El valle La Francesa

El valle La Francesa

La siesta.

"En Enero sobre el dedo.
 En Marzo sobre el brazo.
 En Abril sobre el cuadril
 y en Mayo, de largo a largo."

Este dicho o refrán; nos indica cómo y dónde empezamos  a dormir la siesta en los distintos meses; hasta la llegada del calor, que ya se duerme tendido en el suelo o en la cama.
Cuadril; llamamos en el pueblo, a los dos laterales salientes donde se apoya el inicio de la pared, inclinada o recta, que hace de campana en las chimeneas de lumbre baja; situada por aquel entonces, en las cocinas de todas las casas.  Sentados a la lumbre, se retira la silla hacia el cuadril y se apoya la cabeza en dicho cuadril.
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Los días  son los más largos del año.  Las jornadas de trabajo en el campo, de sol a sol, se duplican o triplican en horas; debido a los madrugones de las dos, o las tres  de la mañana.  Los trabajadores y trabajadoras del campo se ponen en marcha,  con los animales y el carro, para ir a fincas que estan muy alejadas de casa.
En las horas centrales del día, el sueño y el cansancio acumulados hacen mella.  Las horas más fuertes del calor se dejaban pasar en la siesta.
En la época de la siega, había segadores que tenían que quedarse todo el día en el campo, para ganar tiempo. Algunos, hasta se iban por días y noches enteras, o semanas, Y allí mismo, sobre la tierra, a la sombra del carro, o en el mejor de lo casos, a la sombra fresca de los árboles, se sentaban a comer y se echaban luego en el suelo a dormir la siesta. Había alguna finca que otra que tenía casa de campo, pero las menos.
Sólo cuando estaban en fincas cercanas al pueblo, se iban a comer y a dormir la siesta a casa. Pero eran pocos los que podían dormir en una cama al frescor de las paredes.  A la penumbra de la habitación.  Al silencio.  A la despreocupación de las mulas y de los burros y burras.  A la tranquilidad de que pudiera picarte algún bicho. A la seguridad que daba estar " a cobijo" en el caso de  que se presentara "un nublau" una de las muchas  tormentas fuertes que frecuentaban aquellos veranos. Apenas si se salvaba algún año de las crecidas del río.  Crecidas que enlagunaban huertas y eras, echándose a perder hortalizas y grano.
Sin embargo, en la temporada de "acarrero" y de trilla, se iba todos los días a comer y a dormir la siesta a casa. Siestas a menudo interrumpidas, porque amenazaba tormenta. Pocas veces teníamos lo niños que  despertar y avisar a los padres de una tormenta,   eran  siempre ellos, los que en un duerme-vela producido por el temor a los -nublaus- se levantaban de prisa; había que recoger la parva, los animales..., barrer el solero...  Impedir en lo posible los daños.

(Por la mañana, galvana,
a medio día, calor,
por la tarde, los mosquitos
no quiero ser labrador).

Preludio de verano.

