domingo, 30 de abril de 2017

De la escuela a las rogativas




-Buenos días, saluda la señora maestra.

-Buenos días tenga usted. Cómo se nota que ya va apuntando mayo. Ahora iré pallá, a pedir agua, que ya anda la pobre gente regando. Dice el viejo a modo de saludo que, sentado en el poyo de su puerta, toma el sol con las manos cruzadas encima de la cayada.

A primeros de mayo y hasta la víspera del día del santo, los niños de la escuela, a eso de las doce, salen en procesión acompañados de sus maestros, en filas de a dos, niños en un lado y niñas en otro. Caminan en silencio obligado camino de la Iglesia. En voz muy baja y a escondidas del maestro, se van contando unos a otros la primera vez que vieron al santo, cuando un día sus padres los llevaron a misa y le enseñaron la Iglesia y el altar de San Isidro labrador, y allí, delante de los bueyes, los auparon para que los vieran mejor. De todos los santos expuestos en la Iglesia, es San Isidro el que más le llama la atención desde chiquitines porque este santo tiene dos bueyes enganchados a un arado y guiados por un Ángel.

Hoy es el primer día de rogativas y, por la mañana temprano antes de salir al campo, las madres, entre otras tareas, han dejado preparado el velo de las niñas junto al cabás, para que no se les olvide llevarlo a la escuela.

Los padres les han dicho que pidan agua a San Isidro, que este año hace mucha falta que llueva en mayo para que haya buenas cosechas, que es lo que se le pide al santo, este santo que es el patrón de los labradores.

Y con estas creencias los niños acuden a las rogativas de San Isidro, entusiasmados, porque van a hacer algo por sus padres, por sus campos, algo que los padres no pueden hacer por tener que ir a trabajar.

Los niños de la escuela son casi el único público, junto con el señor cura, y las personas muy mayores, que van a las rogativas, ya que la gente en edad de trabajar, como dice la señora maestra, están todos en los campos.
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Del libro Cuentos del Sobrau Villabuena en la Memoria 

El médico y la marquesa: Villabuena en la Memoria


-foto simbólica-

<<... Contaban, que todo aquel sitio del trinquete era de un médico que vino de Galicia, que, como en los viejos cuentos, un día, y en un lugar muy lejano del pueblo, curó a una marquesa que estaba enferma y, que ningún otro médico había conseguido sanar. Entonces, la señora marquesa por agradecimiento a su salud, se casó con él.

Que un día (sin que pasara nada a nadie) el edificio del trinquete se derrumbó, y, en el pueblo empezaron a decir "ya no levanta el gallego el trinquete". A lo que el médico respondía, ¿que no levanta el gallego el trinquete? ¡Si no lo levanta de tierra lo levanta de billetes de mil pesetas! Y lo levantó, vaya si lo levantó...>>

<<... Con la llegada del buen tiempo abrían los balcones del café-casino, y los sonidos musicales de la gramola se colaban por la calle del Camino Toro. En las vísperas de las fiestas grandes y durante las fiestas, sacaban la gramola al balcón y subían el volumen de la música alegrando más, si cabe, el ambiente festivo de las calles...>>
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Del libro Cuentos del Sobrau - Villabuena en la Memoria

viernes, 28 de abril de 2017

El tiempo está parado

Hoy he vuelto a casa, a casa de mis padres. El tiempo está parado. El polvo, aunque escaso, se ha ido aposentando y se deja ver sobre los muebles. He abierto todas las ventanas. La esperanza puesta en cualquier rincón donde puedan aparecer mis padres. Los armarios intactos, con sus trajes, los zapatos, el paraguas... La sensación de que llegarán en cualquier momento, como si hubieran salido a pasear. Deambulo por toda la casa, me acompaña el silencio, un silencio roto por los sonidos de mis pisadas. Todavía no he podido pronunciar -han muerto- solo sé que por donde miro no están.
He salido al jardín, no veo las flores, ni los rosales, la maleza se yergue frondosa y uniforme hasta el nivel de la tapia, y, he pisoteado impotente todos los yerbajos y he vuelto a entrar en casa. El eco resuena con mis pisadas. El silencio. Olor a nada. El reloj callado, silencioso. El teléfono seco. Calendario ajado, tiempo sin vida. Ya no crece el jersey enhebrado en las agujas, la lana del ovillo quieta. Enquistado el tiempo en la casa paterna, tesoro de mi vida. Han llorado los marcos de las puertas lágrimas de ámbar, resinas secas. Al refugio de la tenada esperan dormidos los aperos de labranza. Y el jardín del árbol frondoso que decidió morirse con ella...
Vivir, vivir como antaño. Sentirse despierta. La casa, mi casa, la nuestra. No quiere estar rota, no quiere estar sola entre arañas y hormigas, que la horadan que la rasgan, que la arañan, que la agrietan... Quiere ver el sol, sentir su calor, oler la lluvia, humedecerse de niebla, inundarse del resplandor blanco cuando nieva, y oler a fuego y crujir al calor de los rayos del sol y de las brasas de leña, y contemplar la luna y contar las estrellas. Vivir, vivir como antaño, sentirse despierta. La casa, mi casa, la nuestra. Que no sufra, que no envejezca, que la llenen sus hijos, sus nietos, de risas nuevas, de aromas nuevos, como la misma vida que se renueva. Mi tesoro, mi vida, mi referencia.
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Del libro Cuentos del Sobrau - Villabuena en la Memoria 

