El eco resuena con mis pisadas.
El silencio. Olor a nada.
El polvo parado, añejo.
La chimenea desierta.
Un frío intenso traspasando muros y tejas.
Las begonias muertas.
Habita el orden en la cocina,
en toda la estancia.
Reloj callado, silencioso.
El teléfono seco.
Calendario ajado, tiempo sin vida.
Ya no crece el jersey enhebrado en las agujas,
la lana del ovillo quieta.
Al refugio de la tenada
esperan dormidos los aperos:
las alforjas, el arado, la hoz,
las gradas, la guadaña, la azuela...
El agua turbia y estancada
mantiene el humedal musgoso;
poblado de caracoles, gusanos y babosas.
Y el jardin del árbol frondoso
que decidió morirse con élla.
Han llorado los marcos de las puertas
lágrimas de ámbar, resinas secas.
Atmósfera vana, sin huellas.
Horadaron sus túneles las hormigas,
las arañas colgaron sus telas,
y en las paredes ayer consistentes,
han brotado grietas.
Enquistado el tiempo en la casa paterna,
tesoro de mi vida.
Como está vacía..., cobra vida élla;
reclama atención rompiendo sus aceras,
sobre las paredes abre grietas,
al viento permite que vuelen sus tejas...
La maleza del jardin se pone en alerta,
fortalece el pino, para que sus ramas
cuando las tormentas, la protejan.
No quiere estar rota, no quiere estar sola
entre arañas y hormigas, que la horadan
que la rasgan, que la arañan, que la agrietan...
Bajando las persianas, han tapiado sus ojos
blindado sus ventanas...,
y quiere ver el sol, sentir su calor,
oler la lluvia, humedecerse de niebla,
inundarse del resplandor blanco cuando nieva,
y oler a fuego y crujir al calor
de los rayos encendidos del sol,
y de las brasas de leña,
y contemplar la luna, contar las estrellas,
jugar con el viento moviendo las puertas,
desperezar sus mañanas
con trinos de golondrinas
cuando es primavera.
Vivir, vivir como antaño, sentirse despierta.
La casa, mi casa, la nuestra.
Mi vida, mis tesoros, mi referencia.
¿De dónde aprenderé a vivir?
¿De dónde beberán mis soledades?
¿Dónde quitarme la pena...?
Mis mayores, mis referencias;
tesoros de mi vida y de mi tiempo.
Pueda o no pueda...,
hay una deuda...,
devolver la vida a la casa nuestra,
que no sufra, que no envejezca,
que la llenen sus hijos, sus nietos,
de risas nuevas, de aromas nuevos,
como la misma vida que se renueva...
Al semillero fértil, las flores nuevas,
al árbol viejo, de savia nueva.
Airearla, solearla, humedecerla, templarla,
alimentarla, rescatarla,
devolverle la vida, compartirla, alegrarla...
Removiendo sin parar, resurgirla,cuidarla.
Puede evitarse su muerte;
pues que no muera... Ella no.
Mi tesoro, mi vida, mi referencia...
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Elegía a mi casa paterna -
Crónicas a la Luz del Candil