Descubriendo el Trinquete: Villabuena en la memoria


-A la derecha de la imagen el trinquete con su  tejado de pendolones

 y sus ventanas,  pequeñas, a una altura considerable-
<<... El tío-Yayo, no se llamaba Yayo, así lo llamaba la dueña del trinquete y así era como lo llamábamos los niños porque no sabíamos pronunciar bien su verdadero nombre. El tío Yayo vivía y tenía aquí su trabajo ininterrumpido de lunes a domingo más festivos, de semana a semana, de mes a mes, de año a año. Era el camarero del café-casino del trinquete. El mayordomo de la casa. El chófer del aiga de los dueños del trinquete. Era, el que, con una pequeña ayuda limpiaba todo el recinto del trinquete y se encargaba de que todo, incluida la casa y el corral, sitos en dicho recinto, estuvieran en óptimas condiciones...>>

<<... El edificio del trinquete era el más alto del pueblo después de la Iglesia. Era de forma rectangular con el suelo de cemento fino, con paredes y zócalos pintados de amarillo, con ventanas de altura inalcanzable, de techos altísimos de vigas de madera (pendolones) entre las que revoloteaban algunos pájaros. En el trinquete se celebraban grandes bailes, teatro, títeres y comedias, y se jugaba al frontón de pelota con partidas muy sonadas, entre jugadores de fuera y jugadores del pueblo...>>

<<... Al café del casino del trinquete, acudía la gente del pueblo y gente importante de fuera. Venían de otros pueblos a caballo, en coche de caballos, y en los aigas. Habían oído hablar del Gran-Casino, tenía fama, y jugaban a diario hasta altas horas de la noche. Era por la noche cuando empezaba a funcionar el Gran-Casino. Y, era también a altas horas de la noche cuando el ambiente de las apuestas alcanzaba todo su esplendor...>>

<<... Con el tiempo, en la cocina de la casa del trinquete pusieron un estanco, y entre la señora y el tío-Yayo despachaban usando de mostrador la mesa de la cocina. Y con el tiempo, el Gran-Casino albergó una escuela...>>

<<... Otra vez el tiempo que no para, se había llevado a tío Yayo. Mucho después a la señora de la casa, y así la ley de la vida. Y llegaron las herencias, las particiones, todo el recinto del trinquete se fue fragmentando en las mil y una propiedades, hasta que dejó de ser lo que había sido. El sitio está. Diferente y extraño. El edificio existe. A media altura, pero está...>>
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Fragmentos de Crónicas a la Luz del Candil

Hoy he vuelto a casa, a casa de mis padres...


El eco resuena con mis pisadas.

El silencio.  Olor a nada.

El polvo parado, añejo.

La chimenea desierta.

Un frío intenso traspasando  muros y  tejas.

Las begonias muertas.

Habita el orden en la cocina,

en toda la estancia.

Reloj callado, silencioso.

El teléfono seco.

Calendario ajado, tiempo sin vida.

Ya no crece el jersey enhebrado en las agujas,

la lana del ovillo quieta.

Al refugio de la tenada

esperan dormidos los aperos:

las alforjas, el arado, la hoz,

las gradas, la guadaña, la azuela...

El agua turbia y estancada

mantiene el humedal musgoso;

poblado de caracoles, gusanos y babosas.

Y el jardin del árbol frondoso

que decidió morirse con élla.

Han llorado los marcos de las puertas

lágrimas de ámbar, resinas secas.

Atmósfera vana, sin huellas.

Horadaron sus túneles las hormigas,

las arañas colgaron sus telas,

y en las paredes ayer consistentes,

han brotado grietas.

Enquistado el tiempo en la casa paterna,

tesoro de mi vida.

Como está vacía..., cobra vida élla;

reclama atención rompiendo sus aceras,

sobre las paredes abre grietas,

al viento permite que vuelen sus tejas...

La maleza del jardin se pone en alerta,

fortalece el pino, para que sus ramas

cuando las tormentas, la protejan.

No quiere estar rota, no quiere estar sola

entre arañas y hormigas, que la horadan

que la rasgan, que la arañan, que la agrietan...

Bajando las persianas, han tapiado sus ojos

blindado sus ventanas...,

y quiere ver el sol, sentir su calor,

oler la lluvia, humedecerse de niebla,

inundarse del resplandor blanco cuando nieva,

y oler a fuego y crujir al calor

de los rayos encendidos del sol,

y de las brasas de leña,

y contemplar la luna, contar las estrellas,

jugar con el viento moviendo las puertas,

desperezar sus mañanas

con trinos de golondrinas

cuando es primavera.

Vivir, vivir como antaño, sentirse despierta.

La casa, mi casa, la nuestra.

Mi vida, mis tesoros, mi referencia.

¿De dónde aprenderé a vivir?

¿De dónde beberán mis soledades?

¿Dónde quitarme la pena...?

Mis mayores, mis referencias;

tesoros de mi vida y de mi tiempo.

Pueda o no pueda...,

hay una deuda...,

devolver la vida a la casa nuestra,

que no sufra, que no envejezca,

que la llenen sus hijos, sus nietos,

de risas nuevas, de aromas nuevos,

como la misma vida que  se renueva...