martes, 25 de abril de 2017

La calle El Oro

- Foto de Ernestina de la Iglesia. Gracias Tinita -

<<... La infancia es lo que más dentro queda. Eso creo y eso dicen. Y, dicen también, que hay más de una infancia; la primera de los dos a los cinco años y la segunda de los cinco  a los once. Será así si así lo afirman los expertos. 

Nací en la calle "El Oro" ahora  calle Oro y allí viví hasta los diez años. Allí quedó mi infancia. Allí transcurrieron mis dos infancias, la segunda como dicen, a falta de un año.
Para mí, mi infancia sin clasificar ni ordenar transcurrió en la calle "El Oro" y no hay vez que vaya al pueblo que no pase por esta calle y que no me detenga delante de la casa que fue mi casa. Agradezco, a quien sea, que todavía sigue en pie.

He tenido ocasiones de poder entrar a verla, de asomarme a aquel sobrau de techo alto que tenía una habitación en la parte de la ventana, cuando mirabas por aquella ventana alargada y estrecha, se veían más de cerca las nubes, los tejados, los paseos y las siestas de los gatos, los nidos de golondrina pegados al alero, la palomilla de la luz sujeta a la fachada de enfrente y aquel alambre eléctrico donde se subían a cantar las pajaritas de nieve, las golondrinas y todos los pájaros que vivían en mi calle. Allí, a la luz de la ventana, mi hermana y yo subíamos a jugar con el buen tiempo. Subíamos la caja de los cromos, el plumier, las tabas, el parchís, las muñecas, los libritos de colorear, los cuentos y todos los juguetes. Recuerdo el sol que entraba por aquella ventana sin cristales que se cerraba con el cuarterón, y recuerdo que, entrar en aquella habitación era como sumergirse en el mundo mágico de los cuentos bonitos. 

La calle El Oro estaba perfectamente empedrada con cantos grandes, cantos de río, posiblemente la única calle del pueblo que, por mucho que lloviera no se hacían barros.  

En la calle El Oro teníamos todo cerca empezando por nuestra vecina la maestra de párvulos; el señor secretario, el ayuntamiento o consistorio, el cementerio, la fuente pública, las Peñicas, la escuela de parvulitos en una panera (poco después en la escuela nueva de las escuelas de abajo), el comercio, el médico, el camino Toro, el estanco, la Iglesia, el baile, la confitería, la era, el trinquete, "las rebecas" las dos esquinas de los pregoneros y unos vecinos entrañables, vecinos de siempre y para siempre, vecinos de la infancia, vecinos de Oro...>>
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Del libro Cuentos del sobrau - Villabuena en la Memoria

lunes, 24 de abril de 2017

Madrugada del primer día del mes de mayo



- El árbol de mayo en un cuadro de Francisco de Goya -

Esta fiesta se remonta a las civilizaciones fenicia y griega. Representaba la conmemoración de los cambios de las estaciones naturales del año. Esta fiesta mayumea exaltaba la primavera o estación de la luz, la llegada de las primeras flores del año y la adoración a la tierra, al mar, al aire y a la diosa Maya.

En la creencia de que en el árbol se asentaba el espíritu de la fecundidad, se cortaban y se llevaban hasta el centro de los poblados en la confianza de la prosperidad de las cosechas, de la abundancia de sus rebaños y de la bendición de las familias.

En nuestros días, el primer día del mes de mayo, lo primero que hacían todos los vecinos del pueblo al levantarse por la mañana, era salir a la puerta de la calle y mirar a ver si estaba puesto El Mayo. Hoy era fiesta, fiesta de quintos. El mes de mayo comenzaba el treinta de abril al anochecer.

Poner el mayo era una meta para los niños varones, y un estímulo para esos niños que se criaban poco comedores, y había que hacerse fuertes y grandes, como los mozos, para ir a poner el mayo, para poder con él.

