Con motivo de la inauguración de La Luz: Villabuena en la Memoria

- Casa de La Luz, foto Manri -

Domingo, 18 de junio de 1922
                                         D E D I C A D O

 
a Don Landelino Crespo y al Consejo de Administración  por el pueblo de Villabuena, con motivo de la inauguración
 de la Luz Eléctrica


Venid con mucha atención
venid todos a escuchar
esta bonita canción
que ahora vamos a cantar.
 Sigue, sigue
el camino emprendido.
Sigue, sigue
prestando favor;
quisiera poner tu nombre
tan alto como está el sol.
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Versos extraidos del poema inaugural de La Luz
Del libro Villabuena en la Memoria - Cuentos del Sobrau

Claudio Moyano y Samaniego: Villabuena en la Memoria



Como cierre a este libro de memorias, entre fotos y palabras, vamos a remontarnos al año 1809 año en que vino al mundo el ministro Claudio Moyano y Samaniego de ideología liberal, su nacimiento tuvo lugar por nuestra zona, no se tiene la certeza del sitio exacto, entre Fuentelapeña y La Bóveda de Toro. Él consideró Fuentelapeña como su patria chica, de hecho está enterrado allí.
Actualmente, muchos de sus descendientes viven y conviven entre nosotros en nuestro querido pueblo de Villabuena del Puente. 

Cuentan y dicen y dicen y cuentan, que la madre de Claudio en avanzado estado de gestación acudió a visitar a sus familiares a La Bóveda y cuando regresaba a su hogar de Fuentelapeña, a punto de verse sorprendida por una partida de franceses que merodeaban por la zona, el carruaje frenó el recorrido y allí mismo la parturienta alumbró al pequeño Claudio en plena naturaleza el penúltimo día de octubre de 1809.

En memoria de su persona ilustre, de su hacer que como es sabido ostenta una biografía académica y profesional muy extensa, lugar que ocupa en la historia a la que hoy en día y a través de los avances tecnológicos todos podemos acceder. 
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Fragmento de Villabuena en la Memoria - Cuentos del Sobrau

Mirando al cielo: Villabuena en la Memoria



En el tiempo de la recolección, en el tiempo de los nublaus, en el tiempo de la sementera, y en todo el tiempo y en todos los días de su vida los hombres y mujeres del campo miraban al cielo, de él dependían sus cosechas, de él iba a depender su medio de vida. Entendían el cielo a fuerza de mirarlo, entendían las nubes, entendían su color, si  venían cargadas de agua, de nieve o si eran nubes secas, entendían su forma, su posición y su dirección cuando eran vapuleadas por el viento, y, sabían a qué olía el aire cuando las tormentas, cuando el granizo, cuando la lluvia, cuando el bochorno, cuando la nieve, cuando las heladas.

Y eran de verdad, porque siempre acertaban, aquellos refranes que venían de muy antiguo. Como ejemplo estos dos entre los muchos que había:

“Si sale el arco (arco iris) al poniente echa el arau y vente”   
                                       
Quería decir que este día sería un día de lluvia, de caer mucha agua, de no poder estar trabajando la tierra.

“Cuando se enfadan los de Cistierna y le contesta Extremadura, agua segura”

Significaba que llovería mucho cuando coincidían estos cielos oscuros norte y sur, al noroeste Cistierna (León)  y por el sur los cielos extremeños. 
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Fragmento: Villabuena en la Memoria - Cuentos del Sobrau

