jueves, 19 de mayo de 2016

Lago de Sanabria o Valverde de Lucerna


"Antiguamente, en el lugar que hoy ocupa el lago de Sanabria -que no existía-, tenía emplazamiento en Valverde de Lucerna. Cierto día se presentó en la villa un pobre pidiendo limosna -era Nuestro Señor Jesucristo- y en todas las casas le cerraron las puertas. Tan solo se compadecieron de él y lo atendieron unas mujeres que se hallaban cociendo pan en un horno. Pidió allí el pobre, y las mujeres le echaron un trocito de masa al horno que tanto creció que a duras penas pudieron sacarlo por la boca del mismo. Al ver aquello, le echaron un segundo trozo de masa, aún más chico, que aumentó más de tamaño, por lo que se hizo preciso sacarlo en pedazos. Entonces diéronle el primero que salió. Cuando el pobre fue socorrido, y para castigar la falta de caridad de aquella villa, díjoles a las mujeres que abandonaran el horno y se subieran para un alto, porque iba a anegar el lugar. Cuando lo hubieron hecho y abandonaron Valverde, el pobre pronunció unas palabras mágicas y el prodigio se produjo.

Tan pronto como fueron dichas -sigue la leyenda zamorana- brotó un impetuoso surtidor de la tierra, que en pocos momentos anegó totalmente a Valverde de Lucerna, quedando el lago como hoy se ve. Tan solo quedó al descubierto una islita, que jamás se cubre cuando en las crecidas, y situada exactamente en el lugar que ocupó el horno en que fue socorrido el pobre. Por lo demás, el lago conservó la virtud de todo aquel que se acercare a él en la madrugada de San Juan y se hallare en gracia de Dios oirá tocar las campanas de la sumergida Valverde".

(Miguel de Unamuno).

Así recoge la leyenda Luis Cortés en su artículo "La leyenda del lago de Sanabria", Revista de Dialectología y Tradiciones Populares.


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El lago de Sanabria el mayor lago de origen glaciar de la península ibérica.

Fragmento Wikipedia
El origen de este espacio natural se sitúa en las fases más frías del Cuaternario, cuando en Sanabria se establecieron las condiciones glaciares que afectaron notablemente al modelado de sus montañas. Durante este período, el límite de las nieves perpetuas se estableció en torno a los 1.600 m de altitud, lo que permitió que durante la glaciación del Würm en la altiplanicie de la sierra, se establecieran grandes acumulaciones de hielo y nieve, originando un glaciar de meseta o casquete. De él divergían largas y potentes lenguas de hielo encajadas en los anteriores valles fluviales. Hace 10.000 años la glaciación terminó y la lengua glaciar se retiró dejando al descubierto amplios y profundos valles, circos glaciares, rocas aborregadas, estrías glaciares, morrenas, el lago y más de 20 lagunas diseminadas por la sierra.
El lago de Sanabria es el elemento más característico de este territorio, el mayor lago de origen glaciar de la península ibérica, con 318,7 ha y una profundidad máxima de 53 m. Además, y dispersas por la sierra, se pueden encontrar más de una veintena de lagunas, diversos cañones demostrativos de la misma acción glaciar cuaternaria e innumerables cascadas y regatos que han dado origen a una zona con increíbles valores estéticos y paisajísticos.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Villabuena en la memoria XI



-Buenos días, saluda la señora  maestra.
-Buenos días tenga usted. Cómo se nota que ya va apuntando mayo. Ahora iré pa`llá a pedir agua, que ya anda la pobre gente regando. Dice el viejo a modo de saludo que, sentado en el poyo de su puerta, toma el sol con las manos cruzadas encima de la cayada.

A primeros de mayo y hasta la víspera del día del santo, los niños de la escuela, a eso de las doce, salen en procesión acompañados de sus maestros, en filas de a dos, niños en un lado y niñas en otro. Caminan en silencio obligado camino de la Iglesia. En voz muy baja y a escondidas del maestro, se van contando unos a otros la primera vez que vieron al santo, cuando un día sus padres los llevaron a misa y le enseñaron la Iglesia y el altar de San Isidro y allí, delante de los bueyes, los auparon para que los vieran mejor.