La sola presencia de este (Mayo) árbol imponente plantado en la plaza del pueblo rompía el letargo del invierno y enaltecía la estación de la primavera.
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Del libro Cuentos del Sobrau - Villabuena en la Memoria

sábado, 22 de abril de 2017

Las campanas tocan a vísperas




<<... Empieza a apuntar la primavera, el pueblo se despereza del duro letargo que supone el invierno de Castilla. Se sacude el frío acumulado y se pone en marcha.

Se encalan las fachadas, se repintan los zócalos, se embarran las casas, o se pintan las paredes de "colamina" blanca o de colores, se pintan puertas y ventanas, se da una mano de barniz a los muebles, se enceran los suelos de madera, se adecentan los suelos de barro prensado dándole color con una mezcla de barro y boñigas, se pintan las zonas pavimentadas con baldosa roja con polvos coloraus y barniz, se limpian a fondo los pisos empedrados con dibujos y cenefas hechas de cantos de río y de chinas. El pueblo huele a cal, a tierra húmeda, a pinturas plásticas, a aguarrás, a barnices, a esmaltes, a purpurinas. 

Los almendros han florecido. Los sembrados no paran de crecer y las flores silvestres colorean los campos. Las golondrinas han vuelto a sus tejados. Es el run-run de la primavera. 

Muy de mañana vamos camino del horno, Tenemos la vez para ir a hacer las rosquillas y los molletes. Se ultiman los preparativos. Se sacan las mantelerías buenas, la vajilla de teja, la cristalería, los cubiertos y los preciosos fruteros de rejilla, con flores esmaltadas, para disponer el surtidos de  los dulces del postre.

A la puerta de la Iglesia, se arremolinan los más jóvenes para ver llegar los camiones cargados con tómbolas y puestos de golosinas. El público infantil llena de jaleo, de bulla, de risas y de cánticos la puerta de la Iglesia cuando ven aparecer los caballitos, las cadenas, las barcas, el tiovivo...

Es el segundo lunes después de Semana Santa, es El Lunes de Aguas. Con el estallido de los cuetes el repique de campanas y la música empieza la fiesta con la celebración de La Misa Mayor, y la procesión de La Virgen del Rosario y el Niño.

Es Martes de Aguas, por la mañana se estrenan los vestidos y los trajes para acudir al baile, un baile de caché. Esta sesión matutina era la más importante y significativa de todos los bailes que se daban en las fiestas. Este baile tan representativo; en los años mozos de nuestros padres, se hacía en la pradera del puente de piedra y años después en el salón de baile Norte del Camino Toro.

Recuerdo que al caer la noche colgaban un cableado de bombillas para iluminar los puestos de golosinas del Camino Toro. Y recuerdo el escaparate iluminado de la confitería. Y recuerdo la importante presencia de "el retratista" ...>>
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Del libro Crónicas a la Luz del Candil.

lunes, 17 de abril de 2017

Para no olvidar ayer



23 de abril de 2017

<<... Este viaje Quico ha de quedarte en la memoria, ahora que ya andas madurándola, ahora que vas haciéndote mayor. Por eso hemos venido este año, y el otro también, y el otro, hasta que tu memoria pueda guardarlo en el recuerdo como hice con tu padre, Dios lo tenga en su gloria. Quico, hijo, lo que no se celebra, lo que no se conmemora, los mayores lo olvidan y los pequeños lo ignoran, y yo, yo no quiero que eso te ocurra a ti. Cuando crezcas más, tú elegirás si vuelves otros años o no, pero escogerás sabiendo.

Y, sí, esto es Castilla, y Villalar donde más se siente Castilla. Donde Castilla es más Castilla. Y lo es en la mayoría de la cuenca hidrográfica del Duero, y Ávila y Burgos, y León, y Palencia, y Salamanca, y Segovia, y Soria, y Valladolid y Zamora.

Al llegar a Villar de los Comuneros, las calles están inundadas de gente, de gente que enarbola banderas y estandartes, la música ameniza las canciones típicas de este día. En la plaza principal, el abuelo y el niño se han ido abriendo paso entre el gentío esperando que dé comienzo la representación. Un año más se repite la escena conmemorativa; el cadalso, los verdugos... Se oye por megafonía:

"En Villalar de los Comuneros, a 23 de abril..."

Se hace el silencio, salen los actores al escenario y da comienzo la representación. El abuelo aprieta la mano de Quico y le dice al oído:

-Todo esto también es Castilla. La Castilla Comunera. Para no olvidar ayer Quico, para no olvidar ayer.

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Fragmento de Crónicas a la Luz del Candil

martes, 11 de abril de 2017

El porqué del Lunes de Aguas


El Lunes de Aguas en Villabuena del Puente, según cuenta la tradición, se originó a consecuencia de una gran sequía que amenazaba hambruna. Los vecinos del pueblo convinieron en sacar a la Virgen del Rosario hasta una ermita de la orden de San Juan de Jerusalén que había en el término llamado El Contadero, para hacer una rogativa.

