la concentración parcelaria y esto coincidió con otra gran tala. Tantos árboles llegaron a cortarse, que relacionaron la escasez de lluvias con haber arrancado los árboles.  Quién sabe.

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Estuve buscando información en Internet sobre los selvos con b y con v, y no he conseguido nada, posiblemente se llamen de otra manera, tampoco sé cuál es su nombre científico y debo confesar que tampoco sé cómo se escribe si con b o con v, pido disculpas.  En Villabuena lo hemos llamado siempre selvo al árbol y selva al fruto.

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A falta de tantos datos, me gustaría que todos aquellos que pudiesen aportar algo lo dejaran en comentarios, sería un enriquecimiento para conocer estos selvos y selvas y para que no se vayan quedando en el olvido y, si fuera posible, que no desaparezcan de la faz de la tierra. Cuando menos y en el peor de los casos, que nos quede de ellos un recuerdo de su existencia aunque este sea fotográfico.


viernes, 4 de marzo de 2016

Pequeña leyenda de la mañana de San Juan


- El teso la Nariz - Pequeña leyenda de la mañana de San Juan.

Es en el teso de la Nariz donde, según dicen, una vez al año en la mañana de San Juan, se abre el teso y sale, solo unos instantes, la Reina Cautiva, también llamada la Reina Mora o la Mora Encantada. Sale a peinar sus cabellos a los primeros rayos del sol con un peine de plata o de oro, y que luego, cuando termina de peinar su larga, larga cabellera, vuelve a su cautiverio,y que solamente sale ese momento de año a año porque es un encantamiento impuesto por el Rey. Y que para ver a la Mora Encantada la mañana de San Juan hay que madrugar mucho.

Que, en junio, el sol madruga mucho, más que en todo el año, que si tenemos las fuerzas de despertar  temprano, pero que muy temprano la mañana de San Juan, veremos, además, que ese día sale el sol bailando...

Reivindicando los principios y el sentido de esta página

  - foto: Manolo-Carrucho (Manuel Gil) ✓  Recordatorio correspondiente a la página de grupo en Facebook:  _Villabuena en la Memoria _ Reivin...