viernes, 19 de febrero de 2016

Villabuena en la memoria IV




Cinta de oro hallada junto al Ajuar Campaniforme

La cinta de oro apareció enredada en un tomillo próximo a la tumba. Es de oro batido y en total su longitud conservada es de 950 mm. aunque Maluquer de Motes no descarta, dadas las distintas, tonalidades del metal, que unos fragmentos puedan pertenecer a una y otros a otra diferente. Es de extrema delgadez, por lo que no cabe pensar en su utilización sino embutida, con efecto ornamental, sobre otro material, sea cuero, madera, etc.
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Extraído del libro "Orígenes de un pueblo: Villabuena del Puente"
 de mi tío Ricardo Hernández Muñoz  villabuena.manron.es/libro/libro.php
 Texto e imagen aportados como documento de archivo histórico.
Capítulo  "Posibles primeros habitantes de Villabuena"




miércoles, 17 de febrero de 2016

La calle El Puente. Las crecidas de la Guareña.

Desde la distancia que pone el tiempo; la luna, al fondo a la derecha de la imagen, es lo único amable que nos muestra la foto, es, como si quisiera quitar un poco de dramatismo a la desolación, a ese cielo oscuro, a ese día gris.


lunes, 8 de febrero de 2016

Villabuena en la memoria III




Mediada la década de los cincuenta, nuestro pueblo crecía.

Nuestro pueblo creció con dos barrios más que nacieron casi al mismo tiempo. Primero el del camino El Pego, cerca del Cruce, y el otro en las escuelas de abajo, llamado Las Regueras o pal puente El Molino. Eran las primeras viviendas hechas con los materiales de construcción de la época; como el cemento, el ladrillo moderno y, el mosaico y el terrazo para pavimentar los pisos o suelos de las casas, que, en su mayoría, eran de tierra prensada o empedrados con chinas y cantos de río.

El ladrillo que conocíamos era macizo-árabe lo teníamos en los hogales y ornamentando alguna fachada. El ladrillo nuevo era hueco, tenía dos agujeros redondos como dos pequeños túneles, este ladrillo se propagó por nuestro entorno cuando los pueblos crecieron.

Las casas  de estos dos barrios se construyeron con ladrillo nuevo. Su hacer era rápido, los barrios se "levantaron" en un santiamén a base de sacos de cemento y ladrillo hueco de color rojo o colorau. Recuerdo que estas casas se entregaban ya con el agua corriente en casa, o con el agua "metida" como se decía entonces. Algunas ya con cuarto de baño y además con la instalación eléctrica de luz de día. 

Al habitar las casas nuevas, la gente extrañaba las construcciones de tapial o adobe, ya que, en verano el ladrillo se calentaba y las paredes soltaban mucho calor y cuando el invierno los ladrillos se enfriaban y despedían mucho frío, mientras que, en las viviendas de tierra prensada o adobe, esta diferencia de temperaturas sucedía a la contra. En verano resultaban frescas y en invierno cálidas. No hay que olvidar que las paredes de tierra llegaban a medir un metro o más de anchura y, que había tabiques divisorios del mismo grosor.

El pueblo creció, de pronto, se enguapó. Las viviendas nuevas resultaban bonitas.

La población había crecido, había más de siete escuelas, todas llenas, y las quintadas no bajaban de los veinte mozos, (solo chicos, las chicas no "entraban" en  quintas).

Años más tarde el pueblo se ampliaba con otro barrio; el del camino Venialbo, este ya era más moderno con diferencia, sus casas se asemejaban a chalets y además empezaban a fabricarse con un material de aislamiento frío-calor que se aplicaba al tejado y a las paredes exteriores.

La caja de los cuentos

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