Ese mismo día, lunes, al finalizar la petición, el cielo se puso oscuro y empezó una lluvia con agua "bien caidita" y abundante. Llovió el lunes y también el martes. El júbilo de las gentes del pueblo al ver cómo se salvaban sus cosechas fue tan grande que festejaron el lunes y también el martes con grandes bailes. Desde entonces, año a año, se conmemoraba el Lunes de Aguas y el Martes de Aguas con grandes bailes.

El Lunes, en la ceremonia religiosa, sacaban en procesión a la Virgen del Rosario por el término llamado El Contadero que es donde dicen que se produjo el milagro.
(Este es uno de los porqués, hay otros).

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Fragmento de Crónicas a la Luz del Candil

viernes, 7 de abril de 2017

Han pasado cien años


La orquesta del pueblo ensayando o tocando a la solana, pudiera ser en día de fiesta ya que van vestidos de traje y zapatos. Año aproximado 1917.
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Del libro # Cuentos del Sobrau - Villabuena en la Memoria #

jueves, 30 de marzo de 2017

Santa Marina: Villabuena en la Memoria



Los soportales de Santa Marina veían por sus ojos porticados, año tras año, la noche y el día de la feria de los ajos en los últimos días de junio, por san Pedro.  Mis ajos, nuestros ajos y todos los ajos de los pueblos aledaños.

Ventas que se traducían en algún detalle sencillo, en una prenda de vestir o en un juguete nuevo para los niños cuando los juguetes no abundaban. Ventas que se convertían en un ingreso extra al que recurrir por si hacía falta. Aunque costara su cultivo, aunque costara su trenzado, aunque costara su transporte, aunque costara pasar la noche a la intemperie guardándolos en esta plaza de Santa Marina.
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Del libro Villabuena en la Memoria - Cuentos del Sobrau

miércoles, 29 de marzo de 2017

El Potro: Villabuena en la Memoria

                                 

Parece que era ayer cuando, en el lugar que ocupa hoy el ayuntamiento estaba la casa de los maestros y, pared por medio, la casa del médico, hoy, bar de los jubilados. Dos casas amplias y sencillas, cuya explanada estaba sin asfaltar. Nada estaba asfaltado a principios de los sesenta.

En esta pequeña plaza de nombre "El Potro" había una tercera casa a la derecha de la imagen, que pertenecía a un particular. Frente al bar, dos corrales propiedad de los vecinos colindantes de otra calle, estos corrales se utilizaban de toriles en la fiesta de San Roque. El Potro se cercaba con carros de labranza y se celebraba la corrida de toros del 16 de agosto, día de San Roque por la tarde. Y alguna que otra verbena también.

Al "Potro" venían titiriteros y artistas.

A esta plaza entraban los coches de línea a coger y dejar viajeros, varias veces al día.

En "El Potro"se herraban los animales de labranza. También se hacían fiestas de quintos y en todo el medio se plantaba el "Mayo"
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Del libro Cuentos del Sobrau - Villabuena en la Memoria

viernes, 24 de marzo de 2017

Con motivo de la inauguración de La Luz: Villabuena en la Memoria

- Casa de La Luz, foto Manri -

Domingo, 18 de junio de 1922
                                         D E D I C A D O

 
a Don Landelino Crespo y al Consejo de Administración  por el pueblo de Villabuena, con motivo de la inauguración
 de la Luz Eléctrica


Venid con mucha atención
venid todos a escuchar
esta bonita canción
que ahora vamos a cantar.
 Sigue, sigue
el camino emprendido.
Sigue, sigue
prestando favor;
quisiera poner tu nombre
tan alto como está el sol.
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Versos extraidos del poema inaugural de La Luz
Del libro Cuentos del Sobrau - Villabuena en la Memoria 

lunes, 20 de marzo de 2017

Claudio Moyano y Samaniego: Villabuena en la Memoria



Como cierre a este libro de memorias, entre fotos y palabras, vamos a remontarnos al año 1809 año en que vino al mundo el ministro Claudio Moyano y Samaniego de ideología liberal, su nacimiento tuvo lugar por nuestra zona, no se tiene la certeza del sitio exacto, entre Fuentelapeña y La Bóveda de Toro. Él consideró Fuentelapeña como su patria chica, de hecho está enterrado allí.
Actualmente, muchos de sus descendientes viven y conviven entre nosotros en nuestro querido pueblo de Villabuena del Puente. 

Cuentan y dicen y dicen y cuentan, que la madre de Claudio en avanzado estado de gestación acudió a visitar a sus familiares a La Bóveda y cuando regresaba a su hogar de Fuentelapeña, a punto de verse sorprendida por una partida de franceses que merodeaban por la zona, el carruaje frenó el recorrido y allí mismo la parturienta alumbró al pequeño Claudio en plena naturaleza el penúltimo día de octubre de 1809.