Hace días que el agua de las pozas se sortea ya entre los regantes de la zona. Los cigüeñales, las norias y los escasos motores de riego "TH" y "Campeón" se han puesto a funcionar.  El calor aprieta y las huertas tienen sed. Ya no es tiempo de comernos las  espigas de cebada verdes y tiernas. Los sembrados del campo van mostrando los colores estivales. Es, el preludio de la recolección de las cosechas. Ya suenan las espigas cuando las bandea el aire, ya están maduras y el paisaje de los trigales dorados, ondulado  por el viento, se asemeja a un mar de arena, o a las pequeñas dunas en las llanuras del desierto.
Los empedradores de trillos pregonan su trabajo por las calles del pueblo.  A las primeras voces forasteras de los artesanos del pedernal,  se sacan los trillos a las eras o al corral, para  reponer  las piedras que perdieron  el pasado año.
Se afilan las hoces, se  sacan los dediles de material que protegen de cortes y heridas los dedos de los segadores; se recosen si fuera necesario, y se les suaviza el cuero con grasa.
Se reponen las piedras de afilar. Las lías de atar los haces del cereal, las sogas y maromas que sujetarán la carga de los carros. Se hace la puesta a punto de las máquinas de segar (quien la tenga).  Los carros de mulas se amplían con redes o estacones,  según se haga la siega, a mano estacones,  a máquina redes. Se revisan  las ruedas de madera y  aros  de hierro, se engrasan los ejes,  se ajusta la vigueta, se ponen gomas nuevas en  los calzadores, estos, hacen las veces de frenos de mano dirigidos desde una palanca de hierro que lleva incorporada la vigueta de los carros.
Se da aviso al herrador , o se llevan a herrar las mulas "al potro" hoy llamado -plaza del ayuntamiento nuevo- les esperan buenas caminatas...
Salen de su "cobijo" las vimadoras. Se llevan a la fragua las cuchillas para afilarlas, y si están muy desgastadas, no habrá más remedio que comprar otras nuevas.
Se desempolvan tornaderas y briendas, rastros y escobas.   Las escobas hechas de abaleo y ajunjeras, se reponen y se le cambian los atados de lía vieja.  Las que están muy gastadas se dejan para usar de "escobajo" Y,  se tiran a la lumbre, o se guardan para ayudar a "chamuscar" en los mondongos las que ya no sirven ni para "escobajos" Y, se reponen  entonces haciendo escobas nuevas; el campo ofrece  ajunjeras y abaleo en abundancia.
Las mujeres también preparan su equipo, el equipo que vestirán en la siega y otros trabajos propios de la recolección del verano.  Con un retal nuevo o de ropa usada, se hacen manguitos de tela para proteger los brazos del calor del sol, y de raspones, arañazos y rasguños de  las argañas de las espigas, de tallos, picos y maleza resecos. También hacen pañuelos blancos para la cabeza ,que se ponen debajo del sombrero, y se cubren con él, boca, oídos y nariz, para evitar en algo el polvo de la tierra seca y las quemaduras del sol.
Se compran las alpargatas de cuerdas hechas de tela fresca y suela de esparto. Las medias gordas para preservar las piernas. Aunque, ya hay mujeres que han empezado a usar  debajo de las faldas, los pantalones de hombre para ir a la siega; su protección es  mayor  y resultan más cómodos de llevar que las medias.
Se compran los sombreros de paja para hombres y mujeres.  También hay gorras y sombreritos infantiles. O, se aprovechan, si no están muy mal, los cubre-cabezas del  año anterior.
En las escuelas dan comienzo  las vacaciones de la tarde. Y ya se escucha a los niños, cantar el sonsonete más querido  y más esperado por éllos.

"Vacantes pedimos,
vacantes nos dan,
si no nos los dan
le partimos un cristal..."

Mayo en la escuela.

Sin duda, los dos meses escolares más bonitos del curso eran Mayo y Diciembre.  Mayo, suponía ensayar canciones y poesías en  clase, tener que renovar las flores que llevábamos  a la escuela. Escuchar -explicar- a la maestra sobre historia y milagros de la Virgen, cantar y recitar  canciones  y poesías dedicadas a la Virgen María, a la que teniamos en la escuela. Pero lo que nos gustaba, todavía más, era  dejar algunas clases de las mañanas para asistir, junto con los maestros, a las rogativas de San Isidro.  Iban todos los niños y la gente mayor que no estuviera en el campo, aunque, había quien, como San Isidro, dejaba por una hora su tarea y se acercaba a las rogativas.   Recuerdo que  los maestros nos ponían en fila de dos, niños a un lado, niñas al otro lado.  Íbamos primero a la Iglesia a esperar el Santo que salía en dirección a los campos, cada día por un camino diferente a bendecir las tierras. En las rogativas, se hacían rezos y ruegos, pidiéndole, si hacía falta, que lloviera, que fuera un buen año para las cosechas.  Llegado el día quince, se celebraba (y sigue celebrándose) con gran devoción, la fiesta de San Isidro Labrador patrono de los agricultores. De este día de procesión al Santo, recuerdo los cohetes que tiraban los de "La Hermandad" hombres del campo. Esta pequeña -sede- permanecía abierta aunque era día festivo, por y para invitar al pueblo "a tomar un dulce" Recuerdo el local  reformado, sito en el antiguo  comercio  de la señora Cecilia, en la misma puerta de la Iglesia, y el amplio portal bordeado de bancos..., y al señor aguacil (Alguacil) y a los señores de la  Hermandad,  que iban y venían con las bandejas ofreciendo alegremente los pasteles entre bromas y risas.