Poner en marcha la máquina del tiempo



Imagen del estudio de Fotografía Parra, ahí está cincuenta y cinco años después, cincuenta y cinco que yo recuerde, pero deben ser más porque el fotógrafo Parra ya estaba en nuestras vidas cuando empezamos a tener memoria los de mi generación.
El impacto fue grande cuando en febrero pasado me encontré con los restos del estudio de Fotografía Parra que no había vuelto a ver a pesar de que frecuento esta calle, quizá han estado ocultos bajo otros rótulos, no sé, pero no podía dejar de hacer unas fotos a este encontronazo con el pasado que me trasladó a la infancia dejándome plantada delante del establecimiento no sé por cuánto tiempo.
Allí íbamos a hacer las fotos de los bautizos, de la comunión, las fotos cuando jovencitas para tener una buena foto de estudio, allí iban los novios a hacerse su foto de bodas y su ampliación correspondiente, y el fotógrafo Parra también iba por Villabuena a hacer fotos sobre todo en fiestas.
Pisar las calles de Toro afecta y trastoca las emociones, es como poner en marcha la máquina del tiempo, cada calle, cada rincón de las calles principales que pisaron y pasearon nuestros ancestros nos habla de ellos, de los que ya no están...
Fragmento: Villabuena en la Memoria - Cuentos del Sobrau

El médico y la marquesa: Villabuena en la Memoria


-foto simbólica-

<<... Contaban, que todo aquel sitio del trinquete era de un médico que vino de Galicia, que, como en los viejos cuentos, un día, y en un lugar muy lejano del pueblo, curó a una marquesa que estaba enferma y, que ningún otro médico había conseguido sanar. Entonces, la señora marquesa por agradecimiento a su salud, se casó con él.

Que un día (sin que pasara nada a nadie) el edificio del trinquete se derrumbó, y, en el pueblo empezaron a decir "ya no levanta el gallego el trinquete". A lo que el médico respondía, ¿que no levanta el gallego el trinquete? ¡Si no lo levanta de tierra lo levanta de billetes de mil pesetas! Y lo levantó, vaya si lo levantó...>>

<<... Con la llegada del buen tiempo abrían los balcones del café-casino, y los sonidos musicales de la gramola se colaban por la calle del Camino Toro. En las vísperas de las fiestas grandes y durante las fiestas, sacaban la gramola al balcón y subían el volumen de la música alegrando más, si cabe, el ambiente festivo de las calles...>>
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Fragmento de Crónicas a la Luz del Candil

Descubriendo el Trinquete: Villabuena en la memoria


-A la derecha de la imagen el trinquete con su  tejado de pendolones

 y sus ventanas,  pequeñas, a una altura considerable-
<<... El tío-Yayo, no se llamaba Yayo, así lo llamaba la dueña del trinquete y así era como lo llamábamos los niños porque no sabíamos pronunciar bien su verdadero nombre. El tío Yayo vivía y tenía aquí su trabajo ininterrumpido de lunes a domingo más festivos, de semana a semana, de mes a mes, de año a año. Era el camarero del café-casino del trinquete. El mayordomo de la casa. El chófer del aiga de los dueños del trinquete. Era, el que, con una pequeña ayuda limpiaba todo el recinto del trinquete y se encargaba de que todo, incluida la casa y el corral, sitos en dicho recinto, estuvieran en óptimas condiciones...>>

<<... El edificio del trinquete era el más alto del pueblo después de la Iglesia. Era de forma rectangular con el suelo de cemento fino, con paredes y zócalos pintados de amarillo, con ventanas de altura inalcanzable, de techos altísimos de vigas de madera (pendolones) entre las que revoloteaban algunos pájaros. En el trinquete se celebraban grandes bailes, teatro, títeres y comedias, y se jugaba al frontón de pelota con partidas muy sonadas, entre jugadores de fuera y jugadores del pueblo...>>

<<... Al café del casino del trinquete, acudía la gente del pueblo y gente importante de fuera. Venían de otros pueblos a caballo, en coche de caballos, y en los aigas. Habían oído hablar del Gran-Casino, tenía fama, y jugaban a diario hasta altas horas de la noche. Era por la noche cuando empezaba a funcionar el Gran-Casino. Y, era también a altas horas de la noche cuando el ambiente de las apuestas alcanzaba todo su esplendor...>>