En memoria de su persona ilustre, de su hacer que como es sabido ostenta una biografía académica y profesional muy extensa, lugar que ocupa en la historia a la que hoy en día y a través de los avances tecnológicos todos podemos acceder. 
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Del libro  Cuentos del SobrauVillabuena en la Memoria 

jueves, 16 de marzo de 2017

Mirando al cielo: Villabuena en la Memoria



En el tiempo de la recolección, en el tiempo de los nublaus, en el tiempo de la sementera, y en todo el tiempo y en todos los días de su vida los hombres y mujeres del campo miraban al cielo, de él dependían sus cosechas, de él iba a depender su medio de vida. Entendían el cielo a fuerza de mirarlo, entendían las nubes, entendían su color, si  venían cargadas de agua, de nieve o si eran nubes secas, entendían su forma, su posición y su dirección cuando eran vapuleadas por el viento, y, sabían a qué olía el aire cuando las tormentas, cuando el granizo, cuando la lluvia, cuando el bochorno, cuando la nieve, cuando las heladas.

Y eran de verdad, porque siempre acertaban, aquellos refranes que venían de muy antiguo. Como ejemplo estos dos entre los muchos que había:

“Si sale el arco (arco iris) al poniente echa el arau y vente”   
                                       
Quería decir que este día sería un día de lluvia, de caer mucha agua, de no poder estar trabajando la tierra.

“Cuando se enfadan los de Cistierna y le contesta Extremadura, agua segura”

Significaba que llovería mucho cuando coincidían estos cielos oscuros norte y sur, al noroeste Cistierna (León)  y por el sur los cielos extremeños. 
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Del libro Cuentos del Sobrau - Villabuena en la Memoria

martes, 14 de marzo de 2017

Poner en marcha la máquina del tiempo



Imagen del estudio de Fotografía Parra, ahí está cincuenta y cinco años después, cincuenta y cinco que yo recuerde, pero deben ser más porque el fotógrafo Parra ya estaba en nuestras vidas cuando empezamos a tener memoria los de mi generación.
El impacto fue grande cuando en febrero pasado me encontré con los restos del estudio de Fotografía Parra que no había vuelto a ver a pesar de que frecuento esta calle, quizá han estado ocultos bajo otros rótulos, no sé, pero no podía dejar de hacer unas fotos a este encontronazo con el pasado que me trasladó a la infancia dejándome plantada delante del establecimiento no sé por cuánto tiempo.
Allí íbamos a hacer las fotos de los bautizos, de la comunión, las fotos cuando jovencitas para tener una buena foto de estudio, allí iban los novios a hacerse su foto de bodas y su ampliación correspondiente, y el fotógrafo Parra también iba por Villabuena a hacer fotos sobre todo en fiestas.
Pisar las calles de Toro afecta y trastoca las emociones, es como poner en marcha la máquina del tiempo, cada calle, cada rincón de las calles principales que pisaron y pasearon nuestros ancestros nos habla de ellos, de los que ya no están...
Del libro Cuentos del Sobrau - Villabuena en la Memoria

jueves, 16 de febrero de 2017

Descubriendo el Trinquete: Villabuena en la memoria


-A la derecha de la imagen el trinquete con su  tejado de pendolones

 y sus ventanas,  pequeñas, a una altura considerable-
<<... El tío-Yayo, no se llamaba Yayo, así lo llamaba la dueña del trinquete y así era como lo llamábamos los niños porque no sabíamos pronunciar bien su verdadero nombre. El tío Yayo vivía y tenía aquí su trabajo ininterrumpido de lunes a domingo más festivos, de semana a semana, de mes a mes, de año a año. Era el camarero del café-casino del trinquete. El mayordomo de la casa. El chófer del aiga de los dueños del trinquete. Era, el que, con una pequeña ayuda limpiaba todo el recinto del trinquete y se encargaba de que todo, incluida la casa y el corral, sitos en dicho recinto, estuvieran en óptimas condiciones...>>

<<... El edificio del trinquete era el más alto del pueblo después de la Iglesia. Era de forma rectangular con el suelo de cemento fino, con paredes y zócalos pintados de amarillo, con ventanas de altura inalcanzable, de techos altísimos de vigas de madera (pendolones) entre las que revoloteaban algunos pájaros. En el trinquete se celebraban grandes bailes, teatro, títeres y comedias, y se jugaba al frontón de pelota con partidas muy sonadas, entre jugadores de fuera y jugadores del pueblo...>>