Por estas fechas, volvía siempre y volvía con fuerza, el recuerdo  de las misteriosas apariciones de la Virgen de Fátima.  Volvía otro año más, el ambiente mágico a ocupar las mentes de niños y mayores; entre el encanto y el miedo, entre la maravilla y el temor, entre creer y no creer.  La maestra nos explicaba las apariciones, nos contaba como  en un cuento fantástico, de cómo se le apareció la Virgen a los niños, Jacinta, Francisco y Lucía, que eran pastores, que Jacinta y Francisco eran hermanos, que murieron, y  que Lucía aún vivía, y vivía en un convento, que, por petición de la Virgen, Lucía, se había metido a monja, y que estaba muy feliz. Por aquel entonces habían hecho una película sobre las apariciones.  La ponían todos los años como una conmemoración más a Nuestra Señora de Fátima.  La película volvía a impregnar el ambiente de magia, año tras año.  Recuerdo que le cantábamos en la escuela y en la Iglesia.  Recuerdo las  estampas, las medallas, y los Rosarios de cuentas  (fosforescentes), incluso imágenes en miniatura de La Virgen de Fátima que teníamos, prácticamente, en todas las casas del pueblo.
Sin duda, el mes de mayo en la escuela, era un mes mágico a los ojos y a las vivencias de los niños.

"El trece de mayo
la Virgen María
bajó de los cielos
a Cova de Iría.
Ave, Ave, Ave María...

A tres pastorcitos 
la Madre de Dios,
descubre el misterio
de su Corazón
Ave, Ave, Ave María...

El Santo Rosario
constantes rezad
y la paz del mundo
el Señor dará
Ave, Ave, Ave María (...)

Por Mayo.

Con la llegada del buen tiempo, las puertas de las casas, que llevaban meses vacías, empiezan a llenarse de gente.  Los días soleados ya invitan a salir con la silla a la solana a pasar el rato, o hablar mientras se  pelan patatas, se pica para pixto, se "escogen" alubias, lentejas o garbanzos, para preparar la comida o la cena.  Se cose y se repasa la ropa al uso, se empiezan labores , se compran hilos de colores y bastidores  nuevos para bordar los ajuares de novia.
Recuerdo que las niñas, al salir de  la escuela, nos sentábamos también a coser con nuestras madres y vecinas en la solana; equipadas con hilo,  aguja, el "rebujón de los trapos" y el dedal pequeño, cosíamos muñecas de trapo, o confeccionábamos varios limpia-plumas con un trozo de fieltro o de paño que le sobró  a la madre cuando nos hizo los abrigos.  Y recuerdo también los collares, pulseras, diademas  y guirnaldas de flores naturales, hechas con hilo y aguja, de margaritas y claveles que   recogíamos nosotras mismas por las eras.
A veces nos íbamos con nuestra madre, a la solana de los abuelos, o a la de las amigas, o éllas venían a la nuestra. Cuánto nos gustaba estar todas juntas contando y escuchando historias pasadas o cosas del momento.
Los niños solían irse  en grupo a los campos cercanos, a ver  los nidos, o a poner "pajareras" o a hacer prácticas con sus tira-chinas.  Siempre había alguno que se quedaba en la solana, porque le dolía la  barriga, o estaba acatarrado, y aprovechaba entonces, para fabricarse una pelota con tiras de goma, o hacer un balón con calcetines viejos.
Era por mayo, cuando se recogía la primera Flor de Malva.  En las casas del pueblo se hacía acopio de estas flores.  Se extendían  sobre una superficie hasta que estuvieran bien secas,  y luego, se guardaban en tarros de cristal.  Supuestamente ,la Flor de Malva tomada en infusión, curaba o aliviaba las gripes, constipados  y ronqueras (afonías) que llegaban, en verano al tomar cosas fresquitas, y más, con el frio  de los inviernos.
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Que por mayo era, por mayo,
cuando nace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor. (...)
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El mes de las flores.