Al semillero fértil, las flores nuevas,

al árbol viejo, de savia nueva.

Airearla, solearla, humedecerla, templarla,

alimentarla, rescatarla,

devolverle la vida, compartirla, alegrarla...

Removiendo sin parar, resurgirla,cuidarla.

Puede evitarse su muerte;

pues que no muera...  Ella no.

Mi tesoro, mi vida, mi referencia...

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Elegía a mi casa paterna  -  Crónicas a la Luz del Candil

Caída en La Peña: Villabuena en la memoria


- La Piedra las Nueve, años treinta -
Era domingo por la tarde las amigas habían salido de paseo a La Peña como tantos otros, como tantas veces por el mismo camino, por la misma senda, por las mismas pisadas. En la subida a la Piedra las Nueve asentaban los pies en un caleño que aparentaba ser un saliente de roca firme, pero esa tarde de domingo el caleño o su pie cedieron y la niña bajó por el precipicio hasta que la ladera quiso detenerla.

Cuando las amigas pudieron llegar hasta ella vieron su cara y su vestido ensangrentados. Emprendieron el camino al pueblo. Sangraba por la boca y por la nariz y llevaba la mitad de la lengua colgando en un hilo que ella misma sujetaba con la mano.

Don Eloy, el médico del pueblo, le diagnosticó, además, rotura de nariz, le cosió también la lengua con el instrumental del que disponía por aquel entonces, eran los años treinta, y aquella niña era mi madre.

Quiero dejar constancia de ello porque también la recuperación fue muy dura, los que la conocieron lo saben. Y quiero elogiar la atención del médico porque con tan escasos medios hizo una cirugía, impecable, que para sí quisieran los cirujanos plásticos de hoy en día.

(A la memoria de mi madre)


Al humor de la lumbre: Villabuena en la memoria



















<<... Al resguardo del frío, al humor de la lumbre, el hogal era el punto de encuentro, el recibidor de invierno. En el hogal tenían su rincón las conversaciones más trascendentes, contaderos de leyendas, de historias, de casos...

Al humor de la lumbre las mujeres hacían punto.
Al humor de la lumbre se escogían alubias, garbanzos, patatas.
Al humor de la lumbre se pelan almendras, se "estita" a mano el maíz amarillo mazorca a mazorca.
Al humor de la lumbre jugábamos los niños.
Al humor de la lumbre se asaba remolacha azucarera, patatas y chorizo.
Al humor de la lumbre se tostaban rebanadas de pan pinchadas en un tenedor.
Al humor de la lumbre se hacían garbanzos salados y se tostaban almendras.
Al humor de la lumbre se hacían palomitas de maíz de trigomillos blancos que, en pocos minutos al rescoldo, palomita a palomita, empezaban a saltar sobrevolando el hogal.
Al humor de la lumbre se hacían bizcochos en cazuela subidos a la trébede.
Al humor de la lumbre zascandileaba el gato en busca de calor y atraído, además, por el olor del guiso. Después se plantaba cerca del fuego y al momento lo veías ahí pasando las horas, acurrucado y soñoliento acomodado en el hogal, tan cerca de las brasas, que hasta llegaba a prendérsele la cola. Y ni por esas dejaba de volver al hogal a que le tentara el sueño al calorico, a comiscar algo y a quedarse tan, placenteramente, dormido sobre los ladrillos calientes.
-Mira a ver..., que huele a chamusquina.
-¡Sape! ¡Sape...!
-A ver si se chisca y sale ardiendo el animal...,mecagüendioro.
Y, el gato, abre a medias un ojo, lo vuelve a cerrar, y sigue durmiendo como si no fuera con él...>>
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Fragmento de Crónicas a la Luz del Candil


Las Candelas (el origen) Villabuena en la memoria



Hoy el día Las Candelas
el segundo de febrero
sale La Virgen a Misa
con su Divino Cordero

Y esas tórtolas que vuelan
por-cima de tu corona
es un regalo que te hace
la señora Mayordoma

El origen de la fiesta de la Candelaria o de la Luz, en sus primeros tiempos, era conocida con el nombre de "El Encuentro" Más tarde se extendió a Occidente en el siglo VI llegando a celebrarse en Roma con carácter penitencial. Más tarde se uniría a la liturgia de la Presentación de Jesús en el Templo asociada a los cirios, antorchas y candelas encendidas en las manos de los fieles.

Según el calendario o santoral católico se celebra el 2 de febrero en recuerdo al pasaje bíblico de la Presentación de Jesús en el Templo de Jerusalén y la purificación de la Virgen María después del parto para cumplir las prescripciones de la ley del Antiguo Testamento. La fiesta es conocida con diversos nombres; la Presentación del Señor, la Purificación de María, la fiesta de la Luz y la fiesta de las Candelas.