<<... Al café del casino del trinquete, acudía la gente del pueblo y gente importante de fuera. Venían de otros pueblos a caballo, en coche de caballos, y en los aigas. Habían oído hablar del Gran-Casino, tenía fama, y jugaban a diario hasta altas horas de la noche. Era por la noche cuando empezaba a funcionar el Gran-Casino. Y, era también a altas horas de la noche cuando el ambiente de las apuestas alcanzaba todo su esplendor...>>

<<... Con el tiempo, en la cocina de la casa del trinquete pusieron un estanco, y entre la señora y el tío-Yayo despachaban usando de mostrador la mesa de la cocina. Y con el tiempo, el Gran-Casino albergó una escuela...>>

<<... Otra vez el tiempo que no para, se había llevado a tío Yayo. Mucho después a la señora de la casa, y así la ley de la vida. Y llegaron las herencias, las particiones, todo el recinto del trinquete se fue fragmentando en las mil y una propiedades, hasta que dejó de ser lo que había sido. El sitio está. Diferente y extraño. El edificio existe. A media altura, pero está...>>
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Fragmentos de Crónicas a la Luz del Candil

miércoles, 8 de febrero de 2017

Hoy he vuelto a casa, a casa de mis padres...


El eco resuena con mis pisadas.

El silencio.  Olor a nada.

El polvo parado, añejo.

La chimenea desierta.

Un frío intenso traspasando  muros y  tejas.

Las begonias muertas.

Habita el orden en la cocina,

en toda la estancia.

Reloj callado, silencioso.

El teléfono seco.

Calendario ajado, tiempo sin vida.

Ya no crece el jersey enhebrado en las agujas,

la lana del ovillo quieta.

Al refugio de la tenada

esperan dormidos los aperos:

las alforjas, el arado, la hoz,

las gradas, la guadaña, la azuela...

El agua turbia y estancada

mantiene el humedal musgoso;

poblado de caracoles, gusanos y babosas.

Y el jardin del árbol frondoso

que decidió morirse con élla.

Han llorado los marcos de las puertas

lágrimas de ámbar, resinas secas.

Atmósfera vana, sin huellas.

Horadaron sus túneles las hormigas,

las arañas colgaron sus telas,

y en las paredes ayer consistentes,

han brotado grietas.

Enquistado el tiempo en la casa paterna,

tesoro de mi vida.

Como está vacía..., cobra vida élla;

reclama atención rompiendo sus aceras,

sobre las paredes abre grietas,

al viento permite que vuelen sus tejas...

La maleza del jardin se pone en alerta,

fortalece el pino, para que sus ramas

cuando las tormentas, la protejan.

No quiere estar rota, no quiere estar sola

entre arañas y hormigas, que la horadan

que la rasgan, que la arañan, que la agrietan...

Bajando las persianas, han tapiado sus ojos

blindado sus ventanas...,

y quiere ver el sol, sentir su calor,

oler la lluvia, humedecerse de niebla,

inundarse del resplandor blanco cuando nieva,

y oler a fuego y crujir al calor

de los rayos encendidos del sol,

y de las brasas de leña,

y contemplar la luna, contar las estrellas,

jugar con el viento moviendo las puertas,

desperezar sus mañanas

con trinos de golondrinas

cuando es primavera.

Vivir, vivir como antaño, sentirse despierta.

La casa, mi casa, la nuestra.

Mi vida, mis tesoros, mi referencia.

¿De dónde aprenderé a vivir?

¿De dónde beberán mis soledades?

¿Dónde quitarme la pena...?

Mis mayores, mis referencias;

tesoros de mi vida y de mi tiempo.

Pueda o no pueda...,

hay una deuda...,

devolver la vida a la casa nuestra,

que no sufra, que no envejezca,

que la llenen sus hijos, sus nietos,

de risas nuevas, de aromas nuevos,

como la misma vida que  se renueva...

Al semillero fértil, las flores nuevas,

al árbol viejo, de savia nueva.

Airearla, solearla, humedecerla, templarla,

alimentarla, rescatarla,

devolverle la vida, compartirla, alegrarla...

Removiendo sin parar, resurgirla,cuidarla.

Puede evitarse su muerte;

pues que no muera...  Ella no.

Mi tesoro, mi vida, mi referencia...

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Elegía a mi casa paterna  -  Crónicas a la Luz del Candil

miércoles, 1 de febrero de 2017

Caída en La Peña: Villabuena en la memoria


- La Piedra las Nueve, años treinta -
Era domingo por la tarde las amigas habían salido de paseo a La Peña como tantos otros, como tantas veces por el mismo camino, por la misma senda, por las mismas pisadas. En la subida a la Piedra las Nueve asentaban los pies en un caleño que aparentaba ser un saliente de roca firme, pero esa tarde de domingo el caleño o su pie cedieron y la niña bajó por el precipicio hasta que la ladera quiso detenerla.