Casi todas las huertas del pueblo tenían plantados rosales  cerca del brocal del pozo, alguna que otra además de los  rosales,  tenía lilas y  saúco.  A las puertas de algunas casas, o en un apartado del corral  también se plantaban rosales, lilares y saúcos.  Llegado Mayo florecía todo -Mayo florido- 
Las mujeres que cada semana se encargaban de barrer la Iglesia, preparaban el altar de la Virgen María, adornando bases  y peanas con paños blancos de buen hilo, hechos a mano,  bordeados con puntillas de bolillos y  ganchillo, con bordados y calados de vainicas.  Ponían maś candelabros  altos y dorados con velas nuevas, y llenaban jarrones y floreros de agua fresca, con rosas, lilas, lirios y saúco. La Iglesia olía a campo, a rosas, a cera ardiente, a aire fresco. Así, antes y durante todo el mes de Mayo,  se ensayaban cánticos, poesías y versos nuevos para honrar a la Virgen de Mayo al son del Triángulo y del Organillo.  Se renovaban velas, agua y flores en los Altares de la Iglesia.  
A la escuela también llevábamos rosas, lilas, saúco, lirios , flores silvestres y tomillo.  La maestra llevaba un pañito blanco de su casa,  dos velitas y, a su manera, preparaba un altar para regocijo de todos los alumnos.  Las niñas llevábamos flores durante todo el mes, y llenábamos la escuela de ramos, sobre todo de  rosas.  Recuerdo el ambiente perfumado de la clase, y los tarros de cristal llenos de flores puestos en las repisas de las ventanas y sobre la mesa de la maestra...
Y los cánticos y rezos a la entrada y salida de clase. ¡Cúanto nos gustaba ...!
Recuerdo los días que quedábamos para ir a coger rosas para llevar a la Iglesia y a la escuela,o para nuestras casas.  Ibámos por las huertas con los permisos de los dueños ya concedidos.  Recuerdo la huerta de mi abuelo, el rosal trepador con rosas fucsia pequeñitas, el rosal rosa, y el rosal amarillo que era el más frondoso y florido de los tres.   Recuerdo haber ido por las calles,  las casas y las huertas del Camino el Puente y el Camino la Bóveda a los rosales, los lilares y los árboles del saúco.   Y recuerdo también los primeros pinchazos de los rosales, y la  primera explicación metafórica de la maestra, respecto a las rosas y las espinas..., y al efecto que nos produjo dicha metáfora.
En la tarde-noche  se iba a la Iglesia "a las flores."  Después de merendar, después de haber jugado un rato, haber hecho los deberes de la escuela, haber estudiado la lección del día siguiente, después de haber hecho los recados y de ayudar un poco en casa;  cogíamos el velo y nos  íbamos  a la  Iglesia, al Rosario, o lo que era lo mismo "a las flores" que se decía en el mes de Mayo.  Se rezaba el Rosario y se cantaba a la Virgen,  se  le dedicaban los versos, poesías y cánticos que, previamente, habíamos ensayado, aunque  el "Venid y vamos todos..." era en este mes de Mayo, el canto de adoración  por excelencia a la Virgen María, tanto en las escuelas como en la Iglesia:

Venid y vamos todos,
con flores a María
con flores a porfía
que Madre nuestra es.

De nuevo aquí nos tienes
purísima doncella,
más que la luna bella,
postrados a tus pies.

A ofrecerte venimos,
flores del bajo suelo,
con tanto fervor y anhelo
Señora, tú lo ves.

Venid y vamos todos
con flores a porfía
con flores a María
que Madre nuestra es.
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"Ir a las flores" significaba  que podíamos  salir un poco todas las noches  de Mayo, hasta la hora de la cena, y esto tenía para nosotros otro encanto añadido; el de poder ver a los chicos, que ya estaban en los alrededores de la puerta de la Iglesia; para ver llegar a las chicas y esperarlas luego a la salida del Rosario.  Para juntarse y hablar un rato...  Poder hablar con quien te gustaba..., incluso acompañarte a casa a unos pasos de distancia de las amigas, o los que ya eran considerados "novios" que acompañaban solos (sin los amigos y amigas) a la chica, hasta su casa.

Poner el mayo.

El primer día del mes de Mayo, lo primero que hacían todos los vecinos del pueblo al levantarse por la mañana, era salir a la puerta de la calle, y mirar a ver si estaba puesto "el mayo".  Hoy era fiesta, fiesta de quintos.  El mes de Mayo comenzaba el 30 de Abril al anochecer.  Nos lo traían los quintos.  Después de una noche de juerga se iban a buscar "el mayo"  el árbol  más alto que encontraran, generalmente un chopo de la alameda del Rey( sita en las pozas del camino Toro, hoy la alameda está cortada y las pozas apenas existen), le cortaban el ramaje dejándole sólo la copa de la que colgaban, frutas, y ....cosas... y lo plantaban a la puerta de la Iglesia, después  en "el potro" hoy plaza del ayuntamiento nuevo.  El mayo, tan alto, podía  verse desde casi todo el pueblo. 
Poner "el mayo" era una meta para todos los niños, y un estímulo para los niños que se criaban poco-comedores, y había que hacerse fuertes y grandes, como los mozos, para ir a poner el mayo, para poder con él. 
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A continuación un texto del libro  " Apuntes para la Historia de San Román de Hornija"  escrito por un vecino de dicho pueblo.
Un documeto "al  mayo" .
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La tradición de poner el mayo