De todos los santos expuestos en la Iglesia es San Isidro el que más le llama la atención desde chiquitines porque este santo tiene dos bueyes enganchados a un arado y guiados por un Ángel. Y ellos, en su corta vida, conocen lo que sus mayores les han ido contando; que en sus tiempos mozos trabajaron el campo con bueyes, pero que de pocos años aquí; las mulas, los burros y algún que otro caballo y yeguas habían ido reemplazando a los bueyes y en todo el pueblo ya no quedaba de muestra ni una yunta. Decían que, con el cambio, hubo como una pequeña revolución porque unos estaban a favor y otros en contra, porque los bueyes eran lentos de movimiento y marcha, en comparación con las mulas, pero que también eran unos buenazos. El murmullo infantil va subiendo de tono y los maestros, de nuevo, a poner orden en las filas.

Hoy es el primer día de rogativas y, por la mañana temprano, antes de salir al campo, las madres, entre otras tareas, han dejado preparado el velo de las niñas, junto al cabás, para que no se les olvide llevarlo a la escuela.

Los padres también se han ido al campo todavía más temprano,  las madres salen un poco más tarde, cuando dejen aviada la casa, y alguna que otra tarea doméstica. Padres y madres se van al campo, tranquilos, porque los niños están recogidos en la escuela y, algo aprenderán. Las madres vuelven a casa a tiempo de preparar la comida antes de que los niños lleguen de la escuela, pero no faltan esos niños que tienen que comer solos o en casa de los abuelos porque, sus padres, tienen las  fincas muy lejos del pueblo y no les compensa ir a casa al medio día, y dejan la comida hecha y le dicen a la vecina, que le eche un ojo a los chiquillos. 
Los padres les han dicho que pidan agua a San Isidro, que este año hace mucha falta que llueva en mayo para que haya buenas cosechas, que es lo que se pide al santo, este santo que es el patrón de los labradores y que, conocido es el milagro de haber hecho que sus bueyes araran solos mientras él rezaba aunque hay quien cuenta que el que guiaba el arado era un Ángel, pero que sabido es por todos, que San Isidro con su vara de labranza tocó un peñasco y empezó a brotar agua.

Y con estas creencias los niños acuden a las rogativas de San Isidro, entusiasmados, porque van a hacer algo por sus padres, por sus campos, algo que los padres no pueden hacer por tener que ir a trabajar. Los niños de la escuela son casi el único publico, junto con el señor cura, y las personas muy mayores que van a las rogativas, ya que la gente en edad de trabajar, como dice la señora maestra, están todos en los campos.

Y la chiquillería va más que feliz repitiendo en letanía el Ora Pro Nobis  en latín de las peticiones que hace, en voz alta, el señor cura, luego coge el hisopo del Agua Bendita y la esparce por los campos mojando aquí y allí todos los caminos del pueblo que salen a los campos, un día por el norte, otra mañana al este, otra al sur, otra al oeste y en dos semanas quedan todos los campos bendecidos en presencia del santo, de los bueyes, del arado, del ángel, de la vara. Con la esperanza puesta en esa imagen, en esa figura que los niños han visto a la izquierda del altar mayor  y que, en las rogativas, es llevada en andas por cuatro hombres de la cofradía de San Isidro labrador.

Por cualquiera de los caminos el campo está ralo hasta de flores. La sequía ha ido haciendo mella, aunque no ha podido con el olor a tomillo, a rosas, a lilas y saúco, ni tampoco con que el vuelo de las mariposas se expanda por el aire, solo que no luce tan esplendoroso como en otras primaveras. Pero lloverá seguro, para eso están yendo a las rogativas.

De la escuela a las rogativas

-Buenos días, saluda la señora maestra. -Buenos días tenga usted. Cómo se nota que ya va apuntando mayo. Ahora iré  pallá,  a p...