Cuando las amigas pudieron llegar hasta ella vieron su cara y su vestido ensangrentados. Emprendieron el camino al pueblo. Sangraba por la boca y por la nariz y llevaba la mitad de la lengua colgando en un hilo que ella misma sujetaba con la mano.

Don Eloy, el médico del pueblo, le diagnosticó, además, rotura de nariz, le cosió también la lengua con el instrumental del que disponía por aquel entonces, eran los años treinta, y aquella niña era mi madre.

Quiero dejar constancia de ello porque también la recuperación fue muy dura, los que la conocieron lo saben. Y quiero elogiar la atención del médico porque con tan escasos medios hizo una cirugía, impecable, que para sí quisieran los cirujanos plásticos de hoy en día.

(A la memoria de mi madre)


lunes, 30 de enero de 2017

Al humor de la lumbre: Villabuena en la memoria



















<<... Al resguardo del frío, al humor de la lumbre, el hogal era el punto de encuentro, el recibidor de invierno. En el hogal tenían su rincón las conversaciones más trascendentes, contaderos de leyendas, de historias, de casos...

Al humor de la lumbre las mujeres hacían punto.
Al humor de la lumbre se escogían alubias, garbanzos, patatas.
Al humor de la lumbre se pelan almendras, se "estita" a mano el maíz amarillo mazorca a mazorca.
Al humor de la lumbre jugábamos los niños.
Al humor de la lumbre se asaba remolacha azucarera, patatas y chorizo.
Al humor de la lumbre se tostaban rebanadas de pan pinchadas en un tenedor.
Al humor de la lumbre se hacían garbanzos salados y se tostaban almendras.
Al humor de la lumbre se hacían palomitas de maíz de trigomillos blancos que, en pocos minutos al rescoldo, palomita a palomita, empezaban a saltar sobrevolando el hogal.
Al humor de la lumbre se hacían bizcochos en cazuela subidos a la trébede.
Al humor de la lumbre zascandileaba el gato en busca de calor y atraído, además, por el olor del guiso. Después se plantaba cerca del fuego y al momento lo veías ahí pasando las horas, acurrucado y soñoliento acomodado en el hogal, tan cerca de las brasas, que hasta llegaba a prendérsele la cola. Y ni por esas dejaba de volver al hogal a que le tentara el sueño al calorico, a comiscar algo y a quedarse tan, placenteramente, dormido sobre los ladrillos calientes.
-Mira a ver..., que huele a chamusquina.
-¡Sape! ¡Sape...!
-A ver si se chisca y sale ardiendo el animal...,mecagüendioro.
Y, el gato, abre a medias un ojo, lo vuelve a cerrar, y sigue durmiendo como si no fuera con él...>>
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Fragmento de Crónicas a la Luz del Candil


lunes, 23 de enero de 2017

Las Candelas (el origen) Villabuena en la memoria



Hoy el día Las Candelas
el segundo de febrero
sale La Virgen a Misa
con su Divino Cordero

Y esas tórtolas que vuelan
por-cima de tu corona
es un regalo que te hace
la señora Mayordoma

El origen de la fiesta de la Candelaria o de la Luz, en sus primeros tiempos, era conocida con el nombre de "El Encuentro" Más tarde se extendió a Occidente en el siglo VI llegando a celebrarse en Roma con carácter penitencial. Más tarde se uniría a la liturgia de la Presentación de Jesús en el Templo asociada a los cirios, antorchas y candelas encendidas en las manos de los fieles.

Según el calendario o santoral católico se celebra el 2 de febrero en recuerdo al pasaje bíblico de la Presentación de Jesús en el Templo de Jerusalén y la purificación de la Virgen María después del parto para cumplir las prescripciones de la ley del Antiguo Testamento. La fiesta es conocida con diversos nombres; la Presentación del Señor, la Purificación de María, la fiesta de la Luz y la fiesta de las Candelas.

Cristo la Luz del mundo presentada por su Madre en el Templo viene a iluminar a todos como la vela o las candelas, de donde se deriva el nombre de "Candelaria"

La fiesta de las Candelas empezó a celebrarse con un carácter mariano en el año 1479.
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Fragmento de Crónicas a la Luz del Candil

sábado, 14 de enero de 2017

Vueltas alrededor de la Iglesia: Villabuena en la memoria

Bendición de animales

Nos contaban los abuelos que los 17 de enero se iba a dar vueltas a las inmediaciones de la Iglesia a bendecir a los animales. El ganado de labranza iba con sus arreos más bonitos, haciendo sonar cascabeles en los adornos. Las crines bien cepilladas o recogidas en trenzado con cintas de colores. Estrenaban mantas, sus mantas burgalesas, nuevas, para aguantar mejor la crudeza del invierno.