Los orígenes de esta fiesta se remontan a las antiguas civilizaciones de los fenicios a los griegos que manifestaban su adoración a sus dioses y lo que estos significaban en fiestas conmemorativas de exaltación de acontecimientos que para aquellos hombres tenían trascendencia, tales como los cambios de estaciones. La fiesta mayumea fenicia exaltaba la primavera. Esas costumbres fueron asimiladas por nuevas civilizaciones prerromanas, como la celta. La festividad celta de Beltane marcaba el comienzo de la temporada de verano pastoral cuando las manadas de ganado se llevaban hacia los pastos de verano y a las tierras de pasto de las montañas. De ahí la adoración de los fenómenos terrenales: tierra, mar y aire. Una de las principales actividades de la festividad consistía en encender hogueras en las montañas y colinas, poner altos árboles con rituales y significados políticos.
Esta tradición fue asimilada por los romanos en su adoración y culto a multitud de dioses. También asimilaron esta tradición mayumea en honor de la llegada de la primavera y de las primeras flores del año, el día que corresponde con el actual primer día de mayo. Todo poblado romano tenía además de los dioses oficiales los propios autóctonos. En Hispania se adoraba a la diosa Bona Dea también llamada Maya, Maia o Fauna diosa de la fertilidad en la mitología romana con la que se celebraba la llegada de la primavera. Seguramente esta tradición sufrió variaciones con la llegada de la civilización árabe a los campos de Castilla como la manifestación en cantos o rondas a la persona amada. El Cristianismo ha asimilado multitud de fiestas paganas que se profesaban con anterioridad a su implantación en fiestas religiosas y esta es un claro ejemplo de ello: la mayoría de dichas fiestas paganas pasaron a ser fiestas en honor a la Virgen María
Así es como la fiesta de la llegada de la primavera y adoración a la Tierra, pasaría a ser una fiesta de adoración a la diosa Maya en tiempo romano y posteriormente fue modificada como variante de exaltación religiosa, con la introducción de la veneración a la Virgen María.
Las teorías de culto animista dan en considerar al árbol como ser animado, teniéndolo por causa de espíritus de la vegetación y de la fecundidad. Cuando el hombre, durante el Paleolítico, es nómada tras las especies de caza, permanece en contacto directo con los bosques y con sus espíritus; mas al hacerse sedentario (en el Neolítico), rodea sus poblados, para defenderse, de potentes murallas, estableciendo una separación física entre su hábitat y sus bosques, entre su morada y la de sus numerosos protectores.
Por ello, al ser los árboles morada de espíritus, con la llegada de la primavera acudía al bosque y cortaba el árbol o rama donde se asentaba la divinidad, trayéndolo hasta el poblado para plantarlo en su centro, en la confianza sentida de que con la casa viene su morador a habitar nuevamente entre ellos, propiciando la prosperidad de las cosechas, la multiplicación de los rebaños y la bendición de las mujeres con hijos.
Posiblemente sea la tradición de "poner el Mayo", una de las más arraigadas en muchos de los pueblos, no solo de Castilla sino de toda la Península. Cuanto más alto sea el "mayo" más bizarría y valentía tienen los mozos del pueblo siendo igualmente quienes desde algún plantío deberán trasladarlo a su nueva ubicación: la plaza de la Iglesia, antes era en la plaza del Ayuntamiento.
Después de rescatada la viga, se comienza a altas horas de la madrugada a elevar y plantar el que será mayo de ese año. Esa viga llega con frecuencia a medir más de 20 metros de alto y pesar hasta 1500 Kilos, y además es adornada por una frondosa copa de pino en su extremo final. Los jóvenes se las ingenian como buenamente pueden, utilizando en el proceso: maromas, horquillas (antes carros), remolques tractores, además de la suma de todos los brazos afanándose por conseguir la verticalidad del "mayo", encajando su base dentro de un hoyo previamente realizado en el suelo y fijándolo en su estabilidad mediante piedras y tierra pisada. Tan compleja ingeniería requiere, la demanda de refuerzos, ya que la despoblación rural hace disminuir los componentes de quintos y allí vemos prestando ayuda: padres, tíos y hasta abuelos. Es por lo que podríamos decir que, en nuestro pueblo, “el poner el mayo” esa madrugada del día 1 de mayo es una fiesta generacional, sin olvidar el protagonismo de los quintos y quintas.
Ya el mayo está levantado, pero de él cuelgan las maromas que han servido para su ascensión. Ahora viene la acrobacia del quinto que trepa hasta media altura del chopo y desata tales sogas.
La presencia de este "gigante", en la plaza de la Iglesia, rompe con la monotonía invernal para anunciar la primavera y la estación de la luz. Han contribuido a ello los quintos y acompañantes en una madrugada larga y alegre, donde todos han sido obsequiados con jamón, chorizo, dulces y bebidas.
Todo esto no deja de ser una manifestación cultural más de nuestros pueblos, que aunque olvidando su trasfondo histórico y simbólico, luchan por el mantenimiento y supervivencia de unas tradiciones que no dejan enterrar.



