sábado, 22 de abril de 2017

Las campanas tocan a vísperas




<<... Empieza a apuntar la primavera, el pueblo se despereza del duro letargo que supone el invierno de Castilla. Se sacude el frío acumulado y se pone en marcha.

Se encalan las fachadas, se repintan los zócalos, se embarran las casas, o se pintan las paredes de "colamina" blanca o de colores, se pintan puertas y ventanas, se da una mano de barniz a los muebles, se enceran los suelos de madera, se adecentan los suelos de barro prensado dándole color con una mezcla de barro y boñigas, se pintan las zonas pavimentadas con baldosa roja con polvos coloraus y barniz, se limpian a fondo los pisos empedrados con dibujos y cenefas hechas de cantos de río y de chinas. El pueblo huele a cal, a tierra húmeda, a pinturas plásticas, a aguarrás, a barnices, a esmaltes, a purpurinas. 

Los almendros han florecido. Los sembrados no paran de crecer y las flores silvestres colorean los campos. Las golondrinas han vuelto a sus tejados. Es el run-run de la primavera. 

Muy de mañana vamos camino del horno, Tenemos la vez para ir a hacer las rosquillas y los molletes. Se ultiman los preparativos. Se sacan las mantelerías buenas, la vajilla de teja, la cristalería, los cubiertos y los preciosos fruteros de rejilla, con flores esmaltadas, para disponer el surtidos de  los dulces del postre.

A la puerta de la Iglesia, se arremolinan los más jóvenes para ver llegar los camiones cargados con tómbolas y puestos de golosinas. El público infantil llena de jaleo, de bulla, de risas y de cánticos la puerta de la Iglesia cuando ven aparecer los caballitos, las cadenas, las barcas, el tiovivo...

Es el segundo lunes después de Semana Santa, es El Lunes de Aguas. Con el estallido de los cuetes el repique de campanas y la música empieza la fiesta con la celebración de La Misa Mayor, y la procesión de La Virgen del Rosario y el Niño.

Es Martes de Aguas, por la mañana se estrenan los vestidos y los trajes para acudir al baile, un baile de caché. Esta sesión matutina era la más importante y significativa de todos los bailes que se daban en las fiestas. Este baile tan representativo; en los años mozos de nuestros padres, se hacía en la pradera del puente de piedra y años después en el salón de baile Norte del Camino Toro.

Recuerdo que al caer la noche colgaban un cableado de bombillas para iluminar los puestos de golosinas del Camino Toro. Y recuerdo el escaparate iluminado de la confitería. Y recuerdo la importante presencia de "el retratista" ...>>
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Del libro Crónicas a la Luz del Candil. Autora, la misma.

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