Este día le poníamos un pienso más rico por ser su fiesta. A las gallinas le echábamos conchilla en la avena y las mulas empezaban la bola grande de sal que habíamos comprado en el comercio del pueblo. Se la poníamos en el pesebre y las mulas lamían como si fuera una golosina de caramelo blanco. Como críos, nos gustaba mirarlas cuando estaban en la cuadra dando lengüetazos a la bola de sal. Nuestros ojllos no legaban a la altura del pesebre y teníamos que ponernos de puntillas, para poder mirar un poco más alto nos rescolgábamos de los bordes del pesebre.

El cariño que le teníamos a los animales de labranza era muy grande. Los niños sabíamos que trabajaban mucho, que trabajaban para nosotros para darnos de comer y para poder comprarnos las cosas.
Que iban todos los días al campo y a la huerta con los padres a ganar el pan.
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Fragmento de Crónicas a la Luz del Candil

jueves, 5 de enero de 2017

... Todos los zapatos relucientes


<<... Nos pasábamos buenos ratos mirando chimeneas, por dentro y por fuera, calculando la anchura, a ver si podían caber por allí los tres Magos, o uno solo, o qué. Y ¿cómo van a entrar a la casa de ese niño que le han puesto la cocina económica y la chimenea es un tubo estrecho que además va cerrado? Qué mal..., hasta que dijo su madre que esa noche tendrían que dejar la puerta entreabierta.

Teníamos más que aprendido, que la noche del cinco de enero, había que poner los zapatos en el hogal, los zapatos más nuevos, sin rastro de barro, bien limpios, todos los zapatos relucientes.

Sabíamos también que había que irse a dormir un poco más temprano, y que no valía mantenerse despierto, porque si no, los Reyes no pasaban por tu casa, y aunque pasaran, como oyeran un ruido de esos como si estuvieras despierto o acechando, se iban inmediatamente y se llevaban los regalos, y solo te dejarían carbón o nada, igual que si te hubieras portado muy mal.

Aún así, en la mañana de Reyes siempre había quien aseguraba que había oído como "relinchar" a un camello, o unas pisadas, o que alguien dejaba un vaso o un plato sobre la mesa. Y, bueno, tampoco había que olvidarse de dejar agua y un poco de paja con unos granos de cebada para los camellos, y un poco de leche con bollos, galletas o turrón para los Reyes, porque tenían que ir reponiendo fuerzas durante la noche, para aguantar el frío y poder con todo el trabajo que debían tener.

Las sensaciones que a cada cual nos llenaban de regocijo, no hace falta que las mencione, además no me atrevo, cada uno guardamos en nuestra memoria infantil aquellas mañanas de júbilo, aquellos días de Reyes irrepetibles en el tiempo...>>
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Fragmento de Crónicas a la Luz del Candil

... Una tarde de estas

- foto actual de Eduardo Calzada -
<<... Una tarde de estas salíamos de la escuela con el cabás en una mano y la estufa infantil, donde ya agonizaba el calor, en la otra. Las manos dentro de las manoplas de lana. Los pies fríos, a pesar de llevar calcetines gordos de lana y zapatillas de paño. El cuerpo a punto de entrar en tiritona, a pesar de las camisetas de interior, del viso, del refajo de punto inglés o de fino paño, del cancán, de faldas o vestidos de tejidos de invierno, de jerséis y rebecas de lana gorda, de la chalina, de la trenca o del abrigo con capucha.

Una tarde de estas, en el camino de la escuela a casa, al dar la vuelta a una esquina, te encontrabas con que, toda la calle, olía a fritura de adobo. En alguna de las casas las madres estaban haciendo la conserva ayudadas por las mujeres de la familia.

¡Había empezado el tiempo de la conserva!

Una tarde de estas, llegábamos a casa y habían descolgado el adobo, lo habían troceado en raciones individuales y en el orden que las madres y las abuelas sabían. Primero unas piezas, luego otras, pasándolas por la sartén: desprendiendo uno de los aromas más exquisitos que se puedan tener grabados en la memoria.

Una tarde de estas, llegábamos de la escuela tiritando de frío. Entrar en casa y encontrártela más caliente que de costumbre con ese olor a chorizo frito... Una tarde de estas era como estar de mondongo otra vez. Un mondongo que solo duraba un rato, un mondongo de media tarde. Esa era la impresión que te daba al entrar en casa, la cocina llena de cacharros grandes de teja, de baños y ollas, donde se iba colocando  todo.

La tarde de la conserva era una tarde gloriosa, una tarde como de fiesta, y alegre, como las tardes de las vísperas de la Nochebuena...>>

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Fragmento de Crónicas a la Luz del Candil

De la escuela a las rogativas

-Buenos días, saluda la señora maestra. -Buenos días tenga usted. Cómo se nota que ya va apuntando mayo. Ahora iré  pallá,  a p...