Campanas -al vuelo- ( V ) parte.

Hoy es lunes, 16 de Abril del año 2012.  Es el segundo lunes después de Semana Santa es El Lunes de Aguas.  Con el estallido de los "cuetes" el repique de campanas y los compases de la música, empieza la fiesta con la celebración de La Misa Mayor,  misa cantada y procesión de la Virgen (antaño romería) acompañada por la banda de música local.

Fiesta de bailes, de muchos bailes.
El Martes de Aguas se estrenaban  los vestidos, y los trajes, para acudir al baile, un baile de caché.   Esta sesión matutina ,era la más importante y significativa de todos los bailes  que se daban en esta  fiesta.  Este baile tan representativo; en los años mozos  de mis padres, se hacía en la pradera del puente de piedra, y  años después en el salón de baile "Norte" del Camino Toro.
El ambiente de fiesta transcurría; entre las tómbolas y las atracciones infantiles asentadas en la puerta de la Iglesia, hasta el  café "Español" las calles de las bodegas, la calle El Puente, y el Camino Toro hasta el salón de baile "Norte."   La calle del Camino Toro  bordeada de puestos  donde ir a gastarse la paga, y las  pagas-extras, que nos daban nuestros familiares.   Figuritas de azúcar, regaliz de goma, regaliz natural, almendras garrapiñadas, avellanas, bolsas de caramelos, sobrecitos de refresco, bolas de  chicle,  los primeros chicles "Bazoca" los primeros Chupachups, bolas de anís, churros, pelotas de goma, balones de plástico, pistolas de agua, pistolas de fuminantes, silbatos, trompetas, gafas de sol infantiles, abanicos de papel, pay-pay, vasos plegables, máquinitas de retratar de plástico, cantimploras,  de plástico. Había mucho plástico, (era el material novedoso que acababa de aparecer por los mercados).
Los piñoneros y piñoneras del pueblo cargados con cestas, medidas de madera y  cucuruchos hechos con "papel de envolver" se paseaban entre el gentío, vendiendo piñones, "cacagüeses" cacahuetes y pipas a granel.
Al caer la noche, colgaban  un cableado de bombillas para iluminar los puestos.  El Camino Toro estaba resplandeciente con tanta  luz, si tenemos en cuenta, que el alumbrado del pueblo era de bombillas domésticas, colocadas una de la otra a una distancia considerable. Recuerdo el escaparate iluminado de la Confitería,  al paso de la gente, de  cómo  en los intermedios de los bailes, se ponía de bote en bote para tomar un pastel, reponer fuerzas ,y corriendo  de nuevo al baile.
Y recuerdo también, la importante presencia de  "el retratista" gracias a él, sobre todo, y a las escasas "máquinas de retratar" de particulares que nos dejaron  buena constancia de estas memorables fechas.  Casi todos,  por no decir todos, tenemos en nuestras casas un buen puñado de fotografías de la época, en tonos sepia y en blanco y negro

¡¡¡FELIZ LUNES DE AGUAS A TODOS!!!
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Este Lunes de Aguas ha sido  contado a través de una mirada infantil...    Han pasado 45 años desde la última vez que estuve en esta fiesta...
Y tal  parece que haya sido, de Ayer a Hoy.
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