<<... Con el tiempo, en la cocina de la casa del trinquete pusieron un estanco, y entre la señora y el tío-Yayo despachaban usando de mostrador la mesa de la cocina. Y con el tiempo, el Gran-Casino albergó una escuela...>>

<<... Otra vez el tiempo que no para, se había llevado a tío Yayo. Mucho después a la señora de la casa, y así la ley de la vida. Y llegaron las herencias, las particiones, todo el recinto del trinquete se fue fragmentando en las mil y una propiedades, hasta que dejó de ser lo que había sido. El sitio está. Diferente y extraño. El edificio existe. A media altura, pero está...>>
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Fragmentos de Crónicas a la Luz del Candil

Hoy he vuelto a casa, a casa de mis padres...


El eco resuena con mis pisadas.

El silencio.  Olor a nada.

El polvo parado, añejo.

La chimenea desierta.

Un frío intenso traspasando  muros y  tejas.

Las begonias muertas.

Habita el orden en la cocina,

en toda la estancia.

Reloj callado, silencioso.

El teléfono seco.

Calendario ajado, tiempo sin vida.

Ya no crece el jersey enhebrado en las agujas,

la lana del ovillo quieta.

Al refugio de la tenada

esperan dormidos los aperos:

las alforjas, el arado, la hoz,

las gradas, la guadaña, la azuela...

El agua turbia y estancada

mantiene el humedal musgoso;

poblado de caracoles, gusanos y babosas.

Y el jardin del árbol frondoso

que decidió morirse con élla.

Han llorado los marcos de las puertas

lágrimas de ámbar, resinas secas.

Atmósfera vana, sin huellas.

Horadaron sus túneles las hormigas,

las arañas colgaron sus telas,

y en las paredes ayer consistentes,

han brotado grietas.

Enquistado el tiempo en la casa paterna,

tesoro de mi vida.

Como está vacía..., cobra vida élla;

reclama atención rompiendo sus aceras,

sobre las paredes abre grietas,

al viento permite que vuelen sus tejas...

La maleza del jardin se pone en alerta,

fortalece el pino, para que sus ramas

cuando las tormentas, la protejan.

No quiere estar rota, no quiere estar sola

entre arañas y hormigas, que la horadan

que la rasgan, que la arañan, que la agrietan...

Bajando las persianas, han tapiado sus ojos

blindado sus ventanas...,

y quiere ver el sol, sentir su calor,

oler la lluvia, humedecerse de niebla,

inundarse del resplandor blanco cuando nieva,

y oler a fuego y crujir al calor

de los rayos encendidos del sol,

y de las brasas de leña,

y contemplar la luna, contar las estrellas,

jugar con el viento moviendo las puertas,

desperezar sus mañanas

con trinos de golondrinas

cuando es primavera.

Vivir, vivir como antaño, sentirse despierta.

La casa, mi casa, la nuestra.

Mi vida, mis tesoros, mi referencia.

¿De dónde aprenderé a vivir?

¿De dónde beberán mis soledades?

¿Dónde quitarme la pena...?

Mis mayores, mis referencias;

tesoros de mi vida y de mi tiempo.

Pueda o no pueda...,

hay una deuda...,

devolver la vida a la casa nuestra,

que no sufra, que no envejezca,

que la llenen sus hijos, sus nietos,

de risas nuevas, de aromas nuevos,

como la misma vida que  se renueva...

Al semillero fértil, las flores nuevas,

al árbol viejo, de savia nueva.

Airearla, solearla, humedecerla, templarla,

alimentarla, rescatarla,

devolverle la vida, compartirla, alegrarla...

Removiendo sin parar, resurgirla,cuidarla.

Puede evitarse su muerte;

pues que no muera...  Ella no.

Mi tesoro, mi vida, mi referencia...

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Elegía a mi casa paterna  -  Crónicas a la Luz del Candil