Cristo la Luz del mundo presentada por su Madre en el Templo viene a iluminar a todos como la vela o las candelas, de donde se deriva el nombre de "Candelaria"

La fiesta de las Candelas empezó a celebrarse con un carácter mariano en el año 1479.
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Fragmento de Crónicas a la Luz del Candil

Vueltas alrededor de la Iglesia: Villabuena en la memoria

Bendición de animales

Nos contaban los abuelos que los 17 de enero se iba a dar vueltas a las inmediaciones de la Iglesia a bendecir a los animales. El ganado de labranza iba con sus arreos más bonitos, haciendo sonar cascabeles en los adornos. Las crines bien cepilladas o recogidas en trenzado con cintas de colores. Estrenaban mantas, sus mantas burgalesas, nuevas, para aguantar mejor la crudeza del invierno.

Este día le poníamos un pienso más rico por ser su fiesta. A las gallinas le echábamos conchilla en la avena y las mulas empezaban la bola grande de sal que habíamos comprado en el comercio del pueblo. Se la poníamos en el pesebre y las mulas lamían como si fuera una golosina de caramelo blanco. Como críos, nos gustaba mirarlas cuando estaban en la cuadra dando lengüetazos a la bola de sal. Nuestros ojllos no legaban a la altura del pesebre y teníamos que ponernos de puntillas, para poder mirar un poco más alto nos rescolgábamos de los bordes del pesebre.

El cariño que le teníamos a los animales de labranza era muy grande. Los niños sabíamos que trabajaban mucho, que trabajaban para nosotros para darnos de comer y para poder comprarnos las cosas.
Que iban todos los días al campo y a la huerta con los padres a ganar el pan.
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Fragmento de Crónicas a la Luz del Candil

... Todos los zapatos relucientes


<<... Nos pasábamos buenos ratos mirando chimeneas, por dentro y por fuera, calculando la anchura, a ver si podían caber por allí los tres Magos, o uno solo, o qué. Y ¿cómo van a entrar a la casa de ese niño que le han puesto la cocina económica y la chimenea es un tubo estrecho que además va cerrado? Qué mal..., hasta que dijo su madre que esa noche tendrían que dejar la puerta entreabierta.

Teníamos más que aprendido, que la noche del cinco de enero, había que poner los zapatos en el hogal, los zapatos más nuevos, sin rastro de barro, bien limpios, todos los zapatos relucientes.

Sabíamos también que había que irse a dormir un poco más temprano, y que no valía mantenerse despierto, porque si no, los Reyes no pasaban por tu casa, y aunque pasaran, como oyeran un ruido de esos como si estuvieras despierto o acechando, se iban inmediatamente y se llevaban los regalos, y solo te dejarían carbón o nada, igual que si te hubieras portado muy mal.

Aún así, en la mañana de Reyes siempre había quien aseguraba que había oído como "relinchar" a un camello, o unas pisadas, o que alguien dejaba un vaso o un plato sobre la mesa. Y, bueno, tampoco había que olvidarse de dejar agua y un poco de paja con unos granos de cebada para los camellos, y un poco de leche con bollos, galletas o turrón para los Reyes, porque tenían que ir reponiendo fuerzas durante la noche, para aguantar el frío y poder con todo el trabajo que debían tener.

Las sensaciones que a cada cual nos llenaban de regocijo, no hace falta que las mencione, además no me atrevo, cada uno guardamos en nuestra memoria infantil aquellas mañanas de júbilo, aquellos días de Reyes irrepetibles en el tiempo...>>
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Fragmento de Crónicas a la Luz del Candil

... Una tarde de estas

- foto actual de Eduardo Calzada -
<<... Una tarde de estas salíamos de la escuela con el cabás en una mano y la estufa infantil, donde ya agonizaba el calor, en la otra. Las manos dentro de las manoplas de lana. Los pies fríos, a pesar de llevar calcetines gordos de lana y zapatillas de paño. El cuerpo a punto de entrar en tiritona, a pesar de las camisetas de interior, del viso, del refajo de punto inglés o de fino paño, del cancán, de faldas o vestidos de tejidos de invierno, de jerséis y rebecas de lana gorda, de la chalina, de la trenca o del abrigo con capucha.

Una tarde de estas, en el camino de la escuela a casa, al dar la vuelta a una esquina, te encontrabas con que, toda la calle, olía a fritura de adobo. En alguna de las casas las madres estaban haciendo la conserva ayudadas por las mujeres de la familia.

¡Había empezado el tiempo de la conserva!

Una tarde de estas, llegábamos a casa y habían descolgado el adobo, lo habían troceado en raciones individuales y en el orden que las madres y las abuelas sabían. Primero unas piezas, luego otras, pasándolas por la sartén: desprendiendo uno de los aromas más exquisitos que se puedan tener grabados en la memoria.

Una tarde de estas, llegábamos de la escuela tiritando de frío. Entrar en casa y encontrártela más caliente que de costumbre con ese olor a chorizo frito... Una tarde de estas era como estar de mondongo otra vez. Un mondongo que solo duraba un rato, un mondongo de media tarde. Esa era la impresión que te daba al entrar en casa, la cocina llena de cacharros grandes de teja, de baños y ollas, donde se iba colocando  todo.

La tarde de la conserva era una tarde gloriosa, una tarde como de fiesta, y alegre, como las tardes de las vísperas de la Nochebuena...>>

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Fragmento de Crónicas a la Luz del Candil